Ocurre algo extraño con los controles nocturnos. Por un lado, el Ministerio de Seguridad envía frondosos y detallados comunicados sobre el accionar policial para desbaratar fiestas clandestinas. Sin embargo, en los puestos fijos que se instalaron desde el principio de la pandemia, cada vez hay menos personal. En algunos casos, han decidido dejar los conos rojos para que alguien, al menos, reduzca la velocidad. Más allá de que las restricciones horarias no tienen sustento epidemiológico, lo raro es por qué siguen vigentes si ya nadie se encarga de hacerlas cumplir.