La detención hace pocos días de Julio César Alandi Tejerina, señalado jefe narco del Gran Mendoza desde hace más de diez años, no fue menor para los pesquisas de la Policía contra el Narcotráfico (PCN).

Aseguran que sacaron de las calles a uno los personajes con más contactos para el tráfico y la comercialización de estupefacientes en pequeñas y grandes cantidades en Mendoza y también en Chile. “El hombre que sabía pasearse hasta el 2017 en un Camaro por zonas pobres y conflictivas” de Guaymallén, contaron.

El Boliviano César, como lo conocen en la zona del distrito Pedro Molina, y también sus contactos en el vecino país, quedó a disposición de la Justicia federal luego de una investigación de noventa días que permitió el secuestro de más de siete kilos de marihuana y de un kilo y medio de cocaína, además de la detención de una pareja que, prima facie, trabajaba bajo las órdenes del señalado cabecilla de la banda.

Esta nueva causa contra el sospechoso por violación a la Ley de Estupefacientes se suma a otras que se le iniciaron y terminaron en condena en los Tribunales de calle España y Pedro Molina.

Ver también: La caída del “Boliviano César”, el señalado capo narco del Gran Mendoza

Justamente, a principios de julio del 2015, el Boliviano César, nacido el 18 de diciembre de 1976, terminó condenado a la pena única de 8 años de cárcel por el Tribunal Oral Federal Nº 2.

Fue luego de que reconociera en un juicio abreviado que comercializaba sustancias prohibidas con sus socios hacia Chile.

Cuando lo detuvieron, en julio del 2012, Alandi tenía pedido de captura porque lo seguían investigadores de Chile y también de Mendoza.

Por ese hecho, su defensa acordó con la fiscal María Gloria André la pena de cinco años y medio de encierro por comercio y tenencia de drogas.

Como ya contaba con otra condena de cinco años y diez meses de cárcel y había cometido un nuevo delito en libertad condicional, los jueces Héctor Fabián Cortés y Fátima Ruiz López (esta última presidía) impusieron en definitiva los ocho años de encierro más la declaración de reincidencia.

Cuando fue capturado el viernes 27 de agosto, mientras escapaba de una casa de calle Soler, el Boliviano César llevaba poco tiempo de cumplida la pena impuesta por la Justicia federal.

Justamente, había admitido que, hace diez años, se encontraba con diversos personajes de una banda en centros comerciales y planeaban el objetivo traficar una importante cantidad de marihuana hasta Chile.

De las actuaciones que desarrollaron policías que trabajan casos de narcocriminalidad en Mendoza y de la PDI de Chile, surgió que entre el 24 y el 25 de octubre del 2010 se iba a producir la carga de un camión con casi 272 kilos de marihuana para transportarlos al vecino país. El proveedor de los panes fue identificado como Julio el Boliviano César Alandi.

La Justicia federal local ordenó la detención de toda la organización luego de que un agente encubierto designado por las autoridades de la PDI contara en detalle cómo se pactaban y desarrollaban las maniobras en suelo local. Por aquellos días cayeron cuatro acusados (dos hombres y dos mujeres).

El único que logró burlar a los investigadores fue Alandi. Un mes antes, a partir del 17 de setiembre y gracias al análisis de un teléfono celular incautado en alta montaña a dos hombres que traían droga a Mendoza desde Chile, se logró determinar que Alandi se juntaba con un otro sujeto para planificar el tráfico de estupefacientes.

Para diseñar el plan, el Boliviano César hablaba con su mano derecha en la playa de estacionamiento de un supermercado de calle Mazza de Maipú luego de conducir una Mercedes Benz Sprinter y también, tres días después, en el mismo sector pero del Mendoza Plaza Shopping.

Mientras la planificación del transporte de la mercadería avanzaba, los investigadores tenían los teléfonos intervenidos de la mayoría de los integrantes de la organización: “Estuve con el muchacho del transporte escolar, me dijo que había más pibes para la matiné”, detectaron los pesquisas al inferir que hablaban del estupefaciente porque ninguno tenía esa actividad.

De esta forma, una vez que quedó en claro cómo era el modus operandi de la organización, no quedaron dudas de que el proveedor de la marihuana era un “conocido traficante de droga en Chile” –como declararon los pesquisas de ese país– llamado Julio César Alandi.

Pasaron los días y se produjeron las detenciones. Alandi logró escapar pero su estadía en la clandestinidad no duró mucho: el 4 de julio del 2012 cayó en una casa de Los Corralitos, en Guaymallén.

En el domicilio había drogas. Apenas los detectives ingresaron, Alandi aportó una identidad falsa –dijo llamarse Mario Medina– pero nadie le creyó.

Acorralado por las pruebas, terminó reconociendo todas las acusaciones y lo condenaron.

Otra vez

Con el paso del tiempo y luego de haber pagado en prisión la condena que le impuso el Tribunal Oral Federal Nº2, el Boliviano César volvió a ser investigado por la PCN de Mendoza.

Familiares habían sido atrapados con más de medio kilo de cocaína en calles Bravo y Servet de Guaymallén y hace tres meses, una nueva denuncia por el crecimiento de su patrimonio lo instalaron en la agenda de los policías.

No sólo eso, desde hacía meses era nombrado en otras causas que se instruyen en la Justicia federal como capo narco con distribución y llegada a otros personajes dedicados a la comercialización en el Gran Mendoza. Se desarrollaron cuatro allanamientos.

En el primero cayó una pareja identificada como Cristian Valdez y Andrea Farías con marihuana y cocaína. También secuestraron autos de alta gama como un Audi A4 y una Toyota Hilux y, por último, cayó el Boliviano César.

Quiso escapar en una Fiat Toro pero su intento fue demasiado tarde: los policías lo habían cercado. Terminó apresado y siendo llevado a la U-32, el centro de detención federal.