El chico de padre italiano nacido en Barracas al Sud, antecesora de Avellaneda, a orillas de Riachuelo fue inquieto desde la cuna de mimbre. Llegó al mundo el 2 de diciembre de 1901 y creció con el siglo XX. Tenía un hermano, Máximo, que era compositor de tangos y tuvo una enorme influencia para que Raimundo Bibiani Orsi, el Mumo, estudiase en el Conservatorio de Buenos Aires y aprendiera a tocar el violín.
Se esperaba mucho de las manos y los buenos oídos de Mumo que luego de las clases de violín se prendía a jugar al fútbol con muchos de los chicos criollos e hijos de inmigrantes italianos y españoles, sobre las calles de tierra y adoquines.
El historiador Néstor Scalone y reseña que: estudió y tocó con los pantalones cortos al lado de otros pibes (futuros astros tangueros) Fredy Scorticatti y Recelio, en Sarmiento y Mitre. Luego tañó su violín formando nuevo trío junto a Carlos Marcucci y Domingo Riverol, en Café Ferro, de Mitre y General Paz, lugares bravos de gente de “armas llevar”.

Ya jugaba en las inferiores de Independiente de Avellaneda que militaba en la Asociación Amateur de Football y a los 19 años lo hicieron debutar en primera división en 1920. Formó parte de un quinteto ofensivo con Zoilo Canaveri, Alberto Lalín, Luis Ravaschino y Manuel Seoane ue marcaría toda una época del Independiente, en la que Orsi consiguió dos títulos del campeonato argentino de Primera División de la Asociación Amateur (1922 y 1926- invictos-) y tres ediciones de la Copa Competencia (1924, 1925 y 1926).

Nunca dejaba su amor por la música y hacía su aporte en el violín cuando lo convocaban para algún agasajo o un acontecimiento especial.
Pero era un asiduo asistente a las noches tangueras para escuchar cantar a Carlos Gardel y también para compartir cenas y sobremesas con el Varón del Tango.
Para Mumo comenzaría su carrera internacional cuando era impensado el futuro que tendría. Con la Selección Argentina debutó en un amistoso frente a Uruguay (1-1), en Montevideo, el 25 de agosto de 1923. Fue campeón de la Copa América en 1927 en Perú.
Juegos Olímpicos de Amsterdam 1928
Al año siguiente integró el equipo nacional argentino en los Juegos Olímpicos de Amsterdan 1928. Su bautismo europeo en un amistosos tuvo lugar en Lisboa el 1 de abril, frente a la selección de Portugal (0-0). Una semana después fue su estreno en España. El escenario fue el Metropolitano y su rival el Atlético de Madrid que poco antes se había proclamado campeón de la región Centro. Ganó Argentina 2 a 0.

Una semana antes de los Juegos Olímpicos en Amsterdam el seleccionado argentino de fútbol jugó un partido amistoso en Barcelona ante el equipo local. La lluvia había dejado muy barroso el campo de juego y Argentina perdió 2 a 1. El cantante de tangos Carlos Gardel recibió y acompañó a la delegación en todo momento.
Después fue con el plantel hasta París y pensaba seguir a Holanda, pero le surgió un viaje imprevisto viaje a Italia. En París, en una reunión con los jugadores en una habitación del hotel Moderne, Gardel cantó por primera vez el tango Dandy, una creación de Lucio Demare, Agustín Irusta y Roberto Fugazot. El seleccionado nacional con todo lo que representaba esa motivación siguió a Amsterdam, en donde 16 seleccionados disputarían los Juegos Olímpicos de 1928.
En el primer partido, el 29 de mayo, goleó a Estados Unidos 11 s 2 con 4 goles de Domingo Tarasconi, 3 de Roberto Cherro, 2 de Manuel Ferreira y 2 de Raimundo Orsi ante 3.848 personas en el estadio Olímpico. El 2 de junio le tocó la eliminatoria frente a Bélgica, al que venció 6 a 3 con otros 4 goles de Tarasconi uno de Orsi y otro de Ferreira.
En semifinales goleó 6 a 0 a Egipto el 6 de junio y anotaron Tarasconi (3), Ferreira (2) y Cherro (Boca), que salió lesionado y se perdió la final, ante casi 8 mil personas para llegar a la disputa por la medalla de oro. Fue una final sudamericana porque Uruguay fue el otro finalista. La selección celeste había ganado el oro en los Juegos de París en 1924 y quería repetir. Uruguay le había ganado 2 a 0 a Holanda, 4 a 1 a Alemania y 3 a 2 a Italia. El 10 de junio se enfrentaron ante 28.253 aficionados en Amsterdam. Padro Petrone anotó a los 23’ del primer tiempo para los uruguayos e igualó Ferreira a los 5’ del segundo. Fue 1 a 1. En esos tiempos no había alargue ni penales y fue necesario otro partido.
