Los hombres –que conocen mucho– comentaban cómo habían cambiado las cosas a la hora del menú, y recordaban un asado que hace años atrás había organizado la familia para los empleados de radio Nihuil en las oficinas del Dalvian y que no sólo la carne había sido escasa, sino que, a la hora del postre, sólo habían aparecido arriba de la mesa unas cuantas mandarinas. Pero, además, comentaban la notable confusión entre lo público y lo privado que existe, permanentemente, en los políticos de Mendoza, y ponían como ejemplo al justicialista Enrique Ahumada.

      El hombre fue en la Legislatura uno de los más férreos defensores de la defenestrada ley de suelo, y su actitud levantaba demasiadas sospechas en la Casa de las Leyes. Pues bien, el hombre apareció el domingo muy sonriente en las fotos del cumpleaños del dueño de una de las empresas que, según todos los que conocen el tema, era de las más beneficiadas con la polémica ley. “La verdad es que se ha perdido todo el recato”, remató el mayor de los interlucutores en el café de la Quinta Sección.