¿Lo mataron por conflictos entre amigos, deudas económicas o drogas? ¿Se fue por sus propios medios a Chile porque debía enfrentar un juicio por una golpiza en Chacras de Coria? ¿Temía ir a la cárcel? Preguntas que surgen desde lo más básico y no tienen respuestas casi 14 meses después. La desaparición la noche del 3 de enero del año pasado de Juan Manuel Martínez Araujo en Luján sigue siendo un misterio y generando preocupación en su familia y círculo más íntimo.
Ni hablar de la Policía y el Ministerio Público, que vienen realizando medidas a través de la fiscal de Homicidios Alejandra Claudia Ríos para tratar de encontrarlo desde que el padre de este joven de 30 años se presentó en la Oficina Fiscal Nº 11 y radicó una denuncia por averiguación de paradero. Los resultados no han sido esperanzadores y el paso del tiempo complica más de que lo puede llegar a beneficiar.
La lista de movimientos en la causa es extensa: declararon decenas de testigos, entre parientes directos, vecinos, novia, amigos más cercanos y hasta personajes que utilizaron la causa por problemas personales. Se hicieron careos por testimonios contradictorios que generaron más confusión que otra cosa. También se presentaron declarantes que dijeron haberlo visto en alarmantes condiciones físicas cerca del Hospital Central a las pocas semanas de iniciados los trabajos de búsqueda. Por eso se solicitaron las imágenes que registraron cámaras de seguridad del efector público pero un análisis detallado no confirmó esa versión.

El Ministerio de Seguridad ofreció una recompensa de 1.350.000 pesos a pedido de los abogados querellantes Franco Migliavacca y Emiliano Marlia y la resolución continúa efectiva. Se ordenaron secuestros y análisis de teléfonos celulares y escuchas a los principales sospechosos que tiene la hipótesis que apunta a un hecho de sangre intencional porque así lo daban a entender algunos testigos aunque poco surgió de la prueba.
Un hombre declaró que creía que Martínez se fue del país por lo que leía en las redes sociales y la familia registró llamados en los que le exigían dinero a cambio de información o su liberación. Y los pedidos y resoluciones siguen, pero poco sirvieron para encaminar la causa hacia esclarecimiento.
Martínez Araujo nació el 3 de setiembre de 1993. Tiene una altura aproximada de 1,70 metros, es de tez blanca y tiene tatuados ambos brazos en uno de ellos se lee el nombre de su hijo, “Franchesco”. Estas características fueron aportadas a la Justicia para ayudar en su búsqueda.
Al momento de su desaparición, era uno de los acusados que tenía la causa por la golpiza que sufrió un deportista de handball identificado como Moisés Agustín Pérez Silva a la salida de una fiesta en Chacras en setiembre del 2021, un caso que tuvo trascendencia mediática porque testigos capturaron el ataque con un teléfono celular.
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La última vez que su progenitor lo vio, salió de su casa del barrio Jardines de Brandsen de Perdriel con un amigo de changas y trabajos de mecánica automotor domiciliado en el barrio Costa Flores conocido como Richard, a las 19 del 3 de enero del 2023. Vestía remera gris clara, bermuda y zapatillas blancas. Un detalle que no es menor en el expediente: no se llevó la billetera ni el DNI.
Una teoría de los sabuesos policiales sostiene que Richard dejó durante la madrugada del miércoles 4 a Martínez Araujo sobre calle San Martín -o ruta 15-, a unos 200 metros del domicilio de su novia, en una garita de colectivos ubicada frente del barrio Juan Pablo II.
Este hombre declaró y señaló que le prestó dos mil pesos antes de despedirlo para cargar combustible de su auto porque al otro día tenían que ir a buscar chatarra en la casa de su madre; agregando que Martínez le dijo que la mitad de ese dinero la iba a utilizar para comprar “papel” (una dosis de cocaína).
A pesar de esto, nunca llevó a esa vivienda de la manzana B. Previamente, estuvieron dos horas tomando unas cervezas con un ex empleador y una amiga en un bar con razón social La Belu.
Otra versión sostiene que Richard nunca llevó hasta la casa de su novia, sino que se dirigió hasta la casa en Agrelo de un joven identificado como Gordo Matías, un sujeto con detención domiciliaria con quien ya había tenido problemas a mediados de diciembre y tendría vinculación con el comercio de sustancias en pequeñas cantidades.
Justamente, se desprende de lo aportado por la pareja del desaparecido, el 17 de diciembre, en un asado, el Gordo Matías había mandado a un sujeto identificado como Fabián a “clavarle un puntazo” a Martínez, pero alcanzó a retirarse del lugar antes de resultar lesionado.
Con estos indicios, la fiscalía ordenó allanamientos en la casa del Gordo Matías y otros inmuebles que frecuentaba Martínez. Hubo secuestros de teléfonos y hallazgo de rastros hemáticos. Creían que estaban frente a una prueba de importancia, pero un cotejo de ADN confirmó que no se trataba de la sangre del joven buscado.

