La muerte del Indio Solari desató una conmoción inmediata en todo el país y se tradujo en homenajes espontáneos de miles de fanáticos que salieron a la calle para despedirlo. El epicentro de esa despedida colectiva fue la Plaza de Mayo, donde una multitud se congregó con banderas, remeras, bombos y bengalas para protagonizar una última misa ricotera, ese ritual que marcó a generaciones enteras.
Desde la tarde, la histórica plaza se transformó en un escenario cargado de emoción: hubo pogo, abrazos, llanto y canciones coreadas a viva voz. Entre las escenas se mezclaban jóvenes, familias enteras y seguidores de distintas edades que llegaron para decir adiós. “Hoy se murió el poeta de mi vida”, resumió uno de los mensajes que se multiplicaban entre los presentes, en una jornada atravesada por la emoción y el sentido de pertenencia.
La convocatoria se organizó de manera espontánea a través de redes sociales y grupos de seguidores, que llamaron a reunirse “a lo grande” en Plaza de Mayo para cantar, recordar y agradecer la obra del ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. En paralelo, también hubo encuentros similares en otros puntos emblemáticos como La Plata —cuna ricotera— y distintas ciudades del interior, donde se replicaron las misas con la misma mística.
La despedida no se limitó a Buenos Aires. En otras provincias también se registraron concentraciones de fanáticos en plazas y espacios públicos, confirmando el alcance federal de un fenómeno cultural único. Así, el adiós al Indio se convirtió en un ritual colectivo que atravesó generaciones y geografías, con miles de voces unidas por un mismo legado.
Lejos de un funeral tradicional (el cual se realizará entre sábado y domingo), la despedida del Indio Solari volvió a tener el sello de su historia: multitudinaria, popular y profundamente emocional. Una última misa ricotera que, como tantas otras, dejó en claro que su obra seguirá viva en cada canción coreada por su gente.
