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Las fiestas privadas son una tendencia entre los adolescentes mendocinos que eligen este tipo de eventos con escasos controles para dar rienda suelta a sus deseos. El problema se acrecienta ya que los dueños de salones o encargados no atienden las situaciones que podrían poner en riesgo la integridad de los asistentes con tal de no “quedar pegados”.

Este fin de semana, en la fiesta organizada por un colegio secundario se vivieron momentos de angustia y tensión. Una chica de 16 años acudió junto a su grupo de amigas alcoholizada y cerca de la 1 de la mañana, producto de la borrachera, perdió el conocimiento dentro del salón. En ese momento, los responsables del evento le pidieron al grupo que saliera y llamara a los padres de la adolescente pero no dieron aviso a los servicios de emergencia. Casi una hora después llegó el papá de una de las jóvenes y partieron rumbo al hospital para que fuera atendida.

Todos los fines de semana se realizan fiestas en distintos puntos de la provincia. Los lugares elegidos generalmente son salones alejados de difícil acceso que posibilitan también la falta de controles. Incluso en algunos casos, la ubicación es revelada una vez que se abona la entrada al evento.

Los adolescentes, en su mayoría menores de edad, consumen alcohol en las denominadas “previas” y acuden a las fiestas en un estado deplorable que los pone en riesgo. A eso se suma que los responsables del alquiler de las casas o salones con tal de evitar la “presencia de la policía” evitan llamar a los servicios de emergencia y dejan librado al azar la integridad física de los asistentes.