El Papa Francisco tomó la decisión de no viajar a París y que, por motivos que se desconocen, no estará en la reapertura de la catedral Notre Dame. El anunció no cayó para nada bien en el territorio francés, sobre todo porque dicha información se dio en el regreso del Pontífice, en pleno vuelo, entre Singapur y Roma.
A pesar de que la postura de no ir a Francia generó repercusión, se trata de algo que ya se ha visto en el pasado. Algo similar pasó durante su visita al Parlamento Europeo en Estrasburgo allá por el 2014. Incluso, se podría decir que sus visitas son breves ya que existe cierto nivel de tensión entre el argentino y las autoridades francesas.

“No voy a París”, anunció el Papa, sin dar los motivos.
Si bien es algo que ha pasado, en esta oportunidad Francisco había recibido la invitación exclusiva del presidente Emmanuel Macron y el arzobispo de París, sumado a que lo esperaban sus fieles.
La última visita del Papa Francisco a Francia, bajo la autoridad Macron, se dio en el marco de la misa papal en Marsella.

En aquella oportunidad se trató de un viaje fugaz y muchos no la consideran como una visita formal. La última visita de un Papa a Francia, sin las rápidas incursiones de Francisco, se remonta a la visita de Benedicto XVI a París en 2008.
Los soberanos papal y Estado francés: una relación lleno de tensión
Lejos de las conclusiones que se pueden sacar, todos los presidentes de Francia han tenido vínculos con el Vaticano. Sin embargo, las relaciones rara vez han sido sencillas y, en muchas oportunidades, se han caracterizado por la tensión generada de ambos sectores.

Entre los motivos a los cuales se le adjudica este vínculo, muchos apuntan a que el problema es la laicidad a la francesa, que la iglesia ve como una persecución a sus creencias y a la libertad de practicarlas.
