La reanudación de la campaña del miedo por el lado del kirchnerismo, en el poder, tras el sorprendente triunfo de Javier Milei, ¿les restituirá a sus fuerzas la esperanza de mantenerse en un poder del que parece habría comenzado a divorciarse y a perder desde el domingo? Todo indica que no. Sin embargo, a poco de conocer los resultados provisorios de la elección que dejaba tercero al Gobierno, detrás del libertario y de Juntos por el Cambio, en la misma noche del domingo, Sergio Massa –en su doble rol de ministro y candidato– no asimiló, reaccionó. Y, quizás, no lo hizo de la mejor manera. Massa golpeó enojado: de seguir votando de esa manera, el pueblo perderá derechos. Y, pocas horas después, el eternamente inefable Aníbal Fernández cerró con un: “Van a tener muertos y sangre”.

La emoción violenta que pudo haber contenido el voto por Milei de parte de ese tercio de argentinos que en las PASO convirtió al liberalismo –como espacio de ideas–, en el más votado de todos, se trasladó al oficialismo convertido en el más peligroso de los reactivos.

El enojo con los votantes nunca ha sido el mejor de los caminos para comenzar a asimilar una derrota. A Mauricio Macri le ocurrió lo mismo tras perder las PASO del 2019. Cuando salió del estupor y comprendió que en democracia no hay otra vía más efectiva, legítima y directa que no sea la del voto para expresar el descontento, pudo luego recuperar, para la siguiente elección, casi la mitad de los puntos perdidos. No le alcanzaría, pero Macri y los suyos ofrecieron una buena clase de recuperación hablando, explicando y dando muestras de haber entendido el fenómeno que estaba ocurriendo con el clima y humor social.

Si el oficialismo insiste, de ahora en más, a medida que está bajando la espuma del golpe electoral de Milei, en ese tono de advertencia con el que les está hablando a electores, quienes, seguramente, antes pudieron haberlo votado, estará más cerca de encontrarse con otro fracaso que con una reversión de la historia que hoy lo está atormentando.

Porque, ¿de qué derechos perdidos estará hablando Massa señalando a Milei? Necesariamente, el ministro, para recuperar las chances y convertir en competitivo a su gobierno, deberá diseñar otro libreto de campaña desprovisto de la animosidad demostrada el domingo, con una dolorosa derrota caliente entre las manos.

Hace tiempo que los argentinos han perdido derechos. A millones se les ha dicho que quien hoy está gobernando es el único que puede garantizarles acceso a la salud, la educación, la vivienda, a un trabajo digno y a una vida tranquila en un país de realizaciones. Y, una y otra vez, tal discurso resultó ser el arma más efectiva para activar una maquinaria electoral que por tiempos se ha creyó invencible, hasta que el Cambiemos del 2015 demostrara y sacara a la luz las debilidades del relato.

Hoy es Milei el que sacó a relucir todas las contradicciones de un oficialismo que vuelve a decir que con otra idea no habrá acceso a las cuestiones básicas que se perdieron hace tiempo en una constante decadencia que ni siquiera Massa, desde un año al frente de la economía del país, ha logrado frenar.

Milei, por su lado, ha sido el que con más claridad ha visto el nuevo escenario abierto desde el domingo, ayudado, claro está, con el rimbombante triunfo. Ha creído ver el espanto en quien gobierna y la preocupación de una oposición, como la de Juntos por el Cambio, que imaginaba un camino menos complejo que el que tiene por delante tras la elección. Hay que recordar, y tenerlo bien presente, que la coalición entre el macrismo y los radicales intuía, equívocamente, ahora, ya todos lo sabemos, que quien ganara la interna entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich tenía un boleto comprado a su nombre hacia la Presidencia. El mensaje de la sociedad también ha tenido como destino a Juntos por el Cambio, sin duda. Esa sociedad es, parece decir el votante del domingo, parte de la política vinculada con el fracaso estructural claramente.

El retraso de la aplicación de las transformaciones no ha hecho otra cosa que darles vida a las crisis interminables en Argentina. Y Milei, hoy el mejor acomodado para ser la cara del recambio y del giro que pide el país, lo ha ratificado en el día después del batacazo. Por qué cambiar, ¿si acaso el bajar impuestos, eliminar el costo de la política, terminar con el cepo, sincerar la debacle del peso que lo ha convertido en un alma en pena entre las monedas de la región, no es lo que está reclamando la mayoría de los votantes? Hay, sin embargo, algún dejo de duda, pero más bien a futuro; cuestiones que serán una preocupación para un poco más adelante, si es que el libertario finalmente gobierna el país. ¿Para qué adelantarse? Un sinsentido.