Los investigadores judiciales y policiales tienen poco más de un año para atrapar a Mauricio Javier Suárez (46), imputarlo y sentarlo en el banquillo de los acusados por el doble crimen más impactante de los últimos años.
El 13 de julio del 2021, el hombre más buscado de Mendoza desde hace casi 14 años, dejará de ser el único prófugo por los homicidios del psicólogo Flavio Piottante (39) y su paciente, Analía Estrella Libedinsky (31), perpetrados un día antes del citado mes del 2006 en la casa-consultorio de calle Barcala 484, casi Chile, de Ciudad.
Para esa fecha del año que viene, si no hay un giro de 180 grados en el caso que contemple detención, la causa NºP-66775 quedará oficialmente prescripta y Suárez podrá presentarse ante la Justicia y solicitar a través de su abogado que dejen sin efecto el pedido de captura nacional e internacional que pesa sobre él.
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Tendrá vía libre caminar por la calle como cualquier ciudadano, buscar trabajo o, simplemente, retomar la vida que llevaba antes de ser considerado el sospechoso número uno de la provincia. Si esto así sucede, nada ni nadie podrán cuestionarlo.
Se tratará de una persona inocente porque nunca se pudo demostrar lo contrario en un debate oral.
La familia Libedinsky, principalmente los hermanos de Analía, estará lejos de conocer la verdad si la causa se archiva. Y más sabiendo que la madre de la joven asesinada, Nelly Elsa Witkowsky de Francisco (76), falleció el 17 de abril del 2019, después largos años de combatir enfermedades cardíacas que la tenían a maltraer.

Beatriz Llín (82), mamá de Piottante, y también al frente de los pedidos de justicia pero con bajo perfil, tampoco conocerá por qué acribillaron a balazos a su hijo.
Simplemente, los policías y pesquisas judiciales estarán imposibilitados de producir más pruebas porque la causa estará clausurada. Si Suárez no es atrapado en un año, el caso pasará a integrar la lista de hechos impunes de la historia policial-judicial mendocina.
Cuando el expediente estaba por cumplir 12 de años sin detenidos, el ex fiscal especial Santiago Maximiliano Garay modificó el avoque de imputación y pasó a estar calificada por homicidio criminis causa, que prevé como única pena la prisión perpetua.
De lo contrario, si continuaba como homicidio doblemente agravado, ya hubiese prescripto.
El fiscal quería ganar tiempo para intentar dar con Suárez pero no lo logró. No obstante, consiguió un respiro en la instrucción para extender el vencimiento de los plazos procesales.
Para la fiscalía –actualmente el expediente está a cargo de Claudia Ríos–, Mauricio Suárez mató al profesional a balazos porque salía con su ex pareja, Andrea Troncoso. Y le quitó la vida a la mujer que se encontraba con él en una sesión con el objetivo de lograr la impunidad del primer acto criminal, es decir, evitar ser reconocido en el futuro.
El presunto matador la golpeó en el rostro y estranguló hasta que dejó de respirar.
El apartado número 1 del artículo 62 del Código Penal habla sobre la prescripción de las causas. “La acción penal se prescribirá durante el tiempo fijado a continuación: 1. A los quince años, cuando se tratare de delitos cuya pena fuere la de reclusión o prisión perpetua”.
Acorralados por el tiempo, los detectives continúan trabajando en la causa. Hace pocos meses, volvieron a declarar algunos de los testigos y también se adjuntaron informes sobre posibles destinos de Suárez después de dejar la provincia, cinco días después del doble crimen, cuando el otrora fiscal especial Daniel Carniello (fue el primero que tuvo la causa, subrogando hasta el domingo 16 de julio), lo citó para que prestara declaración testimonial.
Lo cierto es que el destino del sospechoso es incierto. Se mencionaron las provincias de San Luis, San Juan y hasta Buenos Aires; como así también el vecino país de Chile después de que encontraran el auto de Suárez cerca de la Terminal de Guaymallén.
De todas formas, poder encontrarlo se transformó en la piedra del zapato de una buena cantidad de sabuesos judiciales y policiales que tuvieron el expediente en sus manos.

Impactante
La mañana del jueves 13 de julio, la concertista de piano Beatriz Llín salió de su casa, ubicada en Chile y Barcala, y caminó unos metros hacia el este, donde vivía su hijo Flavio, psicólogo, con consultorio en el lugar y también profesional de la cárcel de Boulogne Sur Mer. El hombre no contestaba sus llamadas.
La mujer tenía las llaves de la casa. Ingresó y se encontró con una de las habitaciones de la planta baja toda desordenada. Subió por las escaleras y chocó con la impactante escena de ver a su hijo sobre el piso, boca arriba y lleno de sangre.
A su lado, el cadáver de una joven que también evidenciaba haber sufrido una paliza. Llamó a la policía y, a los pocos minutos, el lugar se llenó de investigadores. Personal médico confirmó los decesos y Científica detectó que el psicólogo tenía dos balazos: uno en el tórax y otro en el cuello.

Los forenses determinaron que habían sido asesinados durante la noche del miércoles 12.
La joven, identificada horas después, y quien mantenía un romance oculto con Piottante, presentaba signos de haber sido estrangulada.
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A las pocas horas, Suárez, quien era la ex pareja de Andrea Troncoso, la novia de Piottante, se transformó en el principal sospechoso.
Un día después por la noche, se juntó con un amigo, Diego Coronel, quien trabajaba en el Ministerio de Seguridad, y le dijo: “Me mandé una cagada, me tengo que ir del país”. Desde ese día, no volvieron a verlo.