La definición fue el 13 de junio. José Lago, el DT argentino, mandó a la cancha a: Ángel Bossio (Talleres de Remedios de Escalada); Lucas Bidoglio (Boca), Fernando Paternoster (Racing), Segundo Médici (Boca), Luis Monti (San Lorenzo), Juan Evaristo (Boca), Alfredo Carricaberry (San Lorenzo), Domingo Tarasconi (Boca), Manuel Ferreira (Estudiantes), Feliciano Perduca (Témperley) y Raimundo Orsi (Indepediente de Avellaneda).
A los 17′ Roberto Figueroa marcó el 1 a 0 para Uruguay y, a los 28′, empató M onti. En la segunda etapa, Hécor Scarone convirtió el 2 a 1, ante 28.113 espectadores en el Estadio Olímpico. Uruguay ganaba su segunda y última medalla de oro en los Juegos Olímpicos y los argentinos se colgaban las medallas de plata.
Tocó el violín y cantó Gardel
El plantel argentino emprendió el regreso y volvió a pasar por París. Allí los esperaba Carlos Gardel, que los invitó a compartir una noche en el cabaret El Garrón, que era propiedad de otro argentino —Pizarro, bandoneonista y director de orquesta.
Raimundo Mumo Orsi siempre recordaba esa situación y contaba que “Gardel, también invitó a la delegación uruguaya e intuyó lo que pasaba. Después de las dos finales, no nos hablábamos con los jugadores orientales”.
“Habíamos viajado de Amsterdam a París en el mismo tren pero en distintos vagones. En el cabaret, Gardel buscó la reconciliación preocupándose, personalmente, de sentamos intercalados. Justo a mi lado se sentó el Negro Andrade, a quien yo le había dado muy mal de atrás y ya en el suelo le pisé la mano”. Y me dijo: “Estoy rengo
por culpa tuya”, y agregó: “Algún día me voy a vengar”.

Y continuó contando Orsi: Yo me hice el sordo. Al ratito Gardel anunció:“Voy a cantarles a los campeones sudamericanos el tango La cieguita”. Dijo sudamericanos para involucrarnos a todos. Y enseguida, dirigiéndome una mirada, exclamó: “Mumo ¿por qué no sube y me acompaña con el violín? Sabía que lo hacía bastante
bien, tanto que algunas noches llegué a tocar en la orquesta de Francisco Canaro”.
Después decía Orsi: “Arrancamos con La cieguita, cuando un tipo de la Sinfónica del Olimpia, que estaba allí, me prestó su Stradivarius. Cuando terminamos, después de los aplausos, empezaron a cruzarse miguitas, después panes, al rato volaban las botellas de vino. La confraternidad rioplatense se fue al diablo”.
En medio del desorden vi a un rengo que se me venía encima. No sé si era el Negro Andrade pero por las dudas le rompí el Stradivarius en la cabeza”.
La historia no aclara si Orsi, ayudado por Gardel, debió pagar el arreglo del violín y tampoco se sabe si el violín era realmente un Stradivarius (construido antes de 1737) y valuado en miles y hasta millones de dólares.
Lo más probable es que el instrumento no fuese de esa marca, pero lo cierto es que el violín se rompió en una cabeza uruguaya.
En Italia
Su habilidad fue observada por el DT de Juventus de Italia que recomendó su fichaje. Así Mumo se transformaba en el primer jugador de Independiente de Avellaneda vendido a Europa. En Juventus jugó al lado de otros argentinos como Renato Cesarini y logró cinco títulos seguidos de la Liga Italiana de 1930 a 1936.
Fue convocado a la selección italiana por ser oriundo, hijo de italiano, como otros argentinos. Llegaría el momento del Mundial de Italia 1934 y el líder fascista Benito Mussolini, quería que su Italia fuese campeona mundial en casa.
Otro argentino convocado fue Luis Monti, que había sido subcampéon mundial con el seleccionado argentino en Uruguay 1930 y se le sumaron Atilio Demaría y Enrique Guaita y también estaba el brasileño Guarisi en el plantel italiano.
Con la presión de Mussolini con el propio plantel y cuerpo técnico y bajo la arenga del líder: “hay que ganar o morir” Italia llegó a final frente a Checoslovaquia.
