El pontificado del Papa Francisco, el primer argentino en ocupar el trono de San Pedro, estuvo marcado por gestos de cercanía y humildad, así como por una serie de desafíos internos y externos que definieron su legado.
Jorge Mario Bergoglio falleció este lunes a las 7.35 (hora del Vaticano), a los 88 años, en su residencia de la Casa Santa Marta. La noticia fue anunciada oficialmente por el cardenal Kevin Farrell, quien asumirá la administración temporal de la Iglesia Católica hasta que se celebre el cónclave para elegir al nuevo pontífice.
El papado de Francisco, iniciado en 2013 tras la renuncia de Benedicto XVI, se caracterizó por un enfoque pastoral centrado en los pobres y marginados, así como por una serie de reformas que generaron tanto admiración como polémica dentro de la Iglesia.
Su última aparición pública ocurrió este domingo, cuando se presentó en el balcón de la basílica de San Pedro para impartir la tradicional bendición “Urbi et Orbi”, donde realizó un contundente llamado a la libertad religiosa como pilar fundamental para la paz mundial. Ante una multitud de 35.000 fieles congregados en la plaza, el pontífice de 88 años permaneció en silla de ruedas mientras un colaborador leía su mensaje pascual.
1 – ¿Fue el argentino más importante de la historia?
Bergoglio fue el primer Papa latinoamericano y el primero jesuita, así que eso ya lo pone en un lugar altísimo en la historia mundial, no solo en Argentina.
Desde 2013 lideró la Iglesia Católica, con más de mil millones de fieles. En términos de influencia global, es probablemente el argentino más relevante de todos los tiempos.
Más allá de la perspectiva para responder esa pregunta (ya sea histórica, cultural, política, espiritual o deportiva, entre otras), Francisco está definitivamente en el podio de los argentinos más influyentes de la historia mundial.
2 – ¿Cómo y cuánto influyó en la política argentina?
Francisco influyó (y mucho) en la política argentina. No de forma partidaria, pero sí desde una lógica de poder simbólico y pastoral. A veces con gestos sutiles y otras con mensajes más directos, su figura tuvo un impacto significativo en la sociedad y el debate público del país.
Con Cristina Fernández de Kirchner tenía una relación muy tensa cuando era arzobispo. Él criticaba ciertas prácticas del kirchnerismo, y desde el gobierno lo acusaban de ser “el jefe espiritual de la oposición”.
Pero desde que fue elegido Papa, la relación cambió: CFK fue varias veces al Vaticano y Bergoglio la recibió con gestos muy cálidos.
Con Mauricio Macri la relación fue fría y distante, y solo lo recibió en una visita muy breve. Francisco no simpatizaba con su modelo y, aunque nunca lo dijo directamente, apoyó a organizaciones sociales que criticaban al macrismo.
Con Alberto Fernández la relación fue cordial. Lo recibió y compartieron algunas líneas políticas y sociales.
Antes de ser presidente, Javier Milei lo cuestionó duramente (lo llamó “el representante del maligno en la Tierra”). Luego, el mandatario cambió el tono y lo invitó al país.
Se encontraron en el Vaticano en febrero de 2024, con una foto muy comentada, donde se lo vio al Papa sonriendo y a Milei haciendo un gesto de reverencia. Analistas lo interpretaron como un acto de reconciliación o de legitimación.
Cercano al peronismo, Bergoglio fue un político de raza, aunque no hizo política partidaria.
Durante su papado ejerció una influencia muy fuerte, especialmente a través de gestos (una vara para medir sus actitudes era su cara en las fotos con los mandatarios nacionales y funcionarios de distintos gobiernos que lo iban a ver), silencios, palabras elegidas cuidadosamente y respaldos estratégicos.
3 – ¿Fue correcta su decisión de no viajar a la Argentina?
Francisco siempre fue muy cuidadoso con su rol político y la decisión de no viajar a Argentina fue tanto prudente como controversial.
En un país con una gran polarización política, su visita podría haber sido interpretada de manera ambigua. Evitar este tipo de análisis fue una forma de intentar mantener la neutralidad de su papado.
Aunque en términos generales su relación con los gobiernos argentinos fue cordial, las tensiones de su pasado con algunos sectores del kirchnerismo y, en años recientes, con el macrismo, habrían hecho que su visita fuera leída como un acto político más que pastoral.
Su decisión de no viajar a su país natal, si bien comprendida desde su papado global, podría verse como una oportunidad perdida para fortalecer su vínculo emocional con su país.
Sin embargo, desde el punto de vista pastoral y estratégico, fue prudente. Su ausencia evitó que su visita fuera instrumentalizada por los gobiernos de turno y le permitió mantener un equilibrio delicado entre su rol universal como Papa y las tensiones políticas y sociales de Argentina.
4 – ¿Cómo fue su pontificado?
El pontificado de Francisco fue complejo, con luces y sombras. En general, se lo califica como transformador, especialmente en comparación con sus predecesores.
Si bien su papado no logró todas las reformas que muchos esperaban, logró cambiar la manera en que la Iglesia se relaciona con el mundo. Su papel fue más progresista en lo social y menos doctrinal en lo religioso, lo que le valió tanto admiradores como detractores.
