En los últimos tres años, más de 500 mil migrantes realizaron el trámite de radicación en Argentina. En Mendoza, la mayoría de ellos provienen de Venezuela, seguidos por oriundos de Bolivia. Actualmente, el Hogar del Migrante, en Guaymallén, alberga a cerca de 60 personas, movilizadas por encontrar una mejor situación económica y social.
Según informaron desde la Delegación Nacional de Migraciones en Mendoza, en los últimos tres años se registraron 587.000 radicaciones en el país. Sobre ese total, 100 mil personas llegaron desde Venezuela. Esta comunidad ocupa el primer lugar en el podio de los migrantes en la provincia, seguidos por los ciudadanos bolivianos y, en tercer lugar, los países miembros del Mercosur.
Si bien, hasta hace poco más de dos años la mayoría eran bolivianos, esta tendencia se revirtió. Sin embargo, más allá de que los originarios de Venezuela los superen en número, Migraciones destacó que “no es mucha la diferencia”.
“Por cuestiones políticas están llegando mucho más venezolanos a Mendoza, lo que no significa que se queden en la provincia, sino que hacen el trámite de radicación en nuestra delegación”, explicó el delegado de Migraciones en Mendoza, Pablo Narváez.
Según destacó el funcionario, esta situación se da en el contexto de que “es una comunidad muy conectada” por lo que se ha difundido la información entre los venezolanos de que el trámite de radicación lo obtienen en la provincia en un plazo de poco más de un mes, mientras que en Buenos Aires puede llegar a demorar entre 6 meses y un año.
La realidad del migrante en Mendoza
En Dorrego, Guaymallén, funciona desde hace 25 años el Hogar del Migrante Padre Tarcisio Rubin. En la actualidad permanecen en este lugar, perteneciente a la Congregación de los Misioneros de San Carlos Borromeo, cerca de 60 personas que llegan buscando un futuro mejor.

Sobre el total de habitantes del hogar, actualmente la mayoría son venezolanos pero también hay provenientes de Haití, Chile, Perú y Brasil.
Los motivos que llevan a estas personas a abandonar sus países son básicamente “buscar un techo, comida y, si es posible, bienestar a nivel de salud y educación para sus hijos”, explicó el padre Francisco Bernardi, responsable del Hogar del Migrante. Agregó que se han dado casos de colombianos, venezolanos y haitianos que pedían refugio “al demostrar que la violencia en el lugar donde vivían ponía en riesgo su seguridad y la de su familia”.
En ese sentido destacó: “Hay que tener en cuenta aspectos psicológicos. Nunca un migrante va a decir que donde está es peor que de donde salió. Es sufrir una doble derrota, por lo que implica empezar de cero, la discriminación y decir ‘allá perdí’. Entonces, siempre va a presentar a sus conocidos las mejores fotos. Eso logra una gran atracción, que después hay que ver si es la realidad. Generan estos espejismos que, a veces, causan movimientos en cadena significativos”.
Melisa llegó desde Brasil hace un mes, asegura que vino buscando un futuro mejor, está embarazada y pronto dará a luz a su hija. Se muestra emocionada por la llegada de su niña y destaca que, a pesar de su avanzado estado de gestación, no le molesta el calor, lo que no le gusta es el frío.
Por su parte, María, está en el hogar desde hace seis meses, haitiana de nacimiento, vivió varios años en Brasil y llegó a la provincia. Esta mujer coincide con su colega: emprendieron el viaje en busca de un mejor pasar.

El hogar se mantiene a través del trabajo de voluntarios que colaboran en la atención general, también hay profesionales que asisten con sus servicios a los migrantes que encuentran allí un refugio. Este es el caso de Alejandra, una colombiana que llegó al país para realizar un intercambio. Con una sonrisa que contagia hace bromas a los presentes mientras desarrolla tareas en la cocina.
Según explicó el párroco, cuando las personas llegan, se les pide documentación o la denuncia por extravío o robo. “Se le hace la recepción y se pide que preste conformidad con las normas de convivencia, para mantener el clima familiar”.
Aquellos que no poseen sus papeles en regla y tienen intención de quedarse en Mendoza, son asistidos a fin de que puedan realizar el trámite en Migraciones.
A su vez, se gestiona un banco de trabajo con el objetivo de que puedan progresar. “Se los convoca según el perfil requerido y se reúnen en una entrevista. Tratamos de garantizar que, desde ambas partes, sea un trabajo en blanco y que cumplan con los requisitos. Además, se hace un seguimiento para evitar cualquier tipo de explotación laboral”, explicó el padre Francisco.
Con respecto a la situación de los migrantes, el párroco destacó en los últimos diez años se dieron distintas corrientes. Entre el 2008 y 2012, la gran mayoría que llegaba eran colombianos. Entre el 2014 y el 2016 ocurrió un fenómeno especial con los haitianos.
“Ellos tenían una residencia dada por Brasil, con los derechos para trabajar, pero, insatisfechos, querían ir a Chile, donde había muchos radicados: parientes, parejas o amigos, que inclusive les enviaban la carta de pedido. Pero era tal el contingente de haitianos que muchos fueron rechazados en la frontera y ahí llegaban a Mendoza”, detalló. Sobre esta corriente destacó tres grupos: unos reintentaban ingresar a Chile, otros decidieron volver a Brasil y los terceros se quedaron en el país.
En tanto, durante los últimos dos años, el sacerdote hizo hincapié en el gran flujo de venezolanos, cuya característica es que “llegan en familias. Puede venir el hombre primero, pero para traer a sus familiares luego”.
El caso de la mujer haitiana
En la última semana trascendió el caso de una mujer de Haití que, tras dar a luz en el hospital Lagomaggiore hace un mes, intentó llevarse a su bebé, que no estaba en condiciones de ser dado de alta porque aún recibía un tratamiento médico. Se inició un forcejeo con personal policial y del centro asistencial, que terminó con la mujer mordiendo a una doctora.
La paciente está infectada con diferentes patologías como HIV y sífilis por lo que necesitaban, tanto ella como su bebé, de los cuidados médicos. A su vez, otro de los factores que influyó en el hecho fue la barrera idiomática (no habla español) y la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra la mujer.
Esta migrante permaneció durante dos meses en el Hogar, y tenía intenciones de irse del país para llegar a Chile, donde se encontraría con su pareja. Desde allí se la trasladó en una ambulancia hasta el Hospital Lagomaggiore, con asistencia de personal policial, donde dio a luz el 6 de octubre. Días después, regresó a buscar sus pertenencias, ya que se alojaría en la casa de una pareja de haitianos.
Tras los incidentes, la migrante fue trasladada al Hospital Escuela Dr. Carlos Pereyra, donde permanece internada, mientras que su bebé está en el Lagomaggiore, donde los médicos continúan con su tratamiento.
Con respecto a su situación legal, tiene su visa de turista vencida. En tanto, posee tres tránsitos, ingresos y egresos al país, el último fue en mayo, cuando entró por Corrientes, a través del Paso de los Libres.
Desde Migraciones realizarán un control de permanencia, para el cual deben mantener una entrevista con la mujer que, hasta el momento, no fue posible debido a su actual estado de salud. Según precisaron, mantienen contacto con la institución para poder realizar esta gestión en los próximos días y así regularizar su situación, más allá de que quiera permanecer en el país o continuar su camino hacia Chile, como expresó en reiteradas oportunidades.
