El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, volvió a posicionarse como un aliado firme del gobierno chavista al pedir públicamente que Nicolás Maduro regrese a Venezuela luego de su captura por fuerzas estadounidenses y su traslado a Estados Unidos para enfrentar un juicio por narcotráfico.
La declaración se produjo durante un acto oficial encabezado por el propio mandatario y forma parte de la escalada de tensiones políticas en América Latina tras el operativo militar estadounidense que removió al líder venezolano del poder.
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Ortega, de 80 años, criticó duramente la intervención militar de Estados Unidos, calificándola de “acción totalmente desproporcionada” y cuestionando la legitimidad de la detención sin una orden formal de captura. La postura del jefe de Estado nicaragüense visibiliza la polarización regional generada por el cambio abrupto en el liderazgo de Venezuela y el rol geopolítico de Washington.
La captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, ocurrió el 3 de enero durante una operación militar de Estados Unidos en Caracas, que fue justificada por Washington en el marco de acusaciones por narcotráfico. Desde entonces, Maduro fue trasladado a Nueva York, donde enfrenta cargos federales pordelitos relacionados con drogas y conspiración.
Ortega expresó que “se suman al clamor para que regresen al presidente Maduro a su pueblo”, y denunció lo que consideró una intervención indebida en asuntos internos de una nación soberana. Sus declaraciones se dieron en el contexto de una ceremonia de graduación de policías, transmitida por medios oficiales nicaragüenses, donde además criticó amenazas de Estados Unidos contra otros países de la región, como Cuba.
La posición de la dirigencia nicaragüense refleja décadas de afinidad ideológica y política entre los gobiernos de Managua y Caracas, que se remontan a la presidencia de Hugo Chávez, mentor político de Ortega y aliado estratégico en el contexto latinoamericano.
En su discurso, Ortega no se limitó a defender a Maduro. También extendió su crítica hacia la política exterior estadounidense, especialmente en relación con Cuba, otro país bajo presión diplomática y económica por parte de Washington. El mandatario centroamericano pidió que “dejen de amenazar a Cuba”, subrayando su rechazo a lo que considera un patrón de injerencia y hegemonía regional.
En los últimos años, Ortega ha adoptado una retórica cada vez más confrontativa con Estados Unidos, argumentando que las acciones de Washington atentan contra la soberanía y la estabilidad de los pueblos latinoamericanos. Este discurso se ha intensificado tras la operación militar en Venezuela, que no solo capturó al líder chavista, sino que también desencadenó una serie de gestos y tensiones diplomáticas en toda la región.
Mientras Ortega proclamaba su apoyo, Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro, asumió formalmente la presidencia interina en Venezuela bajo el respaldo tácito de Estados Unidos, que busca estabilizar la administración y normalizar las relaciones diplomáticas. Trump describió a Rodríguez como una interlocutora “formidable” tras una conversación telefónica reciente, en la que abordaron la transición de poder y la reactivación de la cooperación bilateral entre Caracas y Washington.
Rodríguez prometió “rescatar” a Maduro y, al mismo tiempo, ha iniciado gestos de apertura hacia la comunidad internacional, incluida la reinstitución de lazos con Estados Unidos tras años de ruptura. Este equilibrio indica un intento por combinar legitimidad nacional con pragmatismo diplomático en un escenario internacional volátil.
