Entre la noche del sábado y la madrugada del domingo, la Costanera había sido prácticamente tomada por los limpiavidrios.
Los jóvenes se abalanzaban sobre los autos que esperaban en rojo. La situación se repetía en todas las esquinas donde el conductor frenaba y tenía que negociar con los muchachos para seguir sin problemas.
No se veía ninguna patrulla a esas horas por la principal vía que conecta el norte y sur del Gran Mendoza. Grupos de entre tres y cuatro limpiavidrios se movían sin control y generaban malestar y temor en los conductores.
