La historia de la Camilita se viralizó por todo el país hace poco más de un mes, después de que El Sol reveló que vendía contenido erótico desde la cárcel de mujeres de Cacheuta. Se hablaba de un caso de “OnlyFans tumbero”, haciendo referencia al lugar donde la joven de 22 se encontraba privada de la libertad.
Las autoridades del Servicio Penitenciario registraron su celda y le quitaron el celular a las pocas horas de la publicación, a raíz de la polémica que generó la actividad de trabajo sexual virtual (TSV) intramuros de la mujer, que se encontraba acusada por un asesinato.
Pero eso no evitó que Camila Sofía Ibarra Salazar siguiera comercializando fotos y videos “hot” a través de su perfil de Facebook. Y tampoco dejó de hacerlo después de que este miércoles recibiera una dura condena en su contra.
La Camilita debía enfrentar el juicio oral y público en su contra por el crimen durante un asalto de Marcos David Figueroa, un presunto proxeneta que dirigía un prostíbulo clandestino en Ciudad y recibió un balazo en la cabeza.
Por ese crimen, ocurrido en mayo de 2020, Ibarra fue detenida como la planificadora del golpe y las pruebas en su contra fueron contundentes. Debido a esto, prefirió acceder a un juicio abreviado final, en el que su defensa acordó la pena con la fiscal de Homicidios Claudia Ríos.
El juez Ramiro Salinas homologó el acuerdo entre las partes y dictó un castigo de 13 años y cuatro meses de encierro para la joven. En la audiencia, también le dieron la misma pena a una de sus cómplices, María Fernanda Albares.
Pese al fallo que extendió por un buen tiempo su estadía en prisión, Ibarra no tardó mucho en volver a conectarse a las redes sociales para ofrecer su “picante” material.

Poco menos de seis horas después de ser condenada, a las 20.50, publicó una historia exhibiendo sus partes íntimas (cuidadosamente tapadas con emojis) y en la que se aprecia: “Venta de contenido super hot”, rezaba el texto debajo de su foto.
En los días previos al debate, la historia fue la misma. Casi a diario la Camilita hacía publicaciones con alusión hacia su material erótico. Incluso, se burló de un usuario que la contactó con intenciones de exponer públicamente que continuaba con la actividad que la metió problemas en el penal.
“Ya saqué todas las capturas. Ahora las paso. Chau. Te lo advirtieron”, le dijo esa persona en una conversación de WhatsApp. Pero a Ibarra poco le importaron esas “amenazas” y las publicó en su perfil con la respuesta: “Ni vida jaja. Envidioso, está celoso”.

Justamente, ese mismo día le anunció a sus seguidores que volvió a tener celular y, por ende, podían contactarla por la citada aplicación de mensajería: “Tengo wsp puuueess (sic)”, posteó.
Así las cosas, quedó en evidencia que nada parece evitar que Camila Ibarra comercialice su contenido “hot” en las redes mientras continúa en situación de encierro: ni la exposición pública, ni el Servicio Penitenciario y mucho menos una condena en su contra.
Crimen en el “bulo”
Corría la siesta del domingo 31 de mayo de 2020 cuando Ibarra, Albares, Martín Ezequiel Saravia y tres menores de edad se habían reunido en el barrio San Martín, en el oeste de Capital.
De acuerdo con la investigación, la Camilita les propuso a sus amigos ir a robar a un prostíbulo clandestino de calle Patricias Mendocinas. La joven había ejercido el trabajo sexual meses antes en ese lugar, por lo que conocía cómo se movían y dónde guardaban el dinero de la recaudación.
El grupito puso su plan en marcha y llamó a dos remises truchos para viajar hasta el complejo de departamentos localizado entre el Barrio Cívico y el microcentro mendocino.
Cuando llegaron toda la banda, los cuatro varones descendieron de uno de los autos. Las chicas, por su parte, quedaron en el otro vehículo haciendo de campana.
La reconstrucción señala que los malvivientes irrumpieron en el departamento en el que estaban Figueroa y tres meretrices y las atacaron.
Apuntaron contra las víctimas con armas de fuego y les exigieron el dinero de las ganancias del fin de semana. Sin embargo, no había dinero porque no tenían clientes a raíz de las restricciones que regían por aquel entonces, a raíz de la pandemia del Covid-19.
Ante eso, los asaltantes decidieron cargar algunos bolsos con ropa, las zapatillas que vestían las víctimas y los pocos elementos de valor que encontraron en el departamento.

Acto seguido, se dieron a la fuga con el modesto botín y trataron de subir rápidamente a los remises que los esperaban en la calle. Sin embargo, el plan no fue perfecto: mientras atravesaban el pasillo de salida, Figueroa alcanzó a uno de los asaltantes y lo tomó por la espalda.
Se trataba de Nicolás Adrián Hernández Albares, quien actualmente tiene 18 años, pero en ese momento era menor.
Allí se inició un forcejeo entre el sindicado proxeneta y el adolescente, en el que este último sacó una pistola que tenía escondida en una pantorrilla, debajo del pantalón, y le dio un disparo en la frente a Figueroa.
La secuencia quedó filmada por una cámara de seguridad del complejo y sirvió para identificar a los autores, tal como reveló este diario.
El hombre, de 30 años, cayó al piso y Hernández pudo escapar. Cuando los médicos llegaron a la escena, constataron que había perdido masa encefálica y lo trasladaron de urgencia al Hospital Central.
Pero nada se pudo hacer para salvarle la vida a Figueroa, ya que ingresó con muerte cerebral al nosocomio de calle Alem. Cerca de las 20 de ese día, dejó de existir.
Con el paso de los días y las semanas, algunos de los integrantes de la banda que perpetró el asalto fatal fueron cayendo y otros se entregaron.
Dos de los sospechosos, de 15 años, quedaron en libertad por ser inimputables. Hernández fue alojado en el ex Cose -al tiempo se fugó- y los tres mayores pasaron a prisión.
El primero en ser condenado fue Saravia, quien también acordó un juicio abreviado y recibió una pena de 15 años de cárcel. Ahora, sus dos compañeras corrieron con el mismo destino y el caso quedó cerrado.
