Luis Alfredo Vargas y su hermana, la Yaqui.

La escena parecía una más de tantas en las canchitas de fútbol amateur del oeste de Godoy Cruz. Un partido reducido, cinco contra cinco, la pelota que iba y venía sobre el césped sintético y varios espectadores apoyados contra el alambrado siguiendo el juego. En medio de esa rutina, uno de los jugadores llevaba la camiseta número 10, blanca y azul oscura, con una inscripción en la espalda: Macanakas.

Era Luis Alfredo Vargas, el hermano mayor de Sandra Jaquelina “Yaqui” Vargas, la reconocida jefa narco de los barrios del oeste, quien tenía un pedido de captura vigente en una causa federal por narcotráfico.

El dato llegó a los investigadores policiales durante la tarde del viernes. La información era concreta: Vargas iba a estar jugando al fútbol en las canchas ubicadas en la zona de Huergo y Cipolletti, cerca del supermercado Libertad.

Desde hacía tiempo los efectivos de la Policía contra el Narcotráfico (PCN) lo buscaban por orden del fiscal federal Fernando Alcaraz, en el marco de la causa que investiga el funcionamiento de la estructura narco familiar que operaba en asentamientos como el Campo Papa y La Esperanza, siempre con la Yaqui como organizadora y dando órdenes desde el penal.

Con esa pista, personal de la Dirección de Inteligencia Criminal (DIC) comenzó a moverse en la zona. Cuando lo detectaron dentro de la cancha, la situación obligó a evaluar los pasos a seguir. El partido estaba en pleno desarrollo y alrededor había bastante gente, tanto dentro del predio como en las otras canchas. La consigna era clara: evitar cualquier situación que pudiera generar disturbios. Tenían que entrar y salir en pocos minutos. Una operación rápida para evitar enfrentamientos.

Finalmente, se resolvió avanzar. En cuestión de minutos llegó apoyo de efectivos uniformados, algunos de ellos con escopetas, mientras el personal de la PCN que ya estaba en el lugar se acercaba lentamente hacia la cancha. El objetivo estaba identificado: el jugador número 10 con la camiseta blanca y azul. “No jugaba mal. Tocaba la pelota rápido”, ironizó un efectivo que habló con El Sol.

Los policías ingresaron al predio y avanzaron directo hacia el campo de juego. El partido seguía disputándose cuando irrumpieron entre los jugadores. En medio de la sorpresa generalizada, se acercaron al hombre señalado, lo tomaron por sorpresa y lo redujeron en el lugar. Todo ocurrió en pocos segundos.

Vargas fue retirado rápidamente del predio mientras el resto de los presentes observaba la escena. La captura se concretó pasadas las 20.30 y sin incidentes. Una vez retirado el objetivo, los efectivos confirmaron que se trataba del hombre que tenía pedido de captura en el expediente federal que investiga a la organización ligada a la Yaqui Vargas.

Informantes que hablaron con este diario aseguraron que otro reconocido hermano de la jefa, quien no se encuentra con pedido de captura en esta megacausa pero ha sido mencionado en varios expedientes con hechos de sangre y comercio de drogas en los últimos 15 años, también se encontraba disputando el partido.

Tras la detención, fue trasladado a la Comisaría Sexta y este lunes quedará alojado algunas horas en la U32, a disposición de la Justicia federal. El objetivo es que pase a la cárcel federal de Cacheuta.

El hermano mayor de la jefa narco era uno de los objetivos principales del expediente que se inició en el 2024 y “explotó” con nuevos allanamientos el 27 de junio del año pasado.

Según la investigación, cumplía un rol clave en el abastecimiento de estupefacientes para los quioscos de venta que operaban en distintos sectores del oeste godoicruceño, en una estructura que, de acuerdo con la reconstrucción judicial y de la PCN, funcionaba con una lógica familiar y piramidal.

Su captura se produjo apenas días después de que la Cámara Federal de Mendoza confirmara el procesamiento con prisión preventiva de la Yaqui Vargas, señalada como la jefa de la organización.

En ese mismo fallo también quedó ratificado el procesamiento de Mauro Jesús Gélvez Vargas, el único hijo varón de la mujer, acusado de cumplir tareas dentro de la logística y la custodia armada del grupo. Las hijas mayores de la Yaqui, Silvina y Karen, también están procesadas junto a otras mujeres sospechadas de mover grandes cantidades de dinero sin poder justificar su origen.

Pese al pedido de captura que pesaba sobre él, Luis Vargas se movía con aparente normalidad. Incluso había intentado evitar la detención a través de la vía judicial.

A fines del año pasado, su defensa presentó un pedido de exención de prisión ante la Justicia federal, el que fue rechazado. El intento de recurrir esa decisión mediante un recurso de casación también terminó frustrado cuando la Cámara Federal de Apelaciones lo declaró inadmisible el 29 de diciembre.

No era la primera vez que el hermano de la Yaqui terminaba detenido por causas vinculadas al narcotráfico. En abril de 2001 fue arrestado por venta de drogas y recuperó la libertad condicional al año siguiente.

Luis Vargas ingresando a la Comisaría Sexta.

Años más tarde, en octubre de 2010, volvió a caer cuando investigadores detectaron el traslado de panes de marihuana en una vivienda de Guaymallén. En ese procedimiento incautaron 190 kilos de la droga y Vargas terminó condenado a siete años y medio de prisión, tal como viene publicado este diario.

Esta vez, su recorrido terminó de manera mucho más cotidiana: en medio de un partido de fútbol barrial, con la camiseta número 10 puesta y rodeado de jugadores y espectadores que, de un momento a otro, vieron cómo el juego se detenía para dar paso a un operativo policial.

Otro de sus hermanos, Carlos Damián “Guatón” Vargas, todavía continúa en la clandestinidad con pedido de captura, acusado también de ser nexo con la Yaqui y como uno de los máximos responsables de la distribución de la droga en los asentamientos del oeste.