Como ocurre casi semanalmente en la sección de Cultura de El Sol, tenemos una nueva sugerencia de lectura de un relato de autor mendocino. Hacer llegar estos textos, en su mayoría inéditos, a nuestros lectores, es el objetivo que nos proponemos para contribuir a crear un espacio de divulgación de nuestro patrimonio literario.

Mendoza crece día a día como un centro de cultura activa. Muchas propuestas performáticas, presentaciones de libros, recitales de poesía, talleres de escritura y lectura, ferias de ediciones autogestivas y encuentros literarios comienzan a surgir y propagarse en la provincia. Todo es gracias al gran esfuerzo de los hacedores mendocinos. Hay que apoyarlos, conocerlos y recomendarlos.

Desde este espacio dedicado a la literatura mendocina contemporánea, confiamos en que los lectores experimenten con cada sugerencia un creciente entusiasmo por seguir descubriendo los tesoros que hay en las páginas de los escritores mendocinos.

En estos cuentos, Pablo Doti, con humor mordaz, revisita géneros y clásicos para dar una vuelta de tuerca irónica, pero, sobre todo, ideológica, que es también una nueva propuesta de escritura y de lectura de los textos originarios.

Sobre el autor

Hola. Me llamo Pablo Doti. He nacido y crecido en Mendoza. Me gano la vida
dando clases. Oficio duro en este desierto, tal vez consecuencia de los mentados
gestos altaneros, construidos a la vera de discursos repetidos por radares
interesados. Porque si no es la sobrecarga, es el ítem aula. Escribo cuando puedo,
como puedo. Sentado en el auto, entre escuela y escuela, en las noches bien
tarde, después de corregir tareas o por las mañanas, antes de partir a clase.
Escribo versus los embates, el tiempo y yo mismo. Tengo 45 años. Dos hijos y una
esposa hermosa que me acompaña, me sostiene y me conmueve. Soy feliz. Por
eso también escribo.

Con la mentada hermosa y el poeta Facundo López fundamos En boca cerrada,
una editorial ad hoc para editar dos libros: El perro verde de López y Hollywood
For Ever
, mío. El primero ganó el Vendimia ese año. Actualmente
hemos fundado “Pájaros” con el ilustrador, músico y animador Domingo
Beltramone. Con él realizamos el corto “La noche del guerrero” (tercer premio en
la convocatoria La saga de los confines). También realizamos el cómic “Nuestro
salvador”
. He ganado algún que otro premio. Una vez salí segundo. Otra, primero. Y otra, tercero. En ese orden.

Tengo algunos antecedentes para chapear de intelectual, también. El más insigne, pienso yo: ser jefe de trabajos prácticos en la cátedra de Teoría y Crítica Literaria de la gloriosa Facultad de Filosofía y Letras.

