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Se difundió como una humorada política, convertida en stickers, viralizada a la velocidad de un rayo en la mayoría de las redes sociales, hoy colonizadas por el humor político pre electoral. Era un listado de preguntas simples, concretas y directas, todas dirigidas imaginariamente a Sergio Massa, el candidato del oficialismo que viene de ganarle por robo el debate a Javier Milei, el crédito libertario y opositor y al que abrumó casi al borde del colapso con esa metralla de preguntas que su adversario debía responder “por sí o por no”.

Extraídas de la brutal realidad económica que mantiene enfermo al país, el interrogatorio que fue de wasap en wasap, buscó claramente enmendar la falencia de Milei, el que extrañamente no pudo o no quiso aprovechar una coyuntura que claramente en la previa le jugaba a favor para desenmascarar a su rival oficialista.

“Por sí o por no: ¿aumentó la inflación? ¿te alcanza el sueldo? ¿aumentó el dólar? ¿faltan insumos en los hospitales? ¿aumentó la pobreza? ¿te sentís inseguro? ¿podés pagar el alquiler? ¿ahorrás? ¿soltaron a presos, violadores y asesinos?”, fueron las preguntas que se escribieron y se lanzaron al mundo incontrolable de las redes.

Pudo haber sido, también, una respuesta justiciera para los que se quedaron con las ganas de que los temas reales fueran abordados en un debate que los ignoró, probablemente, por la picardía, sagacidad y viveza de un Massa que sacó a relucir todas sus dotes de maestro en eso de las poses, de los tonos y del arte de eludir los peores obstáculos y amenazas casi sin despeinarse. La pregunta del millón: ¿cuánto de lo que se vio el domingo a la noche le jugará a favor o en contra a quien dominó la escena? Recién podrá ser respondida con absoluta certeza al final de la elección que ya la tenemos, al fin, encima. Sólo hay que manejar y administrar la ansiedad que, seguramente, irá en aumento para todos.

Nadie sabe muy bien por qué motivos Argentina ha llegado al punto en el que está y es hasta posible que pasen años, como el tiempo que todo cura, sana y explica, para comprender las razones que interpreten por qué el electorado quedó entrampado, como se viene diciendo, entre el fuego y las brasas, entre Frankenstein y Drácula, entre lo salado y lo agrio.

Este lunes, parte de alguna prensa internacional ocupada en la Argentina y en su proceso electoral pasaba revista a esta situación, de hechos inéditos y patas para arriba a la que le damos aire en el país. Un Milei que por momentos parece hacer agua por todos lados, que da indicios de inestabilidad y algo de confusión al momento de definir las prioridades del país y a las que debiera enfrentar desde el lunes que viene nomás, en caso de imponerse en la elección, y un Massa que desde que asumió no sólo no logró estabilizar los indicadores básicos de la economía, sino que consiguió surfearlos y describirlos como candidato y no como responsable, en lo que le toca, del proceso de degradación.

Por alguna razón extraña, Milei no se valió de lo que ha venido sucediendo, por caso, desde el 3 de agosto del 2022, cuando Massa se hizo cargo de Economía hasta este momento. Usando el mismo método con el que casi lo deja grogui su rival, Milei podría haber dado sólo datos y ni siquiera esperar una respuesta reveladora de la otra parte.

¿Y qué ha pasado? Veamos: en julio del 2022 la inflación del mes fue de 7,4 por ciento; en setiembre pasado del 12 por ciento, mientras que la de octubre ha reflejado 8,3 por ciento, justo conocida este lunes con un acumulado anual de 142 por ciento.
La pobreza ha trepado a 43 por ciento, con casi 20 millones de pobres a razón de 9.000 nuevos pobres por día, de acuerdo con la cuenta que realizó y publicó el economista Fernando Marull, pocos días atrás. Desde que Massa tomó el control de la economía del país, casi todos los indicadores, al menos los más sensibles, treparon por arriba del 100 por ciento, una situación que no ocurría desde 1992.

Otros datos de la cruda realidad, tomados desde la base de datos del INDEC y del mercado, independientemente del número inflacionario del lunes: en julio del 2022 el dólar blue cotizaba a 282 pesos y ayer se registraba en 925 pesos; la deuda pública en dólares al mismo julio del año pasado era de 380.760 millones, mientras que a comienzo de mes reflejaba 395.000 millones; la deuda en pesos, pero reflejada en dólares, ha sufrido un incremento mayor al 50 por ciento casi: de 67.452 millones de dólares ha pasado a 102.353 millones. Más datos de una Argentina que duele: en julio del 2022 el kilo de asado valía en promedio 1.075 pesos y hoy oscila los 2.500; el pan 327 pesos a los 861 de hoy; el azúcar de 173 pesos a los 830 de la actualidad; la papa, de 91 pesos a los 539 de hoy; los fideos, de 139 pesos a los 347 de hoy y qué decir de los combustibles, asunto que brilló por su ausencia en el debate. En julio del 2022 la nafta súper costaba 120 pesos a los 306 de hoy o la Premium de YPF, que de 147 pesos pasó a los 388 de ayer.