Quien camina por las noches del centro, suele ver al menos dos tipos de situaciones. Una, personas buscando comida en los basureros. Y, la otra, los llamados “homeless” que encuentran un hueco en algún edificio estatal o banco privado donde pasar la noche.
Los hay más improvisados y otros que dan cuenta de que hace tiempo están a la deriva y sin techo. Entre estos últimos, llamó la atención un hombre que suele acomodarse en el ingreso del Instituto Nacional de Vitivinicultura.
Aprovecha las columnas para tender su ropa y airearla. Durante el día, toma sus pertenencias y se va a otro lado. No molesta a nadie ni parece generar suciedad, pero refleja el drama de muchos que pernoctan al aire libre en la Capital.

