Las playas de Punta Cana son el principal atractivo turístico de República Dominicana, a las que se llega vía Arajet, la aerolínea que conecta directamente Mendoza con este país caribeño en solo 7 horas y que opera desde el 17 de mayo. De arenas blancas, aguas turquesas y de temperatura cálida, más que amigable, permiten a los turistas mantenerse en la orilla, con el oleaje suave a la cintura sin perder el equilibrio mientras en una mano se sostiene un Mojito o un Cuba Libre, como si fuera un estanque. Pero hay una playa a la que todos quieren llegar.
Se trata de isla Saona, a unos 85 kilómetros de Punta Cana, en el puerto de Bayahibe, un pueblito pesquero que ha ido creciendo paulatinamente con los años porque desde ese punto zarpan catamaranes y veleros que se dirigen a este paraíso que tiene una historia de película, literalmente. Allí se filmó parte de la icónica película La Laguna Azul, de 1980, protagonizada por Brook Shields.
Desde los all inclusive hay que recorrer una hora aproximadamente de viaje en transfer hasta Gauyahibe. En ese puerto se alquila el viaje, que cuesta unos 90 dólares por persona.
El traslado en barco dura alrededor de una hora, pero el viaje es más que ameno. Hay barra libre de alcohol y mucha música.
El viaje a Saona tiene una parada obligada porque es el primer contacto con el agua. Es un estanque tan cristalino y de apenas un metro de profundidad que permite observar algo más que los propios pies. Se trata de un campo submarino regado de estrellas de mar. Hay que caminar para encontrarlas, pero si no sabés nadar no es un problema. Se camina, prácticamente. Un contacto maravilloso con la naturaleza que, por supuesto, no se pueden tocar ni sacar del agua, porque son especies protegidas y los guías de cada barco reparan todo el tiempo en este importante detalle.
Lo de la laguna azul no se quedó en la pantalla. Esta espectacular pileta de poca profundidad se ubica frente a la playa Palmilla. Esta parada dura alrededor de 30 minutos y es una de los momentos que más se disfrutan sin tenerle miedo al agua. Lo mejor es llevar antiparras.


El tiempo en el Caribe puede cambiar sorpresivamente y en esta experiencia sorprendió a los mendocinos que se trasladaban a la isla con un chubasco. Una cortina de lluvia que fue pasajera. La recomendación tal vez sea quedarse en el agua en lugar de subir al barco nuevamente, ya que el frío te toma por sorpresa cuando querés secarte con la toalla.
Seguimos viaje a isla Saona, a poco menos de media hora más de viaje. Saona reúne todos los atractivos maximizados que se quieren de las playas del Caribe, con un poco más de oleaje.
Pero hay una recomendación en particular que hay que tener en cuenta previamente. A diferencia de las playas de Punta Cana, en Saona hay coral.
Y si bien es una especie protegida –recuerden que se trata de una fauna que se preserva porque tiene una función importante: son una barrera defensiva contra los huracanes-, también suelen ser molestos. Lo conveniente es ingresar con zapatillas de agua para prevenir accidentes.
En isla Saona lo que predomina es la buena onda y la actitud para disfrutar. Con el pasaje, hay barra libre de cerveza, ron con cola o gaseosas. También hay un menú que combina vegetales, arroz, fideos, pollo y/o pescado.
Y, por supuesto, palmeras para tomar las mejores selfies y cocos para beber.
Fotos y videos: Maxi Quinteros/El Sol.
