El silencio de los diferentes sectores de la Unidad Fiscal de Homicidios, en el edificio del Ministerio Público en el Polo Judicial, se quebró cuando Leandro Emanuel Contreras Sottile, conocido con el alias de “Chupete” y por ser parte hace unos años de una facción de la barra de Independiente Rivadavia, escuchó las imputaciones que podrían generarle varios años tras las rejas.
Con el cuerpo cubierto de tatuajes que no tenía una década atrás, este hombre de 30 años enfrentó al fiscal Gustavo Pirrello mientras era acusado este lunes formalmente por el delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego en perjuicio de Lucas Fabián Bruno y por las lesiones causadas a Juan Ignacio Marino Muñoz, en un tiroteo fatal ocurrido hace más de diez años en Guaymallén, además de un reciente delito de robo ocurrido en la Galería Tonsa de Ciudad.
Contreras Sottile fue trasladado a la cárcel luego de la audiencia, poniendo fin a más de una década de búsqueda que comenzó aquel 28 de octubre de 2013, cuando según las investigaciones judiciales y policiales de aquella época, detuvo su Fiat 147 blanco en una esquina de Guaymallén, descendió empuñando una pistola Bersa calibre 22 y abrió fuego contra varios jóvenes que estaban sentados en el cordón. El joven Bruno, de 19 años y señalado por diversos hechos de inseguridad con otros personajes del sector, recibió un disparo mortal en la cabeza que le provocó su muerte en el acto.
La historia de la captura “Chupete” revela uno de los casos más sorprendentes en la historia criminal de Mendoza. Tras ser acusado de cometer el homicidio, se esfumó del mapa y reapareció recientemente como Diego Sebastián Guerrero Paz, un supuesto ciudadano chileno nacido el 27 de junio de 1992.
Desde fines del 2013, este “fantasma” se movió por Chile (la mayor cantidad de tiempo) y el Gran Mendoza, cambiando su fisonomía al punto de “llenarse de tatuajes” pero sin cortar nunca su vínculo con el club de sus amores, la Lepra.
El desenlace de la historia llegó casi por casualidad a principios de la semana pasada, cuando “el chileno Guerrero” fue detenido junto a un cómplice tras cometer un robo en la Galería Tonsa. Lo que parecía un simple procedimiento por robo, a cargo del fiscal Juan Manuel Bancalari, se convirtió en la resolución de un caso que estaba a apenas seis meses de prescribir.
Una información que llegó a Investigaciones y fue analizada por los efectivos de la División Homicidios llevó a realizar una verificación biométrica que confirmó lo insospechado: no era chileno ni se llamaba Guerrero. Era el presunto homicida que llevaba más de 10 años burlando a la Justicia, con un pedido de captura internacional de Interpol sobre sus espaldas.
Por lo que detallaron fuentes del caso, la instrucción está centrada en determinar cómo logró Contreras Sottile obtener documentación chilena aparentemente auténtica y mantenerse en la clandestinidad durante tanto tiempo. Lo más intrigante para los detectives es que, en los últimos meses, continuó yendo a la cancha y hasta manejando algunos negocios de las distintas facciones de la parcialidad más violenta, sin que nadie lo reconociera a pesar de estar a la vista de todos, detallaron fuentes del caso a El Sol.
En cuanto al móvil del crimen, será una de las incógnitas a resolver por el fiscal Pirrello. Se sabe que la víctima, conocida como “Papo”, tampoco era un joven que viviera ajustado a la ley. A sus 18 años ya acumulaba un historial delictivo que incluía un violento asalto en el que amenazaron a una madre y arrastraron a su hijo de 10 años a punta de pistola en un cíber llamado “Gaming Zone”. Los vecinos del barrio Santa Ana lo habían escrachado tanto a él como a su banda meses antes de su muerte.
La doble vida del “Chupete”: de homicida prófugo a asaltante con DNI chileno
Un simple control de identidad tras un asalto destapó una de las historias criminales más sorprendentes de Mendoza en los últimos años. Se trata de un barrabrava del club Independiente Rivadavia que fue acusado de disparar siete tiros contra un grupo…
Cómo se produjo el asesinato
La reconstrucción del crimen detalla que el 28 de octubre del 2013, cerca de las 21, el acusado detuvo un Fiat 147 en la intersección de las calles Amigorena y Corrientes de Guaymallén. Testigos aseguraron que el “Chupete” descendió del vehículo portando una pistola y efectuó siete disparos contra un grupo de jóvenes que se encontraban sentados en la esquina.
Como resultado del ataque, Bruno recibió un impacto en la cabeza causándole la muerte minutos después. En el mismo episodio resultó herido Marino Muñoz, quien sufrió un impacto en la región dorsal a nivel de la cresta ilíaca izquierda.
Ahora, tras ser imputado por el fiscal Pirrello, quien reactivó la causa hace un tiempo luego de informaciones que manejaban sobre el paradero del sospechoso, el sujeto deberá enfrentar próximamente una audiencia de prisión preventiva.
La causa por el robo en la Galería Tonsa, por la cual el fiscal Bancalari también lo había imputado, fue acumulada a la de Homicidios.
