Cambia Mendoza sólo sirve si le cambia la vida a la gente de verdad. La unidad para seguir haciendo lo mismo, no sirve. Y Mendoza necesita recuperar el liderazgo regional que perdió hace una década”, se lee en una carta que el presidente del Pro Mendoza, Álvaro Martínez, firmó el último fin de semana anunciando que el partido no acudiría a una cita del radicalismo para comenzar a delinear la estrategia electoral del 2023.

Sólo ese párrafo de poquitas líneas y palabras contiene quizás la más dura crítica que los amarillos, el partido de Mauricio Macri, Patricia Bullrich, Horacio Rodríguez Larreta en la Nación y Omar De Marchi –el máximo referente en Mendoza–, le hayan realizado en muchos años a sus socios radicales, los que dominan a gusto el gobierno y la marcha de la coalición y, también al liderazgo de Alfredo Cornejo y a los resultados que ha recogido hasta ahora la administración de Rodolfo Suarez.

Suarez, ayer en LVDiez, ha minimizado la embestida de De Marchi y del Pro. Siguiendo el tono y la línea de sus últimas respuestas o reacciones frente a críticas parecidas, ha sugerido que tales declaraciones responden a un movimiento lógico del Pro de cara a la conformación de las listas de candidatos del año próximo y ha intentado cerrar el entredicho aventurando que un posible proceso interno, unas PASO quizás, terminarían por resolver las cosas. Suarez está convencido, como también Cornejo en la más profunda intimidad de que, en el Pro, por ahora, no hay ánimo de asumir una contienda electoral frente al poderío que los radicales despliegan en todo el territorio. Pero, nunca se sabe.

En este caso especial, esas líneas en la carta que ha firmado Martínez y que, sin duda alguna, si no fue escrita por De Marchi, cuando menos auscultó párrafo por párrafo y letra por letra, han tenido el efecto de una ráfaga lacerante contra el gobierno. Es cierto que el Pro, en Mendoza y para Cambia Mendoza, puede que sea visto y entendido como un socio más con poder simbólico que fáctico. Pero no es lo mismo que desde adentro ya se esté afirmando que desde que se llegó al gobierno, varios años atrás, no se le ha cambiado la vida a la gente. Porque es eso lo que dice la carta y, además, sugiere que el radicalismo –el Pro demarchista le apunta directamente a Cornejo, aunque no lo mencione– está dispuesto a seguir haciendo lo mismo y, en ese caso, “la unidad no sirve”. El resto de ese párrafo explosivo es más una chicana cuando se afirma que se ha perdido el liderazgo regional. Una mojada de oreja innecesaria. Hace tiempo que Mendoza, como motor económico del Oeste, ha dejado de brillar.

Por ahora, los radicales prefieren no darles crédito a las advertencias del Pro. Básicamente, porque el diputado nacional ha amenazado con romper todo en reiteradas oportunidades sin llegar a hacerlo. Sí, esos amagues, le han permitido forzar negociaciones por espacios en la Legislatura y en algunos concejos deliberantes con algún grado de éxito. Ha llegado hasta ahí. Para conseguir más, como lugares concretos en el Ejecutivo, como ha reclamado, o en una mesa política en serio en donde se discutan las políticas concretas de gobierno y en donde el Pro no sólo tenga voz, sino voto, el radicalismo claramente le está indicando el camino de la interna si se anima y a disputar en ese terreno, palmo a palmo, voto por voto, lo que exige por medio de las cartas y las declaraciones en los medios.

Además, en el gobierno le responden al Pro señalando el estilo y los modos de conducción que tiene el partido en Luján, gobernado por Sebastián Bragagnolo. “Si molesta lo que se hace y cómo se hace en el Gobierno provincial, lo mismo tendría que repararse en Luján, porque es un espejo del mismo método”, dicen en el oficialismo.

Cómo terminará lo que pareciera ser un entredicho más entre el Pro y los radicales, nadie lo sabe. Quizás, como ha venido ocurriendo hasta ahora. En un De Marchi cerrando el mejor acuerdo posible. Pero, en esta oportunidad, hay algunos indicios de que el Pro podría explorar quizás otros escenarios, otros territorios, de animarse.

Dicen que el método para llevar adelante la relación entre ambos partidos alumbrado seis años atrás con la llegada de Cornejo al gobierno “ya no va más”. En el Pro hablan de “puesta en escena”, de “ficción”, y de que ya no quieren ser más parte de algo que no existe. Para De Marchi y compañía, lo único que existe es la tan mentada coalición electoral de la que ya no quisieran ser parte, porque no inciden, no influyen y no tienen su lugar en la gestión. A todo esto le agregan que “la provincia está muy mal” y que el acuerdo para seguir con tal esquema se ha agotado y debilitado.

El viernes, De Marchi tendrá su hora y su momento cuando, finalmente, y tras un año de trabajo y análisis de los grupos técnicos que han tenido su espacio dentro de la Fundación Pensar, lidere la presentación de su plan estratégico para gobernar Mendoza. En el Pro aseguran que allí están contenidas las ideas básicas que podrían darle a la provincia lo que el gobierno de Suarez no ha logrado alcanzar. Se habla de desarrollo, de crecimiento y de un plan específico para ir por los sectores económicos que ningún gobierno ha podido conquistar. Pero, todo eso, finalmente, como dicen cerca de De Marchi, dependerá de una suerte con la que nadie por ahora se anima, siquiera, a especular o a jugar con ella. La suerte de De Marchi y de lo que finalmente decida para jugar una carta fuerte, quizás, la última a mano.