El intento no fue sofisticado ni improvisado: fue directo y en pleno horario de visitas. Pero volvió a chocar con uno de los controles más sensibles del sistema penitenciario mendocino. En el Complejo San Felipe, el Sistema Único de Ingreso volvió a mostrar su efectividad al frustrar el ingreso de teléfonos celulares y chips que, de haber pasado los filtros, podrían haber terminado siendo usados para cometer delitos desde el interior de la cárcel.
El hallazgo se produjo en el sector de Conserjería, cuando el personal penitenciario realizaba los controles de rutina a los elementos que ingresan durante las visitas.

Allí, dentro de una bolsa de leña, fueron detectados cinco teléfonos celulares, 18 chips de telefonía, cargadores, auriculares y un envoltorio con una sustancia de origen dudoso. Todo el material fue secuestrado y quedó a disposición de las áreas administrativas y judiciales correspondientes.
Más allá del decomiso, el episodio volvió a poner el foco en una problemática persistente dentro del sistema carcelario: el intento de mantener comunicaciones ilegales desde el encierro.
Desde el Ministerio de Seguridad y Justicia remarcaron que el Sistema Único de Ingreso, con un único punto de acceso, controles estandarizados, videovigilancia y trazabilidad de cada procedimiento, es una herramienta clave para cortar el circuito que permite estafas, amenazas y coordinación delictiva desde las cárceles hacia la calle.
