Si la dolarización fuese la solución a los problemas de las economías inestables e inflacionarias como la de Argentina, el mecanismo se hubiese usado 150 veces. Así resumió, años atrás, Raúl Baglini, el recordado autor del teorema que lleva su nombre, y que por estas horas se recuerda frente a los dichos de Javier Milei en torno al peso y el dólar y a la mala opción de ahorrar en la moneda argentina.
Los amigos del Gordo, recordado por sus intervenciones en el Parlamento nacional durante los tensos y acalorados debates sobre la deuda externa en los 80, dejaron trascender el audio de casi tres minutos en los que Baglini desestima la dolarización como método para conducir la economía del país, enumerando un par de argumentos más que razonables, en los que, además, puntualiza la debilidad común que tuvieron el plan Austral –instrumentado en el gobierno de Raúl Alfonsín– y el de la Convertibilidad, de Carlos Menem y Domingo Cavallo. El mentado audio data del 2018, grabado en un encuentro de entrecasa, con la familia, conocidos y amigos de Baglini.
Baglini falleció hace más de dos años y medio, en enero del 2021. Sin embargo, su punto de vista en torno a la dolarización de la economía es de una actualidad impactante y absoluta, porque contiene, además y como plus, una advertencia imposible de soslayar, más cuando el debate de la campaña electoral camino a la Presidencia ha girado en torno a la dolarización lisa y llana que ha propuesto implementar, de llegar al gobierno, Javier Milei. Para Baglini, planes o programas como el de la dolarización y sus parecidos, como el de la Convertibilidad, no son eternos, y a lo largo de su implementación necesitan correcciones, las que no se hicieron en los dos planes argentinos de estabilización, según sugiere.
“Como plan de estabilización, la dolarización es fenomenal”, decía el ex legislador nacional mendocino. Y, de inmediato, agregaba que el tomar una moneda fuerte, el dólar, de un país fuerte y motor de la economía mundial, como Estados Unidos, al poco tiempo de ser implementada el país comenzaría a perder en la carrera de la productividad por no poder seguirle el ritmo a Estados Unidos o bien a otras naciones similares en cuanto a su influencia mundial, como Japón y Alemania, indicaba como ejemplo. “La moneda de tu país (por el peso) se transforma a otra que tiene una productividad muy superior a la tuya. Y, a futuro, la perspectiva es que esa productividad crezca en función a la tuya. Con lo que llega un momento en que tu país pierde productividad aun teniendo la misma moneda, te suben todos los costos por la falta de competitividad y llega un momento en que no se le vende nada a nadie y se le compra todo a todos”, decía Baglini.
Además, en su explicación, contraria en general a la adopción de una dolarización lisa y llana, Baglini sostenía que el método no se extendió entre todas las naciones con problemas similares porque se dieron cuenta de que cuando se ingresa al sistema, “no se puede salir”, según su punto de vista, porque no aparece la oportunidad jurídica ni económica ni política para conseguir desembarazase de la misma cuando aparecen, eventualmente, los inconvenientes.
Baglini recuerda que en la historia más o menos reciente del país hubo dos momentos en los que un plan económico logró derrotar al aumento sostenido de los precios, la inflación. Fue durante el Austral de Alfonsín y el de Convertibilidad. Sobre el plan radical sostuvo que logró su objetivo durante un tiempo, mucho más breve que el del menemismo, “porque tenía los gremios jodiéndolo todos los días”; y sobre el de Menem dijo que “no duraba más de lo que duró y, cuando asumió De la Rúa (1999), la Convertibilidad estaba muerta”. Pero rescató, de ambos, que, con sus particularidades, lograron frenar “la inflación residual detrás del plan que destrozara el tipo de cambio”.
A la par de las advertencias, de las buenas y de las malas de los planes como el de la dolarización, Baglini recuerda otro mecanismo que ha estado en danza, también, por esos días, como el anclar el tipo de cambio, fijar el precio del dólar a un valor determinado e inamovible: “Sí se ha usado como plan de estabilización”, dijo sobre tal método, pero observando, a la vez, su relatividad “porque la inflación sigue”.
Un Raúl Baglini lúcido y más actual que nunca, contenido en dichos de cinco años atrás, sobre uno de los temas más complejos y controversiales de uno de los países más locos del mundo.