El 10 de junio en el estadio Nacional en Roma, el DT Vittorio Pozzo incluyó a Monti, Guaita y Orsi de titulares. A los 26 del segundo tiempo Puc anotó para los checos el 1 a 0 y a los 36’ igualó Mumo Orsi para Italia. Fueron al alargue y a los 5’ Schiavio anotó el gol del triunfo que le dio el título y la tranquilidad a los jugadores que se acordaban del gesto de Mussolini pasándose un dedo, con el ademán de cortárselo, si no ganaban.
Decidió volver
En 1935 tras el quintó título en Juventus (fue considerado el mejor jugador de Italia) y con la camiseta italiana jugó 35 partidos (13 goles), decidió regresar a argentina con el pase en su poder. Jugaba donde le pagaban mejor y así pasó por Independiente, Boca Juniors, Platense y Almagro.También volvió a jugar para el seleccionado argentino para completar 15 partidos Con 3 goles . Cruzó el Río de la Plata para ser campeón con Peñarol en 1938, fue a Brasil y se consagró con Flamenco en 1939. Volvió a Uruguay y partió a Chile para retirarse en Santiago Nacional en 1943.
Otro regreso al pago
El historiador tanguero rememora “Con sus ansias viajeras algo atenuadas, se radica en Buenos Aires y vuelve a la noche porteña, a sus tangos, sin duda uno de sus primeros berretines y se reencuentra con sus antiguos colegas como Scorticati y Marcucci, entre otros y, vuelve al “nocturno jarangón”; lo transita en plenitud, sin obligaciones deportivas, tenía como compinches a otros cajetillas (también ex futbolistas) como Antonio Demare, Renato Cesarini y los juveniles valores – por entonces – Pedernera y Moreno. Frecuentaban el teatro Maipo y al terminar la función con las coristas (todavía no existían las vedettes) iban a bailar y/o escuchar a “Pichuco”, en Marabú, con Manolo Meaños, Katunga Contursi, Fidel Pintos, Tito Maida, el Negro Mora y otros. Sus charlas con el “Tano” Cesarini eran interminables, sobre el fútbol y esto hizo primero que Mumo intentara suerte en el periodismo deportivo de la época, saliendo al aire por varios espacios de las emisoras porteñas.
Llegó a Mendoza, como DT, para quedarse más de 30 años
El fútbol le tiraba más y por eso escuchó un llamado de México para dirigir al Atlante. Lo sacó campeón de la Copa México en 1950 y ’51.ex jugado Pero su carrera en ese país se vio quebrada porque un ex jugador lo involucró en una tema “de dinero mal habido una celda. y fue a para a la cárcel de Lecumberri. Sólo con la ayuda de un general pudo salir y se volvió a Argentina.
El astuto dirigente de Deportivo Maipú Elías Latuff lo contactó en 1952 para que viniese a Mendoza y desde la estación de trenes lo llevó directo a la plaza de Maipú y una infortunada caída de Mumo a la acequia cuando se bajó del auto, casi frustra su contrato. “A dónde me han traído”, dijo entre furioso y jocoso Orsi al ver las acequias que no conocía.
Sin querer Mumo llegó a la tierra que le dio vida en sus próximos 32 años. Como DT en Mendoza fue dos veces campeón con Deportivo Maipú (1953 y 1958), 4 con Independiente Rivadavia (1960, 1961, 1962 y 1965) y uno con el Atlético San Martín (1966), al que dirigió en el primer Nacional de 1967). También dirigió a Andes Talleres, Godoy Cruz, Gutiérrez y Murialdo.
Otro de sus aciertos fue cuando recomendó a Pedro Manfredini, un joven goleador de Maipú, en 1956. Vino Renato Cesarini, que dirigía a River Plate, y no le gustó. Por eso Mumo habló con gente de Racing Club que lo compró en 1957 y se consagró campeón en la Academia en 1958 y en la Copa América con la Selección en 1959, para ser vendido a Roma de Italia.
En la década del ’80 se fue del barrio Trapiche, a residir a Chile ya que su segunda esposa, era de esa nacionalidad, “Estaba medio ciego, no veía casi nada”, contó el dirigente Jorge Silva, del Deportivo Maipú, que lo visitó poco antes de su muerte. El 6 de abril de 1986, a los 85 años, la vida “loca” de Mumo Orsi se cortó.
A él no se la contaron: estuvo con Mussolini, tuvo una medalla de plata olímpica, una de oro en un Mundial, 5 scudettos (campeón de Italia), compartió reuniones con Troilo, con Darienzo, Enrique y Armando Discépolo, compartió equipo con Sastre, Arsenio Erico, Seoane, Cherro, Monti y se dio el lujo de tocarle el violín nada menos que a Gardel.
