El imaginario popular describe a los radicales –cosa que hace maravillosamente Enrique Pinti en uno de sus monólogos– como tipos tranquilos, a quienes les encanta pelearse pero siempre manteniendo ciertas formas que, en algunas situaciones, parecen ridículas. Pues bien, ¿qué fue de esos recatados radicales? La munición que se tiraron los radicales K y son radicales I (por Iglesias) fue tremenda.
Más los segundos que los primeros, insultaron, trataron de traidores y de coimeros a los otros, y hasta se habló de defectos físicos. El derechista López Murphy dijo que los K se habían pintado los labios, sugiriendo cierta actitud prostituta de Cobos y de quienes lo acompañan. ¿Qué fue de la compostura de Fernando de la Rúa, quien hasta no hace poco fue el líder de los radicales? Será esa “tranquilidad” que le impuso a su gestión la que genera la actual necesidad de agredirse.
