Está claro que Javier Milei ha sido esa válvula de escape encontrada hasta ahora por una mayoría de argentinos que parece haber dicho “hasta acá llegamos, que explote todo si tiene que explotar, pero así como venimos no seguimos más”.

¿Esa mayoría se está preguntando por lo que viene? ¿importa, acaso? Es tan fuerte el fenómeno que ni en el oficialismo K, ni en la oposición tradicional representada por Juntos por el Cambio descartan ser derrotados en primera vuelta por el libertario. Y todo por razones y explicaciones objetivas determinantes: el gobierno no consiguió ni tan siquiera enderezar lo mínimo de todo lo malo que había heredado al punto tal que empeoró todas las variables y los indicadores, sociales y económicos básicamente.

Y un Juntos por el Cambio que, teniendo todo en sus manos a comienzos del año electoral para quedarse con el botín presidencial en juego, no paró de cometer error tras error, empezando por ir a esa PASO que le dejó heridas tan profundas que lo desgastó y lo hundió como opción; y que, lejos de potenciarlo, movilizarlo, darle volumen y competitividad lo encuentra hoy peleando con Milei, desenfocado, tratando de salir del mote de segunda copia opositora, lugar a donde el libertario lo ha relegado.

Las elecciones en Mendoza, como bien sabe el elenco que gobierna la provincia y que dirige los movimientos de Cambia Mendoza, las ganan y las pierden los oficialismos. Y si en la nación hay humor de cambio y mucha sensación de fin de ciclo del kirchnerismo, ¿cuánto de todo ese clima no ha podido, quizás, prender y extenderse en la provincia hasta envolverla en una atmosfera similar convirtiendo a todo un gobierno en un atado de nervios, torpe, confuso, falto de sintonía y timing?

Al gobierno de Rodolfo Suarez y de Alfredo Cornejo, el candidato, le quedan dos semanas para alejar el fantasma que se apoderó de la nación: el del que se vaya todo al demonio. Porque no hay nada que hoy le garantice tener en el bolsillo un triunfo tan anhelado y esperado por los radicales para empardar la marca del peronismo de aquellos tres gobiernos al hilo de los 90, y de encumbrar a uno de sus ex gobernadores (Cornejo) por segunda vez en el máximo podio institucional de la provincia, situación inédita hasta ahora.

Si bien tiene un par de encuestas testigo –ya conocidas y difundidas–, que le estarían adelantando un triunfo, es visible la preocupación oficial por la siempre latente aparición de una sorpresa.

Hay factores que alimentan la duda, porque la nación está envuelta en ese halo de que cualquier cosa puede ocurrir. Y aunque no hay indicios de la existencia de un Milei mendocino entre los referentes de la oposición que pueda encauzar el fastidio, la impotencia y la frustración por los diez años de decadencia de la provincia, la elección se podría perder por desgaste y porque la administración no consiguió encantar, ni mucho menos seducir al punto que no se habrían marcado tantas diferencias entre la experiencia de quienes gestionan y ponen el gobierno en juego y lo que hoy puede estar ofreciendo su inmediato perseguidor, Omar de Marchi, de La Unión Mendocina.

En todo caso, la competencia que se estaría librando, como se ha dicho otras veces, no se está dando en el campo de la calidad, la cantidad y la creatividad. Está claro que no. Doloroso e innecesario sería describir lo que todo el mundo ve en cada día de campaña.

Estos últimos días hasta la elección, concentrarán todo el poder de fuego que ha logrado reunir el gobierno de Suarez con el objetivo de asegurar la continuidad. A la ausencia de un plan estratégico, se le responde con lo que podrían ser, los motores de ese impulso hacia algo nuevo y revolucionario para la provincia.

Paradójicamente, la próxima administración se encontrará con recursos sin que se tenga en claro qué hacer con ellos. El Baqueano en vías de concreción, los 1000 millones de dólares de la cuenta que se había previsto para la construcción de Portezuelo del Viento y la firma del contrato con el grupo que operará la mina de sales de potasio en Malargüe, le otorgan al sucesor de Suarez herramientas impensadas. Sobre el futuro del yacimiento de sales, Suarez se prepara para anunciar que de acuerdo con la selección que hiciera la Unión de Bancos Suizos (UBS), su gobierno estaría en condiciones de cerrar un pacto con la Compañía Minera Aguilar SA, la que conformó su propuesta con socios brasileños y de la que forma parte el grupo Integra del mendocino José Luis Manzano. Y fuera de carrera habrían quedado Corporación América del grupo Eurnequián y la compañía local Ekom, la que había conformado su oferta con capitales e inversores de Medio Oriente.  

En fin, para saber muy bien qué hacer con todo eso que se avecina, un buen ámbito pudo haber sido el Consejo Económico, Ambiental y Social (CEAS), el que navegó en la intrascendencia y en la flojera durante casi dos años.

Debate sobre qué hacer con Mendoza es lo que ha faltado y lo que no ha existido en la campaña. Por eso mismo se llega casi al final sin nada muy claro, mucho menos el resultado de una elección que podría cubrirse –es el temor del oficialismo– de esa sensación nacional de cambiar por cambiar, si lo que hemos tenido, en todo caso, no nos ha dado nada de nada. Por el contrario, sólo sufrimientos y vejámenes.

También es cierto que las recientes elecciones departamentales en los siete distritos que desdoblaron ratificaron sus gobiernos, sus oficialismos. Visto por ese lado, en el gobierno interpretan lo ocurrido como un reflejo de lo podría ocurrir en dos semanas en la provincia. Pero nunca se sabe. El clima está raro, y es lo que observa por sobre todo un Cornejo desconfiado frente las encuestas, más cuando le acercan que Patricia Bullrich no termina de arrancar en una Mendoza que aporta a su candidato a vicepresidente, Luis Petri y un Milei que no para de afianzarse en el mismo territorio en el que viene de ganar, en la PASO nacional, con ese sorprendente casi 45 por ciento.