Los torneos del ISA (Instituto San Antonio), las Olimpíadas en la Escuela de Agricultura, en General Alvear, y los juegos Evita lo vieron crecer, pegar el estirón. Se destacaba por sus condiciones, pero no muchos y quizás él tampoco imaginaba que poco tiempo después iba a volver a su departamento con una medalla de oro colgada en el pecho.
El tiempo pasa volando y mucho más cuando los objetivos propuestos se van cumpliendo. Agustín Loser quería ser jugador de vóley y lo logró. Poder ser profesional en lo suyo fue otro objetivo. Lo consiguió. Jugar en la selección era el próximo paso. Lo dio. Y ser campeón del mundo parecía más un sueño que un objetivo. Pero también lo logró.

El alvearense de tan sólo 19 años, de 1,93 mts de altura y con un futuro enorme, fue una de las figuras del seleccionado argentino de vóley sub 23 que se consagró campeón del mundo en Egipto, la semana pasada.
Ni aunque se lo hubiesen anticipado lo hubiera creído. “La verdad que ser campeón del mundo con la Argentina es algo increíble, es difícil explicar, es algo soñado. He tenido la suerte en años anteriores ser campeón sudamericano o de distintos torneos con el club, pero no se compara con ser campeón del mundo con la selección”, comenzó contando Agustín en su charla con El Sol.
El título de los chicos del sub 23 no fue uno más para el deporte nacional. Es que nunca el vóley argentino pudo colgarse la dorada en un mundial, en ninguna categoría, ni en hombres ni en mujeres. Esta fue la primera ocasión y, además, lo hizo con muchísima autoridad.

Argentina inició su camino en el Grupo B derrotando a Irán 4 a 2, luego 4 a 0 a Argelia, 4 a 2 Turquía y 4 a 0 a China. En esa primera ronda iba a tener un traspié con Rusia (3-4), pero la revancha llegaría rápido. En semifinales, el triunfo fue claro, ante Cuba 4 a 1. Y en la final, otra vez se cruzaron los rusos. Esta vez, el triunfo fue para el seleccionado argentino que gritó campeón.
“Lo principal es que se formó un gran grupo, todos nos apoyamos, todos íbamos para el mismo lado, los que estaban adentro y los que estaban afuera. Además, al cambiar el sistema (se jugaba al mejor de 7 sets de 15), tenías que estar siempre al palo y creo que en los detalles marcaron la diferencia para ganar sets claves y ser campeones del mundo”, reconoció Loser sobre los puntos altos del equipo.
“Ya han pasado tres días y todavía no sé si caigo. Es un sueño cumplido. En cualquier deporte, cuando empezás, tu objetivo es jugar en la selección y una vez que lo conseguís vas teniendo sueños más grandes y el mío era ser campeón mundial”, manifestó el chico que este año disputó además el Mundial Sub 21 en República Checa (Argentina terminó séptimo).

Y agregó: “Hace dos años llegamos a la final y no se pudo. Ahora, haber llegado nuevamente y haberla ganado es increíble”.
Más allá de lo reciente de la consagración en Egipto, sabe que el ritmo vertiginoso que propone el deporte profesional le impide estirar los festejos y ya se concentra en lo que viene, en los próximos sueños por cumplir. “El próximo objetivo es hacer una buena liga con mi club. Ahora tengo unos días de descanso y después tengo que volver a los entrenamientos. Quiero hacer una buena pretemporada, una buena liga y tratar de llegar lo más arriba posible. El último torneo salimos terceros y la idea ahora es tratar de llegar a la final”, manifestó el jugador de Ciudad de Buenos Aires, equipo con el que disputa la Liga Nacional de Vóley.
Respecto a la selección argentina, el alvearense explicó que “este año el proceso de selección se termina y quiero hacer una buena liga para que el año que viene me llamen de la mayor. Ese es el objetivo mío con la selección, aunque también está entre medio el Sudamericano Sub 23”.

Más allá de mirar para adelante, de proponerse nuevos objetivos, Loser no se olvida de las bases de este presente exitoso.
“Me acuerdo jugando los torneos del ISA (Instituto San Antonio), las Olimpíadas de la Escuela de Agricultura, los torneos EVITA y ahora estar acá con la de oro colgada en el cuello es algo increíble. Pasó todo muy rápido, no lo puedo creer. Tuve la suerte de que fuera así y estoy muy feliz, pero siempre pienso y me acuerdo de cuando arranque y de todos los profesores, amigos con los que jugué porque son los que me bancaron cuando empecé y eso es lo principal”, expresó.
Y recordó además el momento en el que decidió comenzar a jugar al vóley: “Cuando estaba en la Escuela de Agricultura jugaba al básquet y al vóley y en un momento tuve que decidirme por tema horarios y me decidí por el vóley de casualidad y la verdad que no me arrepiento ni un poco. Así arranque, en octavo o noveno grado”.

También, no se olvida del paso más importante de su carrera y de su vida. La decisión de irse a jugar a Buenos Aires, muy chico y a punto de comenzar el último año en el colegio secundario, fue más que difícil: “Tomar la decisión de venirme a Buenos Aires me costó. Estaba por empezar mi último año en el colegio, que para mí era lo más lindo. Pero era el año del mundial y para mí una nueva experiencia y me vine. Por suerte a alguno de los chicos los conocía de la selección y me adapté muy rápido y me sentí muy cómodo”.
Agustín va a cumplir 20 años el próximo 12 de octubre. Si bien ya es una realidad, su corta edad permiten hablar aún de una gran promesa, quizás una de las más importantes del deporte mendocino. Deberá soñarlo y hacer que se cumpla, tal y como lo ha hecho hasta ahora.


