Insólito fue lo que vivimos ayer en los Tribunales provinciales. Estábamos por ingresar a un debate en al Séptima Cámara del Crimen, cuando un agente penitenciario, con muy malos modales, nos impidió el paso.Adujo que la sala estaba llena. Insistimos y, malhumorado, nos dejó pasar, pero con una condición: teníamos que apagar el celular. Lo hicimos, todo bien, pero nos sorprendió cuando lo vimos a este señor en la sala de debate, ¡jugando a los jueguitos de su teléfono!