VIENA (EFE). Kertstin Fritzl, hija-nieta del bautizado como “monstruo de Amstetten” y cuya enfermedad destapó el peor caso de abusos sexuales e incesto en Austria, sigue en extrema gravedad, aunque estabilizada, a la vez que se van conociendo más detalles de una historia que ha conmocionado a la opinión pública mundial.
Fue precisamente la delicada salud de Kertstin y su ingreso en el servicio de urgencias del hospital de Amstetten el 19 lo que sacó a la luz el secuestro y los continuos abusos sexuales a los que el electricista jubilado Josef Fritzl, de 73 años, sometió durante casi un cuarto de siglo a su hija Elisabeth, de 42. Algunos especialistas en genética austríacos señalan que la extraña enfermedad de Kertstin puede tener su origen en problemas causados por el incesto, lo cual no ha sido confirmado por el hospital.
Kertstin presentaba, además, una gran despigmentación y problemas dentales y musculares, debido a la falta de vitamina D por la ausencia de luz solar y por el exiguo espacio vital del que disponía en el zulo de 60 metros cuadrados que compartía con su madre y dos de sus hermanos: Stefan, de 18 años, y Felix, de 5.
