El juez Sebastián Sarmiento, del Juzgado Penal Colegiado Nº 1, ratificó este miércoles que el israelí Nicolás Gil Pereg debe ir a juicio por doble crimen de su madre y su tía, ocurrido en enero del año pasado en Guaymallén. Además, rechazó el planteo de nulidad sobre el requerimiento de elevación a juicio y el pedido de inimputabilidad que también había solicitado la defensa.
Tras la audiencia, los representantes legales de Gil Pereg –Maximiliano Legrand, Marcos Segovia y Lautaro Brachetta– adelantaron que apelaran el fallo del magistrado, por lo que deberá ser un Tribunal Penal Colegiado el que defina la situación en las próximas semanas.
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Ante las continuas dilataciones judiciales en la causa, se espera que, en caso de que se agoten las instancias y la causa llegue a juicio por jurado, el mismo se realice entre el segundo semestre de este año o el primero del próximo, indicaron fuentes consultadas.
La fiscal Claudia Ríos, a cargo de la investigación, elevó el expediente a juicio el 7 de febrero tras dar por finalizada la instrucción.
El israelí se encuentra imputado homicidio agravado por el vínculo en concurso real con homicidio agravado por el uso de arma de fuego, delito que prevé una pena perpetua.
El caso
Pyrhia y Lily llegaron a Mendoza el viernes 11 de enero del 2019 y alquilaron un departamento en el centro de Ciudad.
El sábado 12, las mujeres salieron con Pereg y tomaron un colectivo para dirigirse a la casa de este, en las inmediaciones del Cementerio de Guaymallén. A partir de ese momento, las hermanas no volvieron a ser vistas.
Pereg fue el encargado de hacer la denuncia por la desaparición pero, con el pasar de los días, se transformó en el principal sospechoso.
Tras casi dos semanas de investigación, se constató que manchas de sangre halladas en su propiedad pertenecían a las mujeres, razón por la que el viernes 25 fue detenido.
En tanto, los cuerpos de Pyrhia Saroussy y Lily Pereg fueron hallados el sábado 26 en la vivienda de Pereg.
Los restos de las hermanas israelíes se encontraban enterrados, tapados con piedras y tierra en el interior de una obra en construcción, en el fondo del predio, con sus pasaportes, en un pozo de poco menos de dos metros de profundidad.