Manuel Domingo Martínez (56), padre del desaparecido, declaró varias veces en la causa para contar cómo fueron los últimos momentos con su hijo y también denunció que lo llamaban desde números privados para exigirle dinero. Detalló que el domingo 12 de febrero, pasadas las 15.15, recibió una comunicación desde un número privado en el que una voz masculina le decía que tenía datos sobre su hijo.
Este personaje desconocido aseguró saber “quién lo había secuestrado y dónde estaba”, solicitando un depósito de 50 mil pesos a cambio de la información. El sujeto cortó varias veces y volvió a llamar. “…me dice que si voy a colaborar me va a dar datos certeros de la gente que tiene a mi hijo, que él también estaba en ese plan pero que se enojó con ellos, se peleó, le pegaron y se abrió del plan”, se desprende de la declaración de Manuel Martínez.

Las comunicaciones siguieron y llegaron hasta un punto de exigencia de 100 mil pesos. Esa no fue la única que vez que la familia recibió este tipo de llamada. Hace pocas semanas, el 21 de diciembre del año pasado, se presentó ante la Justicia la hermana de Martínez, Malena. Se informó que su novia (novia de Juan Manuel) hizo una publicación en Facebook reiterando el pedido de búsqueda y le enviaron una imagen desde un perfil identificado como “Carrillo Alex”.
“Le mandaron una foto de mi hermano donde dicen que lo conocen, así que mi cuñada habló por el privado, ella le puso ‘de dónde sos, cómo conseguiste esa foto’; el pibe le contestó ‘eso no importa, tengo algunos contactos’”, declaró. Y agregó: “El pibe le pone ‘yo soy el único medio para que él regrese o no regrese’”. Luego de continuar la charla, le dijo que tenía contactos en Argentina y le exigió cuatro millones de pesos o cinco mil dólares cambio de información.
Estas y otras situaciones extrañas o insólitas se repitieron a lo largo de la investigación. La misma hermana de Martínez declaró meses antes que se le acercó una chica “petiza de pelo colorado” mientras circulaba en colectivo 765 luego de salir del trabajo y le confesó que su marido conocía a Richard porque eran vecinos.
Agregó que este hombre, señalado como el último que tuvo contacto con Martínez, estuvo tomando alcohol con su pareja y “le confesó que había matado a Juan cuando habían ido a hacer plata a los cables”, en referencia a algún acto delictivo con la sustracción de ese elemento para la obtención de cobre.
También se registró el caso de un hombre que llamó sin brindar sus datos personales al 911 el 12 de febrero, cuando la investigación llevaba poco más de un mes, y aseguró que “sabía dónde se encontraba escondida la mujer que es autora del homicidio del ciudadano que tiene pedido de paradero en zona de Perdriel”, interpretando la policía que hacía referencia al paradero de Juan Manuel Martínez.
El número de teléfono quedó registrado. Y en Investigaciones hicieron captura de la foto de perfil de WhatsApp. Lo identificaron a las pocas horas y tuvo que ir a declarar. Fueron varios los testigos citados por esta llamada, entre ellos, la esposa del sujeto que llamó al 911, quien terminó asegurando que fue “una pelotudez” que se produjo durante una pelea que mantuvo con él. “Fue porque estábamos peleando, y él hizo esa llamada como diciendo que iba a decir que yo era la que había matado al pibe, me lo hizo como una amenaza porque estábamos peleando, ha sido todo mentira”.
Luego de varias idas y venidas y un par de declaraciones, el hombre confesó que se trató de una broma. “La verdad es que fue una joda. Realmente pido mil disculpas a todos ustedes; sentí mucho miedo. Uno no entiende las cosas de la Justicia. Tengo ganas de llorar de impotencia, estoy arrepentido, me siento como un pelotudo, con mis amigos, con todo esto. Nunca vi al chico en mi vida”.
Así las cosas, con este tipo de situaciones ocurridas en medio del dramático momento que atravesaba la familia, el caso continúa en proceso de instrucción pero las esperanzas se desvanecen con el paso de los días. Lo que sí, trascendió que podrían solicitarte nuevas medidas si surgen pruebas que lo ameriten.
