Llegó enero y continúan las narraciones mendocinas que brotan como las esperanzas del nuevo año que se estrena. Esta entrega es un brindis que propone el encuentro de lectores y escritores para celebrar la profusión de talento, de creatividad, de artistas e historias que ameritan contarse y leerse.
Por muchos cuentos mendocinos más en este año que inicia y por muchos espacios de difusión que lleven a nuestra literatura a la cumbre que merece.
En este breve relato, Eugenia Simionato construye una narración que juega con los planos de lo real, lo onírico y lo poético, constituyendo este último como el espacio donde todo adquiere un sentido.
Sobre la autora

Eugenia Simionato es poeta, compositora y psicóloga. Publicó “La noche crece como un río solitario” (Alción, 2018). Ha participado en festivales nacionales e internacionales de poesía. Ha compuesto dos discos, “El golpe del viento”, producido por Leandro Lacerna y coproducido por Paula Neder y Mariana Päraway y “La forma de lo oscuro”, producido por Juan Belvis y Luciano Vitale. En diciembre del 2024 se presentó su libro de poemas “Los animales de la ruta” (Grito Manso).
El cuento “Jacarandá” es inédito.
Jacarandá
En un sueño frío y distante, Ariel abrió los ojos. La noche era diminuta y se escondían las nubes como los platos recién lavados de su cocina. Tambaleaba en la habitación.
No había nadie en la casa. Apenas se escuchaba el sonido fuerte de la heladera moviendo los vidrios de la ventana de su cuarto. Ariel se acomodó, se vistió. Y salió a caminar por su barrio. Las flores estaban secas. La luna apenas asomada entre los
edificios desprendía un resplandor uniforme y sutil. No recordaba casi nada. Pensó si había sido real o si había sido su imaginación la distancia. Dos gatos se miraban tensos en la esquina. A su alrededor, todo parecía descomponerse.
Al llegar a su casa, los platos estaban sucios. Ariel había dejado la cocina limpia antes de salir. Ignoró el contexto doméstico y se sentó frente a su computadora. Comenzó a escribir un poema.
En el poema, las flores aparecen disueltas por la mirada de dos gatos. Los platos se ven limpios en el resplandor de la luna, en una luz que apenas atraviesa la ventana. María le besa la frente antes de ir a dormir y acomoda unas flores secas en la cocina.
Al despertar, dan un paseo juntos por el barrio, mientras un jacarandá se ve a lo lejos, marcando el camino.
