Uno de los objetivos de la ciencia en las últimas décadas ha sido la búsqueda de medios fiables con los que poder predecir los huracanes, así como los movimientos sísmicos, para tener la posibilidad de prevenir a las poblaciones y mitigar los daños.
Un estudio publicado recientemente en la revista Sciencie afirma que, debido a la mayor temperatura de los mares, los huracanes que barrerán la cuenca atlántica durante este siglo serán menores en número pero más destructivos.
HAITÍ, VÍCTIMA DE LA NATURALEZA. Según los científicos, estos huracanes de mayor virulencia se concentrarán en la región occidental del Atlántico, es decir, donde se encuentran Haití y República Dominicana, además de las Bahamas y la costa sudoriental de Estados Unidos. Esto es especialmente preocupante para Haití, casi destruido por los efectos de un terremoto en enero.
Durante los dos últimos años, Haití ya se vio afectado especialmen- INFORME ESPECIAL 14 viernes 19 de febrero del 2010 el sol te por el impacto devastador de varios huracanes y tormentas, y se teme que la temporada de huracanes de este año complique aún más las tareas de recuperación del país.
La investigación, realizada por científicos del Laboratorio de Dinámica Geofísica del NOAA de EEUU, se basa en pronósticos de otros estudios que comenzaron a realizarse hace años.
En el 2008, un grupo liderado por Thomas Knutson, del Nacional Geographysycal Fluid Dinamics Laboratory (GFDL) en Princenton, New Jersey, concluyó tras sus estudios, que, debido al calentamiento global, el promedio de huracanes y tormentas tropicales se iba a reducir en gran medida en el oeste del Océano Atlántico Norte.
Las investigaciones siguieron sobre un campo más amplio para la verificación de sus tesis. La sorpresa para los científicos fue que la mayor temperatura de los océanos efectivamente aminoraba el número de huracanes y ciclones, sin embargo, estos aumentaban en intensidad. Las tormentas más fuertes están consideradas de la categoría 4 (210 a 249km/h) y categoría 5 (más de 250km/h), que se incrementaban en 80 por ciento.
EN BUSCA DE LA PRECISIÓN. En el 2009, los científicos del NOAA pronosticaron la formación de entre 7 y 11 tormentas tropicales, de las cuales, de tres a seis podían derivar en huracanes, uno o dos de ellos de gran intensidad (categoría 3, 4 o 5) en la escala Saffir-Simpson.
Las conclusiones del NOAA indicaron que la temporada de huracanes del 2009, que concluyó el 30 de noviembre, sería ligeramente más suave, debido a los efectos del fenómeno meteorológico de El Niño. El pronostico se cumplió y en el 2009 los huracanes fueron relativamente menos destructivos y frecuentes que en los años anteriores.
Según el nuevo modelo de los científicos del Laboratorio de D i n á m i c a Geofísica del NOAA, aunque habrá una declinación en el número de huracanes, estos causarán mayores daños.
James Kossin, del Centro de Datos del Clima Nacional en la Universidad de Wisconsin (EEUU), sostiene que todos esos modelos parecen coincidir en lo que se refiere al número y la intensidad. Sin embargo, los científicos explican que no hay indicaciones que fundamenten las afirmaciones de que el calentamiento global influya en la actividad de las tormentas.
Ángel Rivera, portavoz del Instituto Nacional de Meteorología de España, explicó el porqué de la dificultad de fundamentar estas tesis sobre la relación entre calentamiento global y los huracanes. “La formación de huracanes depende de varios motivos, uno de ellos es la temperatura del mar, que es de donde obtienen su combustible, pero también es verdad que, para que se forme un huracán, las nubes tormentosas tienen que crecer bastante hasta dar estructura a ese tornado, y eso depende mucho de que no haya vientos en la altura que corten las cabezas de esas nubes tormentosas”, indicó.
“Aunque, efectivamente, la mayor temperatura del mar puede potenciar la formación de huracanes más devastadores, hay otros estudios que también están considerando la posibilidad de que los vientos en altura se debiliten o se hagan más fuertes, por lo cual no son estudios concluyentes, son investigaciones interesantes, pero esto no se puede determinar de una manera clara y eficiente”, sostuvo Rivera.
Según han pronosticado los meteorólogos de EEUU, la temporada de huracanes de este año en la cuenca atlántica será más activa y se espera la formación de entre 11 y 16 tormentas y de 6 a 8 huracanes, de los cuales entre 3 y 5 serán de categoría mayor.
Sudamérica, el Caribe y la zona sur de Estados Unidos han sido siempre las más castigadas por los huracanes, debido a las regiones cálidas donde se originan y la dirección de los vientos. “Sobre todo, las tropicales y las que afectan al Atlántico son dos zonas típicas de formación. Una tiene su inicio en el archipiélago de Cabo Verde, creando tormentas que llegan al mar. Si las condiciones del agua del mar y los vientos en altura los favorecen, acaban formando una estructura, primero de depresión tropical, luego de tormenta tropical y, si se sigue intensificando, el huracán llega hasta el Caribe para luego seguir distintas trayectorias”, explicó Rivera.
Sin embargo, en zonas del Pacífico, el paso de los huracanes mantiene características distintas, pero de la misma forma devastadoras. Según Rivera, “son los huracanes que, aunque tengan una categoría pequeña, de 1 o 2 de fuerza, la intensidad de sus lluvias provocan corrimientos de terrenos y grandes catástrofes, sobre todo en países con infraestructuras muy pobres”.
“Durante los últimos 15 o 20 años se ha avanzado mucho en la predicción de los huracanes. Gracias, por una parte, a los satélites meteorológicos, que dan información de primera mano de zonas que antes se cubrían con muchas dificultades. También están los modelos numéricos de predicción, que han avanzado mucho”, dijo el meteorólogo.
“Además de la creación de centros de vigilancia, como el Centro Internacional de Huracanes Miami, que tiene un gran grupo de expertos. Cada vez se conoce mejor, pero el huracán es un fenómeno que tiene todavía grandes retos de supervisión y, a veces, aunque se conoce la trayectoria y su intensidad, se producen cambios bruscos que no se sabe cómo diagnosticar”, concluyó Ángel Rivera.
