Hace unos sábados, en uno de los más exclusivos restoranes de carnes de Mendoza, se vio a dos magistrados dialogando muy animosamente.

Ambos departían con soltura; seguro, intercambiando experiencias sobre esto de pertenecer al Poder Judicial, ya que ninguno de los dos lleva mucho tiempo en esta lides. Ella, menos que él.

Quienes los vieron entendieron que seguramente era una charla de trabajo, más allá de que por sus puestos no tienen muchos puntos en común. Y, sobre todo, porque llegaron por separado.

Incluso, hasta los elogiaron: “La verdad es que venir a hablar de trabajo un sábado por la noche a un restorán tan caro, es para destacar”. Fin.