Eddi Jaku, un superviviente del Holocausto nazi de 98 años está instalado en Australia y tiene claras sus prioridades. Su secreto para ser feliz es “una buena esposa y la amistad”.
“No debes odiar (…) El odio es una enfermedad. Destruye primero a tu enemigo, pero a ti también”. Es la principal enseñanza que la vida le ha dado.
Jaku vive hoy en Sídney y ha relatado su historia cuando han transcurrido 73 años del final de la Segunda Guerra Mundial. En 1942, cuando regresaba de su trabajo nocturno fue detenido en Bruselas (Bélgica) y llevado al campo de concentración de Auschwitz junto con su familia, donde pasaría 15 meses. Como tantos otros judíos, sus padres murieron en la cámara de gas. Todavía lleva tatuado en el antebrazo su número de prisionero.
El nonagenario admite que cuando su padre le aseguró siendo aún un niño que es más placentero dar que tomar pensaba que estaba “loco”. Ahora reconoce que su progenitor tenía razón.
Con todo, no oculta el trauma vivido. “No perdonaré ni olvidaré”, confiesa Jaku. Y asegura que hay dos países a los que no volverá jamás: Alemania y Polonia.
En estos momentos se considera “la persona más feliz del mundo” y expresa su deseo de que sus palabras sirvan como lección de vida para los más jóvenes. “Enseñaré a los niños cómo ser felices y hacer de este mundo un lugar mejor para todos”, concluye.