Bergoglio no fue un teólogo eximio como Benedicto XVI ni un estratega político brillante como Juan Pablo II. Fue un pastor con defectos, límites y contradicciones, pero con una profunda vocación de cercanía.
Fue un Papa incómodo para los poderosos y para los que querían una Iglesia cerrada y autorreferencial. Fue progresista en lo pastoral, pero conservador en lo doctrinal. Si bien no rompió con la tradición, la reinterpretó con un tono más compasivo.
En lo institucional, no cambió la Iglesia ni logró transformarla profundamente como pretendía, pero al menos movió estructuras que parecían intocables y la empujó hacia una actitud más abierta, social y humilde.
Intentó hacer más transparente y menos burocrática a la Curia romana. En tal sentido, introdujo reformas financieras y administrativas, con avances reales pero resistencias fuertes.
Con respecto a los abusos sexuales, endureció normas y creó instancias legales más claras, aunque recibió críticas por la lentitud en la búsqueda de justicia y transparencia.
Para muchos, fue un Papa profético. Rompió con algunas tradiciones, promoviendo una Iglesia más abierta y accesible. Sus encíclicas, como Laudato si’ sobre el cuidado del medioambiente, y sus llamados a la justicia social marcaron un antes y un después.
Para otros, fue demasiado ambiguo o tibio. Incluso, parte de la Iglesia lo rechazó abiertamente (especialmente sectores conservadores de EE.UU. y Europa) y lo acusó de “relativismo”.
5 – ¿Cómo será recordado?
Desde el inicio de su pontificado, Francisco rompió con las tradiciones papales. Eligió vivir en la Casa Santa Marta, una residencia sencilla, y optó por usar un estilo más accesible, dejando atrás los lujos y símbolos del Vaticano.
Será recordado como uno de los pontífices más humanos, disruptivos y empáticos del siglo XXI. Su figura, más allá del cargo, deja una huella que trasciende lo religioso, y que va a resonar en la historia por varias razones:
- Fue el primer Papa latinoamericano y jesuita, rompiendo con siglos de tradición europea.
- Representó una Iglesia más cercana a los pobres, más sensible a la periferia que al centro y más pastoral que doctrinal.
- Intentó reconciliar posturas enfrentadas dentro de la Iglesia.
- Quiso reformar la Curia, combatir el clericalismo, y enfrentar los abusos sexuales en la Iglesia. Si bien no logró todos sus objetivos, sí abrió caminos y rompió silencios históricos.
Fue un líder que buscó humanizar la Iglesia, darle una nueva mirada a los problemas sociales y crear un espacio de reflexión sobre el futuro del mundo. Su papado no fue perfecto ni exento de controversias, pero sí fue transformador en muchos aspectos.
6 – ¿Cuáles fueron sus diferencias con sus antecesores?
Comparar su papado con el de sus predecesores —especialmente Juan Pablo II y Benedicto XVI— obliga a mirar distintas dimensiones: espiritualidad, política, doctrina, liderazgo y contexto.
| Aspecto | Juan Pablo II (1978–2005) | Benedicto XVI (2005–2013) | Francisco (2013–2025) |
|---|
| Origen | Polaco | Alemán | Argentino |
| Perfil | Carismático, político | Teólogo, doctrinal | Pastoral, social |
| Contexto histórico | Guerra Fría, caída del comunismo | Crisis de fe en Europa | Crisis global, polarización |
| Estilo papal | Fuerte, evangelizador | Intelectual, conservador | Humilde, cercano |
| Doctrina | Tradicional | Muy tradicional | Conservadora en fondo, abierta en formas |
| Reformas | Centralizó poder | Mantuvo el statu quo | Intentó descentralizar y reformar |
| Relación con la política | Muy influyente (especialmente en Europa del Este) | Poco involucrado | Mucha influencia simbólica, sobre todo en América Latina |
| Relación con los fieles | Figura de masas | Más distante | Empático, aunque no tan masivo |
Mientras Juan Pablo II fue un líder carismático y geopolítico, clave en la caída del comunismo, y Benedicto XVI un teólogo firme y tradicional, Francisco se destacó por ser un Papa más pastoral y enfocado en los problemas sociales. Por eso será recordado como el más humano y empático de los tres.
Su capacidad para conectar con el sufrimiento ajeno, hablar en lenguaje sencillo y acercarse a las periferias lo hicieron muy querido en sectores que se sentían lejos de la Iglesia.
En contraste, fue el menos definido (para algunos, el más débil) desde el punto de vista doctrinal. A diferencia de Juan Pablo II (sin ambigüedades) o Benedicto (clarísimo teológicamente), Francisco dejó zonas grises que molestó a los sectores conservadores dentro de la Iglesia.
Intentó más reformas que sus antecesores, pero muchas quedaron a mitad de camino por resistencias internas y falta de apoyo total.
Francisco fue un Papa ético en tiempos de crisis ambiental, migratoria y desigualdad. Su impacto fue moral más que político: le tocó pastorear una Iglesia en crisis, con menos fieles, más escándalos y mayor necesidad de humanidad.
