Celso Jaque, como si se tratara de un reflejo desprendido de la sorprendente estrategia trazada por Néstor Kirchner cuatro años atrás, ha avanzado estos días intentando gobernar Mendoza. Las diferencias con el ex presidente, quizás, se manifiesten en un variado aspecto de cuestiones ideológicas que Kirchner hubiese evitado o no las hubiera hecho nunca, pero yendo específicamente al método utilizado es muy similar, como si se tratase del mismo manual.
Jaque, que no ganó exiguamente, sino que lo hizo sin atenuantes, de manera rotunda e inapelable, debe enfrentar todos los días la desconfianza sobre su administración de casi más de la mitad de la población, si tomamos quienes lo acompañaron con su voto y quienes no.
Pero, además, a diferencia de su antecesor, hoy vicepresidente de la Nación, se trenza en una pulseada diaria con un puñado de medios y críticos que, como ya se ha dicho en esta columna otras veces, no tuvieron para con Jaque la misma tolerancia que con otros. Jaque asumió sabiendo que no era el deseado por parte de la clase dominante y copió el manual kirchnerista para fortalecerse.
Para fortalecerse, desde lo político, parece decidido a eliminar la oposición que más le molesta, la de la Concertación cobokirchnerista. Porque, la de los partidos tradicionales, como la de la UCR ortodoxa, ni hablar de la del PD y ahora la del ARI, de una u otra forma, han sido sumadas a la estrategia general del malargüino.
Es cierto que las situaciones particulares por las que atraviesa cada uno de los partidos en la oposición ayudaron a la conformación de esta naciente alianza heterogénea que comienza a evidenciarse en el Gobierno. El PD porque se cansó de ser oposición. Hartos de derrotas, sus principales dirigentes toman la candente seguridad en sus manos, perdidos por perdidos con la esperanza de acertar y dar el gran salto.
La UCR ortodoxa, liderada por Roberto Iglesias, movida por su rencor inolvidable y eterno hacia Julio Cobos y el ARI de Alejandra Naman y Néstor Piedrafita que, por primera vez, ven en el Gobierno de Jaque gestos que los acercan a lugares expectantes desde donde se puede tener algún protagonismo distinto al histórico.
La presidencia de la Bicameral de Seguridad, que desde ayer está en manos de Naman, luego de un acuerdo entre todas las fuerzas para acorralar a la Concertación, es un ejemplo. El afán de construir poder sobre la base de tejer acuerdos y alianzas crece en el Gobierno, pero de manera desordenada y poco uniforme en cuanto al rumbo.
Veamos. Ahora, Jaque tiene serios problemas para explicar la presencia en el Gobierno de uniformados sospechados de haber participado en la última dictadura, mientras ha sumado a su equipo a abogados que han sido íconos de los organismos de Derechos Humanos como Diego Lavado y Pablo Salinas, en funciones específicas, o a Alberto Montbrun en una asesoría externa.
La presencia del ex cura Hernán Hernández, la del laico David Funes y la cercanía del líder de la Pastoral Social, el padre Carlos Flecha García, dan cuenta del camino elegido por Jaque para involucrar a la mayor cantidad de sectores posibles, plasmar un contrato con ellos y tener, así, un paso por la función pública lo más apacible que pueda. ¿Esto significa compartir el poder? Posiblemente se trate más de una novedosa y audaz administración del mismo, licuando parte de la responsabilidad, que una concesión concreta.
Como era de suponer, este accionar del gobernador, provoca reacciones para varios lados, creando una atmósfera de cierta incertidumbre en la sociedad, en la que se mezclan sensaciones, tales como que se trató de una gran estafa el proyecto que se impuso en las elecciones.
Junto con esos movimientos, sorprendentes e inesperados, el Gobierno comienza a tener problemas de comunicación que pueden tornarse serios. Hoy, Jaque y sus ministros, en su fuero más íntimo, no entienden el fastidio y desazón de buena parte de los mendocinos que ven cómo una decisión centralista, surgida de las entrañas del poder presidencial, se impone sin la mínima reacción provincial.
Son temas comunes, cotidianos, que terminan afectando la vida ordinaria de la gente y que no son vistos como traumáticos por la novel administración, concentrada en asuntos más estratégicos y medulares, a su entender. Dos casos como ejemplo: el del cambio del huso horario y la decisión de aceptar sin más polémica el índice de precios del INDEC, marginando las mediciones hechas por la DEIE provincial.
Ambos asuntos han sido vistos como una muestra de debilidad de parte del administración provincial frente a los intereses de la gestión de Cristina Fernández. Para el primero de los casos, Jaque ensayó una presentación particular de Mendoza en el Congreso Nacional, pero no tuvo eco.
Si hasta Alberto Fernández pareció mofarse de los mendocinos cuando dijo no entender las razones de la preocupación de esta provincia por los efectos del cambio de horario en el Oeste. Jaque quedó solo en el planteo y parece que ni José Luis Gioja (San Juan), su socio más importante en la región, está dispuesto a acompañarlo.
Frente a las críticas, el gobernador se tomará un mes para evaluar el impacto de la nueva hora e impulsar alguna modificación, si fuera necesario y si puede. Un fastidio generalizado había causado en el elenco de Gobierno que sólo se hablara y se analizara públicamente este asunto, habiendo otros, como el de la seguridad –comentaban entre ellos–, sin entender que tal decisión nacional, independientemente de la necesidad imperiosa de ahorrar energía, vino a sumarse al rosario de quejas irresueltas, entre ellas la inseguridad, el estado de los hospitales, la falta de caminos en condiciones o una infraestructura de servicios deficientes.
Con el índice de las variables económicas ha sucedido lo mismo. A todas luces, Jaque decidió alinearse sin más y sin planteos a lo dispuesto por Cristina. Tiene razones políticas y de supervivencia para ello. La provincia necesitará recursos posiblemente extras en el 2008 para financiar compromisos indelegables.
Cualquier cortocircuito con la Nación podrá encenderle una luz amarilla en la relación y en la distribución antojadiza que hace el G o b i e r n o central de los recursos. Ya demasiados frentes tiene abiertos en la Nación, hasta con un vicepresidente que no comulga con su modo de ver las cosas, como para crearse otro dolor de muelas. ¿Es antipático y antipopular? Lo es.
Pero estaba obligado, y, cuando lo explica, el jefe de Gobierno provincial se toma de una decisión firmada por Laura Montero tres años atrás, cuando se sometió Mendoza a los designios de la medición nacional.
