“Trabajé de gobernador”, había dicho un rato antes Rodolfo Suarez, su inmediato antecesor en el cargo y en un estado de emoción a punto del quiebre cuando se despedía del pueblo en la explanada de la Casa de Gobierno. Cuando le llegó el turno en esa inédita segunda asunción al frente del gobierno, Alfredo Cornejo pareció marcar ciertas diferencias: “Me hace feliz el servicio público y no paso factura por lo que he resignado; no es de profesional dejarse llevar por las emociones personales”.

Un Cornejo recargado y reconfigurado respecto de aquel que en el mismo lugar que este sábado, pero ocho años atrás, conquistaba la gobernación y recuperaba para el radicalismo y sus socios una provincia que venía de estar conducida por dos mediocres gobiernos peronistas. “Me conocen; saben que juego fuerte”, fue su advertencia al mundo del hampa cuando se refirió brevemente al gran lío de la inseguridad, pero la frase explica por sí sola el abismo que lo ha separado del resto de los gobernadores del nuevo milenio, incluso del que acaba de finalizar su mandato para convertirse, vaya ironía, en el que finalizará su mandato de Senador nacional, cargo que deja trunco para volver al Ejecutivo mendocino cuando le restan cuatro años en la Cámara Alta.

Todo indica que hay una comunión entre lo que mayoritariamente eligió el electorado para conducir la provincia con el que terminó siendo el elegido. Ese “sé leer y también interpretar por qué he ganado”, ha dejado traslucir, al menos en el arranque y en el inicio de la luna de miel, un estado de seguridad y de conocimiento sobre las demandas del momento que no suelen ser común. El Cornejo en segunda versión no ha tenido prurito alguno en identificar casi una a una las deficiencias que tiene la provincia que recibe, ya fuera por la macroeconomía, es decir por ese estado deplorable en el que ha caído un país que avanza este domingo hacia destinos inexplorados con Javier Milei, y también por una gestión de gobierno, la de su antecesor, que no se animó a ir un poco más allá del estado de confort en el que quedó tras una administración correcta y acertada de la pandemia. Pero no mucho más, lo que terminó haciendo más visibles las carencias que el mismo Cornejo no logró doblegar en su primer tiempo y que se fueron agravando con el paso de los cuatro años de Alberto Fernández en la nación repercutiendo doblemente más grave en la provincia por sus características particulares que requieren para su bien funcionamiento un estado de estabilidad y tranquilidad económica, sin regulaciones, cepos, discriminaciones varias e intervenciones innecesarias.

Desde el vamos, Cornejo aprovechó el nivel de expectativas que genera el arranque de su segundo mandato, para intentar explicar qué debiesen hacer los gobernadores de Juntos por el Cambio (diez en total, con Mendoza) con un Milei que ganó con suficiencia el balotaje, pero que dependerá de aliados, de su muñeca política y de sus dotes de negociación y buena dosis pragmatismo, la salida parlamentaria al paquete de leyes con el que intentará hacer los cambios radicales y de fondo que prometió y con los que consiguió imponerse en las elecciones e inaugurar una nueva era en la Argentina, necesaria y desconocida a la vez.

El triunfo de un Milei que fue votado por 7 de cada 10 mendocinos, ha animado, sin lugar a dudas, a un Cornejo a profundizar su perfil reformista, pero también con cierta diferencia como lo ha dejado marcado con Suarez. “No sólo no vamos a detener la obra pública, ni la provincia dejará de invertir en ella, sino que la vamos a incrementar”, dijo en un pasaje de su discurso ante la Asamblea Legislativa, sino que además y hasta con cierto grado de satisfacción personal, fue categórico al señalar el abismo que ha separado a Mendoza de otras provincias que han vivido asistidas por la nación mientras esta provincia fue sistemáticamente dejada de lado por el cuarto kirchnerismo que condujo Alberto Fernández: “Es ahora cuando se apreciará cuál de todas las provincias hizo bien las cosas, frente a las que no”. Toda una frase que pinta de cuerpo entero dónde sigue parado y dónde estuvo enfrentado y enfrentando al kirchnerismo. Otra vez en sintonía fina con la mayoría de una provincia que viene rechazando de plano el modelo empobrecedor y de dispendio fácil de las cuentas públicas al que también el país, en esta oportunidad y como fuera en el 2015, ha decidido sacarlo del mayor juego.

Dejando la cautela de lado, Cornejo se ha presentado este sábado dispuesto a conducir y liderar el hastío, la indignación, la bronca y la oposición a lo que ha venido impuesto por años. Eso ha marcado otra rareza del momento y de los nuevos tiempos. Sé que están pensando y sé lo que necesitan que haga el Estado y lo vamos a hacer; y teniendo en cuenta que tratamos entre adultos, sabemos que si la macroeconomía no cambia será muy difícil. Pero si en caso le va bien, a Mendoza le irá bien en todos sus aspectos porque este pueblo sabe de sacrificios y de méritos, pareció decir Cornejo con otras palabras, en una suerte de endulzamiento mutuo de oídos con parte de la sociedad que esperaba de su gobernador que hablase casi tanto igual o cercano a como lo hizo en el acto de asunción, en línea con “ese mensaje atronador de un cambio de modelo económico”, como dice haber interpretado el resultado de todos los procesos electorales que se han tenido en el año: un Estado en función de los privados, los millones de dólares de Portezuelo para obras que potencien la eficiencia en el uso del agua y de la energía; obras públicas en función de una economía en estado de transición de la producción de bienes a servicios de calidad y de otra generación; un sistema de seguridad pública en donde el que las hace las paga; un cambio integral y general persiguiendo la internacionalización de Mendoza y la afirmación al final de un día de alto impacto de saber, según sus propias palabras, de por qué lo votaron y de tener la esperanza de poder estar a la altura de lo que se espera de él. Toda una definición y una postura desprovista de falsas modestias. Toda una apuesta de doble contra sencillo, con suele decir el propio Cornejo, con la diferencia de que el sencillo que tiene enfrente, como lo tiene Milei y lo tiene el país en su conjunto, podría ser una caja de sorpresas gigantescas, y que podrían conducir tanto al cielo como al infierno en un santiamén.