El Gringo Peña, la escena del caso Bertón y la droga secuestrada en el 2010.

El asesinato del jubilado Eduardo Bertón (82) en su casa de Cruz de Piedra, en Maipú, se transformó en uno de los hechos policiales más destacados del 2024. El caso comenzó a investigarse la noche del sábado 10 de este mes como una muerte accidental por incendio pero con el paso de las horas presentó un giro trascendental cuando la fiscal de Homicidios Claudia Alejandra Ríos recibió un informe preliminar de la necropsia. Por teléfono, le confirmaron que la víctima, destacada por la docencia deportiva, actividades empresariales y políticas, presentaba un disparo letal en la cabeza.

Los policías de la División Homicidios comenzaron a recolectar pruebas y un día después del hecho de sangre, analizaron lo que habían registrado las cámaras de seguridad de la propiedad y el resultado fue esclarecedor: tres personas fueron individualizadas y luego identificadas para ser detenidas. Setenta y dos horas después, se desarrollaron allanamientos en la localidad de Gutiérrez-en el barrio El Portón y alrededores-, y lograron la captura de la militante de la Libertad Avanza (LLA) y candidata a intendenta del citado departamento, Claudia Carina Córdoba, y de una pareja compuesta por Roxana Núñez y Pablo Fabián Peña.

Los tres fueron imputados por una calificación que prevé prisión perpetua en caso de ser hallados culpables en un juicio por jurado u abreviado si admiten los hechos: homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas, homicidio criminis causa y robo agravado en calidad de coautores.

Creen que Córdoba planificó el crimen porque buscaban dejarla afuera de unos negocios que la víctima iba realizar con el dinero de la jubilación que cobraba en dólares, debido a que había vivido en Estados Unidos.

Con el paso de las horas, los pesquisas hicieron foco en Pablo Fabián Peña, conocido como el Gringo y nacido el 6 de abril de 1967. Por el análisis que hicieron de las cámaras de seguridad de la vivienda, este hombre fue quien terminó con la vida de Bertón entre las 18 y las 18.30 del sábado 10. Sospechan que lo hizo a cambio de algún tipo de bien o pago de dinero por pedido de la libertaria. Y para llegar hasta la escena escondido en el auto de Córdoba, se apoyó también en Roxana Núñez, su ex pareja.

Esta mujer lo había denunciado recientemente por violencia de género y existía una orden de prohibición de acercamiento. Sin embargo, ambos fueron atrapados en el mismo domicilio del barrio El Portón, situación que llamó la atención de los efectivos de Investigaciones pero les sirvió para cerrar la teoría de que ambos participaron del hecho de sangre.

El Gringo no era un hombre desconocido para los investigadores que llevan años en la fuerza local. Tampoco para la PDI de Chile. Lo tenían marcado como un destacado proveedor de estupefacientes de alcance internacional vinculado a hombres de poder en el narcotráfico mendocino, como el caso del guaymallino César Alandi Tejerina, llamado por el círculo más íntimo como Boliviano César, quien actualmente está condenado por drogas y y tiene que enfrentar un juicio por lavado de dinero.

Hace casi 14 años, el Gringo Peña cayó en las redes policiales luego de una destacada investigación con intercambio de información entre la PDI chilena, la desaparecida División de Narcocriminalidad (actualmente Policía contra el Narcotráfico –PCN-), Gendarmería y Aduana.

La operación fue bautizada en el vecino país como Cinabrio y permitió la incautación de 271,960 kilogramos de marihuana paraguaya en 304 ladrillos, los que eran trasladados en dos camiones que iban al mando de agentes encubiertos y reveladores de la PDI que habían logrado infiltrarse en la organización. El grupo delictivo llevaba meses ingresando drogas -cocaína y marihuana- a través del paso fronterizo Los Libertadores.

Gracias a los trabajos de los efectivos mendocinos, quienes se movieron por la calle haciendo seguimientos reservados al Gringo Peña y también al Boliviano César antes de que entregaran parte de la droga, entre otros personajes, se logró hacer posteriormente una entrega vigilada de la mercadería para atrapar a la pata de la organización que financiaba parte de la actividad delictiva y se encontraba del otro lado de la cordillera, en la localidad de Los Andes, en el vecino país.

En un principio, hubo cinco detenidos en Argentina y tres en Chile. Pero con el paso del tiempo se fueron sumando más personajes de la estructura delictiva criminal.

La reconstrucción que realizó El Sol, gracias al aporte de fuentes que trabajaron en la citada operación, señala el Gringo Peña comenzó a ser investigado en el 2010 cuando dos hombres fueron atrapados en Punta de Vacas mientras se movilizaban en auto con 4,950 kilogramos de cocaína. Uno fue identificado como Felipe Andrés González y el otro como Julio César Ruiz. Ambos tenían la intención de llegar hasta Chile con el polvo blanco para lograr una mayor ganancia. Les secuestraron los teléfonos celulares y la Justicia federal autorizó los peritajes.

Entre los contactos de Ruiz se identificaron dos números que utilizaba Peña: uno se encontraba agendado como “Gringo” y otro como “G”. Este último era el que más usaba el sospechoso mendocino, quien tenía domicilio en la localidad de Lunlunta. Además de esta prueba, la hipótesis inicial apuntó contra Peña como el proveedor de la cocaína secuestrada porque el mismo Ruiz dijo espontáneamente ante los Gendarmes que lo detuvieron que se la había entregado en la plaza principal del departamento de Maipú.

