El 26 de octubre del 2016, efectivos de la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico desarticularon a una red narco que operaba en distintos puntos del Gran Mendoza con la venta, principalmente, de cocaína.

Los policías desplegaron una decena de allanamientos en Guaymallén, Las Heras y Maipú y secuestraron más de tres kilos de cocaína y 600 mil pesos en efectivo, además de vehículos y teléfonos celulares.

Cinco sospechosos quedaron tras las rejas, entre ellos, cuatro mujeres. Todos fueron a juicio y recibieron penas de entre 4 y 6 años y medio de encierro.

Faltaba detener a uno de los socios en el comercio y la distribución del polvo blanco que era traído desde el norte del país, pero, el 30 de mayo del año pasado terminó la búsqueda.

Policías de Mendoza capturaron a Alfredo Armando Villca y lo pusieron a disposición de la Justicia federal. Era el hombre que restaba atrapar para cerrar el círculo de la red narco que generaba ganancias de miles de pesos.

Hace pocos días, Villca, nacido en Mendoza el 9 de diciembre de 1971, fue a juicio abreviado y reconoció los hechos que le imputaban.

Así, luego de un pacto de pena entre la fiscalía y la defensa, el juez Roberto Julio Naciff lo condenó a cinco años de cárcel por tenencia de drogas con fines de comercialización.

De acuerdo con la investigación de los policías que trabajan en casos de narcocriminalidad, Villca mantenía contando directo –telefónico y personal– con una de las cabecillas de la organización, Mabel Beatriz Colque.

Esta mujer de 43 años, se desprendió de la pesquisa, comercializaba y estiraba la droga con su pareja, el boliviano José Antonio Vega (53), y su hija, Edith Yolanda Colque (29).

Esta última no era una persona desconocida para los detectives: se trataba de la joven que era pareja del hijo del reconocido delincuente Marcelo “Casca” Tello, preso en Santiago del Estero por matar a un narcotraficante.

El hijo, el Turi, murió en agosto del 2011 y se sospechó que la joven Colque le quitó la vida; sin embargo, la causa terminó archivada porque se comprobó que se trataba de un suicidio.

Además, la banda narco contaba con otros dos integrantes: Carmen Patricia Cruz (de 39 años y hermana de Mabel) y Anabel Olmedo (de 21 años e hija de Villca).

Todos tenían un rol determinado: algunos acopiaban la droga y otros la vendían. También estaban los que la estiraban y negociaban para traerla.

Lo cierto es que la pesquisa contra todo el grupo –la mayoría de los que lo integraban eran familiares– nació a fines del 2015 cuando, a través de escuchas telefónicas, detectaron que traían el polvo blanco desde Bolivia y pagaban entre 90 mil y 100 mil pesos el kilo.

En Mendoza realizaban los trabajos de estiramiento, distribución y posible traslado a Chile para generar mayores ganancias.

De esta forma, fue como los policías de Lucha contra el Narcotráfico supieron que Mabel Colque, conocida como Chuchi, operaba en su casa de Guaymallén. Y que su pareja, José Vega, y su hija Edith también eran parte de la actividad delictiva.

Para los sabuesos, la Chuchi era una de las jefas de la banda porque tenía contactos con sus hermanos y les proveía la mercadería. A su vez, “trabaja con un socio llamado Armando Villca”, se desprende la instrucción.

Precisamente, en la casa de Chuchi Colque, detallaron fuentes de la causa, dieron con más de 3 kilos de cocaína, dinero en efectivo y vehículos durante los procedimientos del 26 de octubre del 2016.

Los investigadores contaron que esta mujer, Vega y su hija eran los que tenían contacto directo con los proveedores y recibían a las mulas que transportaban la droga.

Con la cocaína en su poder, Chuchi se comunicaba, vía mensaje de texto o llamadas, con Villca para ofrecérsela para distribución y estiramiento. Los policías consultados por El Sol sostuvieron que se trataba de una banda que trabajaba en soledad y que generaba ganancias importantes.

Lo destacado es que ninguno tenía empleo estable y no podían justificar sus bienes. “Villca, por ejemplo, tenía un cliente en Palmira (San Martín) y le vendía los 10 gramos a 13 mil pesos. Y, con relación a la marihuana, eran 4.500 o 6.000 mil pesos”, contaron los testigos en el juicio.

Lo cierto es que Mabel Chuchi Colque y su pareja recibieron seis años y medio de cárcel. La mujer está con prisión domiciliaria y el hombre, alojado en San Rafael.

Por otra parte, su hija Edith fue condenada a 6 años y tres meses de cárcel y quedó presa en la cárcel de San Juan. Cruz, hermana de la cabecilla, fue sentenciada a 7 años porque tenía otra causa por comercio de estupefacientes y quedó con detención en su casa.

Por último, la hija de Villca, Anabel Olmedo, fue condenada a cuatro años de encierro.