Buenos días, a pesar de todo. Fueron muchos los mendocinos que se pusieron a las órdenes de Pepe Pancho y le agregaron esfuerzo, sacrificios, inteligencia y valor a sus acciones. Me detengo en Álvarez Condarco, ingeniero él, quien fue enviado por San Martín a Chile, sabiendo que, por sus simpatías criollas, el gobernador de Chile, Marco Du Pont, lo iba a mandar inmediatamente de vuelta. Pues la picardía del general hizo que Álvarez Condarco cruzara la cordillera por el camino más largo, el de los Patos en San Juan, convencido de que lo iban a devolver inmediatamente y por el paso más corto, el de Uspallata-Villavicencio. Así fue, pero, Condarco tenía otra misión aparte de molestar a los realistas: debía hacer un mapa del terreno que iban a cruzar las tropas libertadoras sin anotar nada, grabando en su memoria los accidentes. No podía dibujar ni escribir porque se hubieran enterado de su propósito. Pues así hizo, fue y vino, memorizó la topografía y dibujó, ya de vuelta, los caminos por donde se iba a producir la hazaña. Genial. Quiero acordarme del Tropero Sosa. San Martín necesitaba víveres y armas, que estaban esperando en Buenos Aires, de forma urgente. Reunió a los troperos que habitualmente hacían el viaje a la capital y les dijo que tenían que ir y volver en la mitad del tiempo que normalmente se demoraban. Los troperos dijeron que ese tiempo era imposible de cumplir, salvo el Tropero Sosa. Él hizo el viaje en cuarenta y un días, y el general pudo tener a tiempo las vituallas que necesitaba. Puedo quedarme en la memoria del Molinero Tejeda, primer mártir de la aviación nacional porque se hizo repelotita con unas alas inventadas que pretendió usar. Pues, Tejeda produjo un sistema para lograr la batanización de los uniformes. ¿Qué quiere decir esto? Pues achicar la trama de las telas para que no haya intersticios entre los hilos y entonces el agua y la nieve no pasan, algo así como impermeabilizar los uniformes. Lo hizo el molinero en su molino y permitió el abrigo de las tropas. Pero uno de los que más me asombra es Pedro Vargas. Pedro, en connivencia con San Martín, se hizo pasar por español recalcitrante, fue odiado por los criollos mendocinos, su familia fue denostada por simpatizar con los españoles y hasta sufrió prisión por sus simpatías. Cuando iba a Chile, los españoles le contaban sus proyectos creyéndolo de los suyos, pero Pedro Vargas era un espía de San Martín, aceptó el escarnio de su propio pueblo para recoger información del otro lado. Maravilloso. Me quedan algunos, pero valgan los nombrados para abarcarlos a todos. Mendocinos de coraje monumental que hicieron posible una de las hazañas militares más grandes de la humanidad. Gracias, cumpas, por el ejemplo, y gracias por el cachito de Patria chica que pusieron en la Patria grande.