Estamos conectados todo el tiempo, ¿pero realmente estamos disponibles para el otro? Es la verdadera paradoja de la presencia ausente.

La presencia es entendida por Gomes da Costa, como una necesidad básica para el desarrollo humano y siguiendo a Bárcena Orbe, propone una crítica a la “impostura pedagógica” y reivindica una pedagogía que no se refugie en protocolos, sino que se arriesgue a estar presente en lo que ocurre,  a estar realmente implicados.

En la actualidad, en tiempos de contextos digitales, masificación de dispositivos, e inteligencia artificial, donde estamos interconectados a varias plataformas -zoom, meet, teams- y redes sociales -whatsapp, instagram, tiktok, twitter-, incluso de manera simultánea. Cabe preguntarse si estamos presentes plenamente, de manera consciente, en cada situación que experimentamos, o somos una suerte de autómatas, que respondemos de manera mecánica a los estímulos del medio.

Esto se ve reflejado en las propuestas donde interviene la educación a distancia, o en las clases híbridas, donde las pantallas, muestran unos mosaicos con fotos e iniciales, y cuando las cámaras se encienden o tal vez no, estamos pero no nos vemos, estamos pero no interactuamos. Asimismo lo advertimos, cuando el estudiante decide no estar presente en las clases de presencialidad real, valga la redundancia, donde renuncia a la posibilidad de tener contacto cercano con su profesor.

Es necesario que el sujeto se haga presente, se comprometa con lo que piensa, con lo que hace y con la realidad y contexto en el que se encuentra. Es llamativo observar que éstos matices o característicias planteadas, se evidencian no sólo en el ámbito o mundo educativo sino que se expanden a otros ámbitos familiar, laboral, y afectan nuestros vinculos próximos y relaciones interpersonales.

Presencia, proviene del latín praesentia, que significa estar delante de, presencia no se trata únicamente de ocupar un espacio físico junto a alguien; la presencia es una cualidad del ser, un estado en el que nuestra atención se encuentra completamente en el aquí y en el ahora. No sólo refiere al cuerpo, también es intención, mirada, escucha. Uno puede estar presente sin hablar, sin moverse, pero con el alma encendida.

La pedagogía de la presencia propone una forma de educar centrada en la relación humana, el reconocimiento mutuo y la construcción de sentido y significados compartidos. Es una pedagogía que acompaña desde la cercanía.

Pero ¿cómo lograr la presencia plena en un mundo dinámico, cambiante, con múltiples estímulos que nos interpelan, sin dejar de reconocer al otro en tanto otro?

  1. Aceptar el cambio constante y la incertidumbre, eligiendo como habitarlas.
  2. Practicar la atención plena, el estar aquí y ahora.
  3. Estar disponible con respeto, al ritmo del otro.
  4. Cultivar la presencia, mirar con intención.
  5. Ejercitar la escucha y la espera.
  6. Priorizar vinculos, afectos y clima de encuentro.
  7. Fomentar la comunicación efectiva y afectiva.
  8. Reconocer al otro que tengo enfrente.
  9. Volver a la conversación cara a cara.
  10. Reconstruir el sentido de la presencia en diferentes contextos.

La autora es docente investigadora de la Facultad de Derecho y de la Facultad Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina           mail: marielalourdesgonzalez@yahoo.com.ar