Una semana después del espectacular asalto al Museo del Louvre, la Policía francesa detuvo a dos sospechosos de participar en el robo de ocho joyas de la Corona, valuadas en 88 millones de euros.
Ambos hombres, de aproximadamente 35 años y con antecedentes policiales, fueron arrestados el sábado por la noche cuando intentaban huir del país.
Uno de ellos, un franco-argelino de 39 años, fue capturado en el aeropuerto Charles de Gaulle, en París, antes de abordar un vuelo rumbo a Argelia. El segundo, un francés de origen maliense, fue detenido en el suburbio de Seine-Saint-Denis, cuando se preparaba para viajar a Malí.
Actualmente, se sigue buscando a los otros dos autores. El dúo que esperó al pie del museo en sus scooters T-Max Yamaha, con el motor en marcha, antes de dirigirse, a alta velocidad, a la autopista A6.
El ADN y un chaleco amarillo los delataron
La Brigada de Represión del Crimen Organizado (BRB) lideró la operación, en la que participaron más de cien investigadores. Las pistas genéticas fueron decisivas: los delincuentes dejaron en su huida guantes, un casco de motocicleta, un chaleco amarillo, dos amoladoras, un soplete, gasolina, un walkie-talkie y una frazada.
El ADN hallado en esos objetos permitió identificarlos de inmediato.
Durante la fuga, los ladrones también dejaron caer una tiara de la emperatriz Eugenia, pieza con más de 1.300 diamantes, 113 rosas y 56 esmeraldas. La joya fue recuperada, aunque dañada.
La fiscal de París, Laure Beccuau, señaló que se recogieron más de 150 muestras biológicas y huellas dactilares en la Galería Apolo, donde se exhiben los Diamantes de la Corona. “Los análisis son prioritarios y podrían ofrecer pistas valiosas, especialmente si los autores estaban fichados”, explicó.
Filtraciones y enojo en la fiscalía
La difusión prematura de las detenciones generó malestar entre los investigadores.
Beccuau lamentó “la divulgación precipitada de información por parte de personas informadas, sin consideración por la investigación”. Según fuentes judiciales, la filtración interrumpió el seguimiento de otros sospechosos y complicó la recuperación del botín.
El ministro del Interior, Laurent Núñez, adoptó un tono distinto. A través de la red social X, felicitó a los agentes que “trabajaron sin descanso”, aunque recordó que el operativo debe continuar “con respeto al secreto de la investigación”.
Las joyas aún no aparecen
Los expertos temen que las piezas hayan sido desarmadas y enviadas al extranjero a través de redes ilegales.
“Algunos diamantes podrían venderse al por menor, lo que haría casi imposible reconstruir las joyas”, reconoció una fuente del caso.
Entre los objetos sustraídos figuran el collar de zafiros de la reina María Amalia y el ajuar de la reina Hortensia, parte del tesoro real que se exhibía en el Louvre. Hasta ahora, la única pieza hallada es la tiara que los ladrones dejaron caer en su huida.
El Louvre refuerza la seguridad
El robo, que duró apenas siete minutos, dejó al descubierto vulnerabilidades en la seguridad del Louvre y encendió una alarma internacional sobre la protección del patrimonio cultural.
Tras el hecho, las autoridades ordenaron trasladar las joyas restantes y otras piezas valiosas a la bóveda del Banco de Francia, a 26 metros bajo tierra. En esa cámara blindada también se resguardan las reservas de oro del país y los Cuadernos de Leonardo da Vinci, valuados en más de 600 millones de euros.
El golpe reabrió el debate sobre la seguridad en los museos. En una carta publicada por Le Monde, 57 directores de museos internacionales, entre ellos los del Met de Nueva York, el Museo Picasso y la National Gallery de Londres, expresaron su apoyo a la directora del Louvre, Laurence des Cars, y defendieron la misión pública de los museos.
“Los museos no son cajas fuertes. Su razón de ser reside en la apertura y la accesibilidad”, afirmaron los firmantes, que advirtieron que el robo del 19 de octubre representa “uno de los mayores temores del mundo del arte”.