Por aquellos días, el ahora acusado de asesinar a Bertón, era un activo hombre vinculado con el narcotráfico. Lograron conocer que tenía pedido de captura en Los Andes y los policías infiltrados, quienes actuaban como camioneros en su paso por Mendoza, lo identificaron como uno de los proveedores de la droga que buscaba llegar a Chile junto con el Boliviano César.

El 24 de octubre del 2010 las labores policiales llegaron a un punto de resolución. El agente encubierto tomó contacto con el Gringo Peña y coordinó la hora y la fecha de la entrega de la sustancia estupefaciente, la que iba a ser ocultada en un camión que transportaba neumáticos de diversos rodados a Chile. De la charla pactaron encontrarse ese mismo día a las 22 en zona del carril Rodríguez Peña de Godoy Cruz.

Peña le dijo al agente encubierto, que hacía de camionero, que inicialmente iba a entregar un bolso con sólo 15 kilos de marihuana porque primero tenía la intención de probar la seguridad que brindaba a la hora de cruzar la frontera. Todos estos movimientos estaban siendo seguidos por los investigadores: el camión tenía sistema de GPS que permitía su monitoreo y también seguían en tiempo real las comunicaciones de los principales protagonistas de la transacción narco.

Finalmente, el Gringo Peña entregó al agente encubierto un bolso azul que contenían 13 ladrillos de marihuana que hicieron un peso total de 12,920 kilogramos y este lo guardó en el interior de la cabina del camión. Previamente, a través de los policías de Narcocrminialidad, habían visto pasar al menos tres vehículos conducidos por otros narcos, entre ellos identificaron al Boliviano César.

El “Boliviano” César Alandi se encuentra actualmente con detención domiciliaria.

Peña le dijo al “camionero” que la droga debía ser entregada en la ciudad de Los Andes a una mujer llamada “Carmen”. Le aportó dos números telefónicos y pidió que, a la hora de contactarla, debía decirle que era “enviado del Gringo” y que cancelarle 1.200 dólares. 

El restante agente encubierto, quien se movilizaba en  otro cambión de carga, también se contactó con un proveedor y coordinaron encontrarse también en la Rodríguez Peña. Ese hombre fue identificado como Omar Pérez Rodríguez. Luego se dirigieron hasta Las Heras y se reunieron con el señalado dueño de la mercadería ilegal, otro reconocido narco mendocino: Luis Rodríguez Andino.

Este hombre, junto con otros cinco sujetos que no fueron identificados en los primeros momentos de la pesquisa, le comunicó al “camionero” que se dirigiera hasta un sector semirural de la ruta 40 y allí cargaron 11 sacos de nailon con marihuana que hicieron en total 259 kilos.

Rodríguez Andino también aportó los teléfonos de los receptores de la droga en Chile y retornó a la calle Rodríguez Peña. Los narcos lo escoltaron con el objetivo de comprobar que no estaban siendo seguidos y luego se retiraron de la escena. Todos los movimientos de la organización eran seguidos de cerca por los investigadores, que ya tenían domicilios marcados y tenían bajo análisis a casi todas las identidades.

Durante la madrugada del día siguiente, ambos camiones partieron hacia Chile con el objetivo de realizar las entregas de los cargamentos, las que estaban siendo controladas por los policías de ambos países. Instalados en Los Andes, se profundizaron los operativos de vigilancia y conocieron gracias a los teléfonos que había aportado el Gringo Peña que uno de los financistas de los cargamentos se encontraba privado de la libertad en el Centro de Cumplimiento Penitenciario de Alta Seguridad de Colonia II, quien fue identificado como David Arturo Carter Zalazar.

Operación Cinabrio, así bautizaron los operativos en Chile.

Así las cosas, “Carmen”, la mujer que debía recibir el bolso de la droga que entregó el Gringo Peña, fue identificada luego como Julia López Donoso. Llegó hasta la zona con otro sujeto cerca de la terminal de colectivos de Los Andes y tomaron contacto telefónico con el agente infiltrado. Pactaron un lugar de encuentro y se juntaron; siempre con todo el procedimiento monitoreado. Una vez que le entregó el bolso con la marihuana, los policías decidieron actuar y lograron la captura de ambas personas.

Por su parte, la segunda entrega controlada se produjo también el 25 de octubre del 2010 en horas de la noche. Utilizando la misma metodología de trabajo, el agente encubierto se contacto con los receptores de la marihuana y coordinaron juntarse cerca del cementerio de Los Andes. Un sujeto llegó en un auto marca Chevrolet para llevarse el cargamento y en ese momento los policías decidieron frenarle el paso.

La investigación en conjunto permitió la captura de ocho personas, entre ellas, el Gringo Peña. Secuestraron casi 272 kilos de marihuana y también dos kilos de cocaína en allanamientos relacionados, además de una pistola y dinero.

De acuerdo con las fuentes, un par de años después el Gringo Peña fue condenado a cinco años y medio de cárcel. Recuperó la libertad luego de cumplir la pena y hace pocos días fue marcado y capturado como principal sospechoso de ser el autor material del asesinato del docente jubilado Eduardo Bertón.

El otro capo narco, el Boliviano César, logró esquivar a los investigadores y quedó con pedido de captura. A principios de julio del 2012, lograron su detención. Tres años después, lo condenaron a una pena única (tenía otras causas) de 8 años de encierro.