La Justicia condenó la mañana de este jueves a Emilio Sebastián Ghione a 10 años de cárcel por el crimen de su padre, Emilio Esteban, cuyo cadáver estuvo enterrado más de 11 años en el patio de su casa en El Carrizal, Luján. El caso fue denunciado por la hija menor de la víctima, tras enterarse por boca de sus propios familiares lo que había ocurrido.
Según la investigación, el asesinato estuvo motivado por una serie de maltratos y abusos de parte de Ghione padre contra su pareja, Mónica Emma Queirolo, y otra de sus hijas, Romina.
En la instrucción se confirmó que esta última participó del hecho de sangre pero era una inimputable cuando sucedió por ser menor de edad, mientras que su madre estuvo sometida a proceso pero terminó sobreseída.

La causa se resolvió a través de un juicio abreviado inicial, en el que la defensa oficial de Ghione hijo llegó a un acuerdo con el fiscal de Homicidios Carlos Torres, quien lideró la pesquisa, para que su cliente reconociera el delito que se le acusaba: homicidio agravado por el vínculo en circunstancias extraordinarias de atenuación
Si bien el representante del Ministerio Público solicitó 12 años de prisión, el juez Juan Manuel Pina González, del Juzgado Penal Colegiado Nº 1, consideró que era apropiado reducir dos años esa pena.
De esa forma, en sólo siete meses se logró resolver el misterio de la desaparición del hombre del que durante más de una década nada se supo, aunque jamás se denunció su paradero.
El caso
De la instrucción surgió que Emilio Esteban fue ultimado a golpes a mediados de agosto de 2008 en su vivienda, localizada en una finca del El Carrizal de Abajo.
Según las declaraciones, durante varios años Queirolo vivió en un contexto de violencia de género. La mujer era sometida a maltratos físicos y psicológicos, siendo hasta obligada por su marido a prostituirse en la zona de Palmira, San Martín, revelaron fuentes judiciales.
Pero eso no era todo, de los testimonios surgió que el hombre sometía sexualmente a su hija Romina. Pero sus acciones no habían pasado desapercibidas y quien era consiente de todo esto era su hijo mayor, Emilio Sebastian.
Ghione hijo, quien para ese entonces ya había cumplido la mayoría de edad, venía acumulando bronca contra su padre durante el último tiempo. Justamente, fue un ataque contra Romina lo que lo hizo explotar ese rencor contenido, relataron las fuentes.
Fue un día del citado mes cuando Ghione padre llegó en estado de ebriedad a su casa e intentó vejar una vez más a Romina. La chica, que tenía 9 años, aprovechó el estado en el que se encontraba su progenitor para enfrentarlo y comenzó a golpearlo, agregaron.

En ese instante, Ghione hijo apareció en la escena y con un fierro le dio el golpe de gracias en la cabeza a su padre. Tras terminar con su vida, los hermanos decidieron hacer un gran pozo en el fondo de la propiedad –junto a unos viñedos, prender fuego el cadáver y luego taparlo con tierra.
Cuando la madre de los chicos llegó de Palmira, se encontró con esa situación y decidió encubrir a sus hijos, prometiéndose entre los tres llevarse ese secreto a la tumba.
Pero había otra hija más pequeña de Ghione, quien pese a su corta edad observó algunos movimientos extraños por aquel entonces. A partir de ese día, jamás volvió a ver a su padre y nunca dejó de preguntarse qué había pasado con él, aunque para el resto de sus familiares “los había abandonado”.
Pero a mediados del año pasado, la idea de que algo más grave le había pasado a su progenitor seguía inquietándola. Eso provocó peleas con sus hermanos, que desembocaron en una confesión inesperada: fue su cuñada –la mujer de Emilio Sebastián– quien le reveló la verdad.
Ante eso, la muchacha acudió a la Justicia para radicar la denuncia que inició una ardua investigación.
El análisis clave
Uno de los primeros pasos que tomaron los pesquisas para determinar la veracidad de los hechos relatados por la menor de los Ghione Queirolo, fue desplazar detectives y personal de la Policía Científica hasta la propiedad de El Carrizal.
Una excavación se realizó en el fondo de la propiedad, donde habían enterrado el cadáver de Ghione padre. Los restos hallados daban cuenta de la cantidad de años que llevaban bajo tierra, lo que dificultó la tarea para identificarlos.
La ropa que llevaba puesta el cuerpo, aún permanecía en un estado optimo y coincidían con la vestimenta que llevaba la víctima el último día que fue vista, según lo descrito por la denunciante. Pero esa no era prueba suficiente para confirmarlo y se esperaba un cotejo de ADN.
Pero los peritos se encontraron con un obstáculo: no habían restos del que se pudiera obtener material genético mediante el proceso que suele utilizarse para todos los casos.
En el medio, la Justicia ordenó la libertad de Queirolo y Ghione hijo, quienes estaban imputados y detenidos, bajo caución.
Esto porque aún no se demostraba la identidad del cadáver encontrado. Más allá de eso, no pudieron regresar a las calles debido a que no tenían dinero para pagar la fianza de 50 mil pesos.
Finalmente, los especialistas del Cuerpo Médico Forense, en conjunto con antropólogos de la UNCuyo, lograron constatar que el cuerpo pertenecía a Ghione padre mediante la extracción de ADN mitocondrial, es decir, material genético que se encuentra en las mitocondrias.
Ese método ha sido utilizado para identificar cadáveres de soldados de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Vietnam, entre otros conflictos bélicos.
De esa forma, Queirolo y su hijo quedaron comprometidos, pero luego las declaraciones del joven y de su hermana terminaron desligando por completo a su madre.
Eso descartó la hipótesis de un crimen planificado con antelación por los tres, sentenciaron las fuentes consultadas.