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El beso que lo cambió todo


En primavera.
En un bodegón de la calle Mitre.
Un hombre triste bebe chicha morada mientras mastica un chinchulín. Entra
una rubia jetona. Escruta el entorno y fija la mirada en el hombre triste. Camina
hasta él, se inclina y le da un beso de llegada. Se sienta. Pide café con leche y lo
mira con una mueca desalmada. El hombre triste baja la mirada. Permanecen así
el rato que consumen. Cuando han terminado el mozo se acerca y pregunta si
puede retirar. El hombre triste reacciona violento porque se levanta, lo toma del
saco y, mientras le pregunta si no se da cuenta que molesta; lo abofetea. Luego se
sienta. El mozo se alisa el saco y traga la humillación. La pareja se abraza y se da
un beso profundo, como los de antes.
El mozo reclama al encargado que haga algo. Conviene con él, el encargado.
No obstante no se anima a ir solo. El mozo, por supuesto, no piensa acercarse de
nuevo a la pareja. Pero el encargado ya gesticula decepción mientras le reclama
camaradería. El mozo le pregunta si lo está burlando o qué, que siempre lo hace
quedar hasta cualquier hora y no le paga el excedente. Luego, no corresponde que
le pida un favor. El encargado conviene que tiene razón el mozo, pero que bueno,
no es su culpa, lo que pasa es que tiene que responder ante el dueño. Además,
argumenta el encargado, él también es un empleado.
Suena un garage punk saturado a causa de Pistola & Los Mugrientos, la
banda que está tocando.
La pareja sigue en la mesa. Se están cariñando despacio. Nada les importa,
sólo amarse. Mientras, el encargado y el mozo confabulan y se dirigen hacia los
tortolos que ya están peleando. Por eso el hombre triste no se ataja del arrebato
que le asienta el encargado con un gancho en la quijada y el mozo con una
rencorosa patada en la cabeza. Acto seguido secuestran a la rubia jetona y la
llevan a través de la gente que baila el pogo salvaje de Pistola & Los Mugrientos.
El hombre triste no logra reunir las fuerzas necesarias para asumir su rol de
héroe en este sainete mendocino. Apenas dirige una mirada impotente. Pero la
rubia jetona le arroja un beso de amor. El hombre triste lo recibe, se yergue y
arremete a patadas y piñas versus los crápulas del lugar. Cuando llega al escenario,
nota que Pistola & Los Mugrientos han terminado su show. Ahora está tocando
Roberto “Negro” Fiat. El blusero advierte la cara ensangrentada del hombre triste
ahí abajo. Entonces, en el solo de bajo, deja el micrófono y se acerca a él. Le
pregunta qué le pasa, si acaso no está disfrutando el toque. El hombre triste le
explica su situación. Roberto “Negro” Fiat lo escucha y con mucha gentileza le dice
que Pistola & Los Mugrientos están en el camarín, tomando chicha morada con el
encargado, el mozo y la rubia jetona.
Una vez en el camarín, el hombre triste pregunta qué carajos pasa. La chica
contesta que nada, que no sea perseguido. El hombre triste aprovecha y le
pregunta de la relación y del futuro. La rubia jetona le contesta que él debe
cambiar sus mandatos patriarcales, si la quiere frecuentar. El hombre triste asiente
porque comprende. Entonces ella lo abraza y se besan.
Con todo, el mozo todavía enojado le quiere pegar otra vez al hombre triste.
Pero Pistola & Los Mugrientos intervienen y le dicen que no sea gil, que no arruine
el momento. El mozo les explica que está caliente porque el hombre triste lo
humilló. Con ánimos conciliadores, Pistola & Los Mugrientos hablan con el
hombre triste y le dicen que él no tiene derecho a tratar mal al prójimo. El hombre
triste otra vez entiende. Por eso se acerca al mozo y le pide disculpas. Luego se
perdonan. Y toda la gente se abraza. Después beben más chicha morada y piden
un postre.
Y ya es de noche.
En un bodegón de la calle Mitre.
En Primavera.

El increíble niño tragalibros


Hubo una vez un nene muy glotón. Tanto es así que devoraba todo lo que
encontraba. Con el tiempo, su movilidad se vio limitada. O mejor dicho, impedida,
porque no podía salir ni por el portón de su casa. Pero no le importó porque tenía
provisiones. Pero un día se le acabaron. ¡Ni migas en el piso quedaban! Fue
entonces que descubrió la biblioteca. Se acercó despacio, muy despacio y miró los
libros hasta que eligió uno. Lo sopesó y sin dudar: ¡Ñam! Se lo tragó. Así empezó a
tragar libros. Lo curioso fue que a medida que los tragaba, se educaba.
Un día se tragó un libro de nutrición. Aprendió que comer sin control era
dañino para la salud. Entonces se puso las pilas. Eso sí, después también lo
conocieron como el increíble niño fit.

Tucho encadenado


Las calles de ripio suenan bajo los lentos pasos de Tucho. Han pasado diez
años desde que las caminó. La última vez fue cuando se batió con el Vito por la
Beba. Los aceros milonguearon hasta que Vito lo tendió de una puñalada.
Esta noche Tucho vuelve de la muerte. Quiere venganza. El dios patriarcal le
concedió el prodigio.
A patadas baja la puerta de la pareja. Vito no reacciona al ataque de Tucho.
Pero la Beba sí. Lo reduce, lo somete y aprovecha el prodigio para emprender:
monta una feria cuyo número central es el Tucho encadenado.

Ironía de un combatiente
(John William Cooke)


Nació en 1919. De filiación peronista de izquierda, cuando el golpe del ´55 lo
encerraron en la isla Martín García. Los carceleros se indignaron ante su nombre
yankee y su ideología. Descargaron la rabia con sus picanas. Logró fugarse y se
exilió en Cuba. Combatió en la batalla de Girón contra el ejército
contrarrevolucionario. Volvió a Argentina y comandó la resistencia peronista.
Con todo, después de tantas batallas, murió a los 48, víctima del cáncer de
pulmón.
Combatió al imperialismo, pero cayó víctima de una tabacalera multinacional.