La jubilación suele ser una preocupación que aparece cuando faltan pocos años para dejar de trabajar. Sin embargo, las cuentas previsionales muestran que la diferencia entre el último sueldo y el ingreso que se percibirá durante el retiro puede ser considerable, incluso para quienes realizaron todos sus aportes.

En Argentina, el sistema jubilatorio tiene una característica central: funciona bajo un régimen de reparto. Esto significa que los aportes de los trabajadores en actividad no se acumulan en una cuenta individual, sino que financian el pago de las jubilaciones actuales. Cuando esos recursos no alcanzan, el Estado debe cubrir la diferencia.

Uno de los problemas estructurales es la cantidad de trabajadores que realizan aportes. Los análisis previsionales han señalado que se necesitan alrededor de tres aportantes por cada jubilado para sostener el sistema sin asistencia adicional. Sin embargo, las estadísticas de ANSES ya habían registrado una relación de apenas 1,8 aportantes por beneficiario en marzo de 2023.

A ese desequilibrio se suma la informalidad laboral. Según un informe elaborado por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA y el Conicet, sobre la base de datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, el 45% de los trabajadores estaba en la informalidad durante el segundo trimestre de 2026. La incidencia llegaba al 37,9% entre los asalariados y al 65,8% entre los cuentapropistas.

El problema no es solamente que esos trabajadores no contribuyan regularmente al financiamiento del sistema. También comprometen su propia situación previsional, porque los períodos sin aportes no cuentan para completar los 30 años exigidos para acceder a una jubilación ordinaria.

Qué pasa con quienes no completan los aportes

Las moratorias previsionales permitieron que millones de personas accedieran a una jubilación sin reunir los 30 años de aportes requeridos. Sin embargo, la última posibilidad de regularización venció en marzo de 2025 y no fue renovada.

Para quienes llegan a la edad jubilatoria sin los aportes necesarios, una de las alternativas es la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM). Está destinada a personas de 65 años o más que cumplen con los requisitos establecidos y equivale al 80% de la jubilación mínima.

En noviembre de 2026, la PUAM asciende a $355.326,77, mientras que el haber mínimo quedó establecido en $444.158,46. En ambos casos, los beneficiarios que reúnen las condiciones correspondientes pueden recibir un bono extraordinario de hasta $70.000.

Cuánto cobra un trabajador con 30 años de aportes

Para acceder a la jubilación ordinaria del régimen general se requieren 30 años de aportes y una edad de 65 años para los varones y 60 para las mujeres.

El cálculo del haber contempla distintos componentes. Uno es la Prestación Básica Universal (PBU), un monto fijo que se reconoce a quienes reúnen las condiciones previsionales. En noviembre, asciende a $203.182,22.

A esa suma se agrega el componente vinculado a los salarios y los años aportados. Como referencia, el cálculo contempla un 1,5% del promedio actualizado de las remuneraciones por cada año de servicios computables, dentro de las condiciones previstas por la legislación.

Esto significa que, para una trayectoria de 30 años de aportes, ese componente representa el 45% del promedio salarial utilizado para calcular el haber.

Un ejemplo permite dimensionar la diferencia. Si una persona tuvo un salario bruto promedio de $2.000.000 durante los últimos diez años, el 45% representa $900.000. Al sumar la PBU de noviembre, el haber inicial estimado sería de aproximadamente $1.103.000 brutos.

La comparación con el ingreso durante la vida laboral muestra el impacto. Con un sueldo bruto de $2.000.000, un empleado recibe alrededor de $1.660.000 de bolsillo, luego de los descuentos habituales. Frente a ese ingreso, la jubilación estimada sería considerablemente menor.

El resultado efectivo depende de los aportes computables, las remuneraciones históricas actualizadas y los descuentos aplicables al haber previsional.

Por qué los monotributistas pueden cobrar menos

La situación de los trabajadores independientes presenta otra particularidad. En el monotributo, el componente jubilatorio no se calcula como un porcentaje de la facturación, sino que responde a un importe fijo determinado por la categoría.

Por ejemplo, una persona que factura alrededor de $2.000.000 mensuales por servicios puede quedar encuadrada en la categoría C, siempre que respete los restantes parámetros del régimen.

Con los valores vigentes desde agosto de 2026, esa categoría contempla un aporte mensual al sistema jubilatorio de $22.078,71. La cuota total, que también incluye el impuesto integrado y la obra social, asciende a $66.020,12.

La diferencia con un empleado en relación de dependencia es significativa. Sobre un salario bruto de $2.000.000, el descuento jubilatorio del 11% representa $220.000 mensuales.

Aunque ambos ejemplos parten de ingresos mensuales similares, los aportes previsionales son muy diferentes. Por eso, los años de monotributo permiten reunir períodos para acceder a una jubilación, pero no generan un haber proporcional a la facturación declarada.

En general, si se reúnen los requisitos y no existen otros componentes que modifiquen el cálculo, el monotributista que completó los 30 años de aportes puede acceder a la jubilación mínima.

Cómo calcular cuánto dinero hace falta para complementar la jubilación

Ante la diferencia entre el ingreso laboral y el haber previsional, la planificación del retiro aparece como una herramienta para evitar una caída abrupta del nivel de vida.

Una de las referencias utilizadas en educación financiera es la llamada regla del 4%. Se basa en estudios históricos sobre carteras de inversión que analizaron cuánto dinero podía retirarse anualmente de un capital sin agotarlo durante un período aproximado de 30 años.

A partir de esa referencia surge la denominada regla del 25: multiplicar por 25 el ingreso anual que se pretende obtener de los ahorros.

Por ejemplo, si una persona necesita complementar su jubilación con $560.000 mensuales, debería generar $6.720.000 adicionales al año. Multiplicado por 25, el capital objetivo sería de aproximadamente $168 millones, expresados en pesos de hoy.

Se trata de una estimación orientativa, no de una garantía de rendimiento. La regla se construyó sobre experiencias históricas de inversión en Estados Unidos y no asegura los mismos resultados en cualquier mercado, moneda o período.

El tiempo disponible para ahorrar también modifica considerablemente el esfuerzo necesario. Si el objetivo fuera reunir esos $168 millones en 20 años y no se obtuviera ningún rendimiento, habría que separar unos $700.000 mensuales, manteniendo el cálculo en poder adquisitivo actual.


Fuente: Ariel Mamani, referente en educación financiera en América Latina y fundador de INVERARG.