Buenos días, a pesar de todo.

A veces es tanto el amor por los ídolos, que hay gente que hace cualquier cosa por tener un objeto de ese que le ha colmado gran parte de su alegría. Entonces, aparecen las subastas de cosas ligadas a esos ídolos. El año pasado se remató en 90.000 dólares un vestido de gala de Liz Taylor; un manuscrito de una canción de Paul McCartney por cuatro mil dólares; un encendedor de Elvis Presley y también canciones escritas por Madonna.

Los  objetos que alguna vez estuvieron ligados a Michael Jackson han adquirido valores inusitados después de su trágica muerte en este tipo de remates de idolatría. 

Muchos museos, adheridos a la historia  también, se valen de ellos ymuestran el sombrero de San Martín; el reloj de Belgrano –el que le dio a su médico para pagar su muerte–; el escritorio de Sarmiento o la espada de Roca con la que le debe haber cortado la cabeza a algún mapuche. Claro que hay gente que se arma de asuntos realmente insólitos: una silla donde alguna vez asentó su poto Eisenhower; un pucho que fumó Menotti; dos gramos de caspa de Shakira; una bragueta de Berlusconi; el cordón del zapato que usó Chaplin en la película El pibe; los bigotes postizos de Olmedo; el frasquito de efedrina que tomó Maradona en el Mundial de Estados Unidos. 

Ahora, con el advenimiento de las redes sociales, la oferta puede ser realmente curiosa y encontrar que ofrecen un colmillo de Drácula; un trozo de caca solidificada de Lassy; un pelo de la barba de Fidel Castro o medio litro de traspiración de Luis Miguel. Sin embargo, mi asombro se agrandó aún más este fin de semana cuando leí que el sitio de ventas online más famoso del mundo tiene en venta unas bombachas que pertenecieron a la reina de Inglaterra.

Me  dio un poco de aprensión, porque pensé: no puede haber algo más horrible que lo que están ofreciendo. Yo sé que la prenda ha acariciado semejantes nalgas reales pero me parece más horrible que si Moyano subastara sus calzoncillos, porque yo me imagino (haga el esfuerzo de imaginarlo usted) a la reina de Inglaterra sentada en el inodoro con los calzones sobre sus zapatos reales, y me parece que esa imagen debe ser una de las más horribles de la tierra; más fea que Lanata en portaligas; más feo que Julio Cesar Falcioni pintado por Picasso; más fea que Alicia Kirchner chupando un limón.

Pero es una realidad. Por las redes sociales se están ofreciendo las bombachas de su majestad. Y no faltará quien las compre y arme un living VIP con un jarrón chino; una escultura de Botero; un autorretrato de Frida Khalo; un tapiz de los tuareg; un calendario maya auténtico y los calzones de la reina. Por favor, amigos, ¿alguien tiene un Reliverán?