"J" junto a sus padres, Viviana y Jorge. Foto: El Sol.

Adoptar a un niño con discapacidad es todo un desafío para cualquier familia. No todos están dispuestos a enfrentarlo, sin embargo, Viviana y Jorge, un matrimonio que tiene tres hijos biológicos, y primero fue familia de acogimiento, se animó a dar el gran salto y hoy cuentan su experiencia puertas adentro para inspirar a otros.

En Mendoza, los menores con discapacidad son los “olvidados en la lista de adopción: el 72.56% de las familias que busca adoptar rechaza la posibilidad de que sea un niño con alguna dificultad. La mayoría desconoce el panorama, pero igual se niega a afrontarlo.

Lejos de esta realidad, Viviana y Jorge decidieron adoptar a “J” (cuyo nombre se preserva por tratarse de un menor), quien padece síndrome de alcoholismo fetal, lo que le trajo aparejado serios inconvenientes de salud.

El pequeño hoy tiene 2 años y 5 meses y tiene microcefalia, un solo riñón, desnutrición crónica, dificultades en su crecimiento, habla muy poco y aún no camina, entre algunas complicaciones más.

“J” junto a sus padres y hermanas. Foto: El Sol.

“Lo adoptamos simplemente porque lo elegimos como familia. Nos amoldamos tanto nosotros como él y hoy nuestra vida está abocada a él “, expresó la mujer de 54 años que se desempeña como docente.

“Nadie lo eligió y le dimos una oportunidad”

“Llegó a nuestras vidas a los 12 días de haber nacido. Comenzamos a elegirnos. Pasamos momentos muy duros, porque su salud estaba deteriorada, muchas complicaciones por su enfermedad de base. Sin embargo, siempre nos ocupamos de él y jamás lo abandonamos”, contó Viviana.

Lo sorprendente de esta historia fue que ese niño, previo a la adopción definitiva, había convivido con ellos cuando fueron familia de acogimiento.

Esta no es una situación habitual: quienes cumplen el rol de familia de acogimiento no pueden adoptar. En este caso, la adopción del menor demoró en concretarse, por lo que fue dada a conocer mediante Convocatoria Pública. Allí cualquier persona puede acceder, esté o no inscripto en el Registro Provincial de Adopción (RPA).

Foto: El Sol.

“No fue una decisión fácil de tomar. Nadie lo elegía. Nadie se fijaba en él y fue allí cuando nos replanteamos como familia qué hacer y entre todos decidimos darle una oportunidad, ya que sabíamos del amor que este pequeño entregaba”, expresó la mujer.

Romper con los miedos y aceptar los desafíos

Según los datos oficiales, un gran porcentaje de las personas que se postula para adoptar no quiere un niño con discapacidad. Los argumentos son varios, pero la mayoría refiere que no están en condiciones para el desafío.

“Nadie está preparado para criar a un niño con discapacidad, sin embargo, cuando uno se entera que viene en camino lo acepta y le brinda el mayor de los amores. En este caso es lo mismo, hay que permitirse conocer a esos niños y darles una oportunidad”, manifestó Viviana.

Ella y su familia sabían de la condición del menor y, así y todo, lo escogieron para brindarle una mejor vida.

“Por suerte, está abordado clínicamente y terapéuticamente y así vamos saliendo adelante. Tiene sus limitaciones, pero si hay algo que no le falta es amor”, contó su mamá del corazón.

La sociedad no está preparada para afrontar la discapacidad, por ello, esta familia como las que se animaron a romper las barreras del miedo instan a la población a que les den una oportunidad, se informen, los conozcan y después decidan qué hacer.

“Hoy no es como años atrás en los que uno estaba solo ante la discapacidad. Hoy hay mucha ayuda profesional. Es posible salir adelante y uno como familia recibe mucho aliento, hay mucha empatía”, enfatizó Viviana.

Finalmente, la mujer advirtió que “todos estos niños tienen derecho a tener una familia que los elija y no los olvide. Ellos están esperando el amor de una familia. Si alguien lo hizo, se puede hacer”.

Qué es el síndrome de alcoholismo fetal (SAF)

El síndrome de alcoholismo fetal (SAF) es un conjunto de problemas físicos, mentales y de crecimiento que se pueden presentar en un bebé cuando la madre toma alcohol durante el embarazo.

En el caso de “J”, el FAS ha dejado secuelas crónicas. “Su mamá tomó alcohol y se drogó durante el embarazo. No sólo eso, sino que nunca se hizo ningún tipo de control, por lo que su estado se complicó mucho y hasta el día de hoy sufre seria consecuencias”, explicó Viviana.