Buenos días, a pesar de todo. Parece una contradicción, porque cuando uno dice: “Esa cosa es muy salada”, está significando que es cara, muy cara. Sin embargo, La Salada, como feria, se caracteriza por tener cosas baratas, muy baratas. La feria, llamada también el Shopping de los Pobres, se ubica en Lomas de Zamora, en Buenos Aires, en un lugar donde, en el gobierno de Perón, se habilitaron unos megabalnearios fantásticos. Por supuesto, allí no fue –ni va– la gente cheta. La gente cheta tiene su propia pileta, perdón, piscina, algunas llenas de agua mineral para no usar el agua común con gusto a cloro con que se baña el populacho. Se inició como un intento de la comunidad boliviana de sobrevivir vendiendo alguito y, en la actualidad, es como una gran ciudad donde uno puede comprar desde un sobretodo de piel de camello austríaco, hasta un par de zapatillas con GPS; desde una camisa Pierre Kardín, Kardín con K, hasta un par de alpargatas rosas con plataforma, del estilo de Zoilo Más Suave, único gaucho travesti que se conoce en la literatura argentina. A veces son productos de segunda marca o prendas de segunda selección, que salieron de fábrica con algún defectito, por ejemplo, un calzoncillo sin ojal en la solapa o una musculosa con mangas. También abundan las confecciones truchas, porque uno no puede creer que una remera con la estrella de David en el pecho diga en la etiqueta Made in Irán. Famosa, La Salada, más famosa que el Once, que es una feria de diez… más uno. Pues bien, La Salada quiere instalarse en Mendoza. ¡Para qué! Los comerciantes mendocinos están acongojados, es decir, con los congojos en el cuello, y el intendente de Guaymallén comenzó a perder el pelo con el disgusto y chapó el saxofón para desafinar una canción de protesta. Así está la cosa. El CEO de la Salada, porque, aunque sea una contradicción, La Salada tiene CEO, quiero decir, Jorge Castillo, dice que la va a instalar sea como sea, y a los damnificados locales, muchos agrupados en la Federación Económica de Mendoza, la Salada les da por el huesito dulce. Entonces, presionan a los funcionarios para que la instalación, al menos, se posponga. Che, hablando de presión, ojo que las cosas saladas suben la presión, ¿eh? Dicen nuestros comerciantes que a los precios viles que ofrece La Salada sólo se llega con trabajo esclavo. ¡Bien dicho, che! Porque es sabido que nuestros comerciantes tienen a todos sus empleados en blanco. Bue… Ahora, a mí me dijo un pajarito que suele comprar alpiste barato, que muchos comerciantes de Mendoza, de esos que se oponen a la instalación de La Salada Mendoza, inclusive de negocios paquetes, se proveen de productos de La Salada de Buenos Aires. No lo creo, che, son las lenguas vespertinas que inventan chismes nocivos. Mirá si los comerciantes mendocinos van a pretender abusarse de sus clientes, por favor. Ahora, digo yo, ¿y si los comerciantes mendocinos montan una salada regional antes de que la monten los pajueranos? Eso sí, chicos, van a tener que acostumbrarse a tener menos ganancias. No sé si están preparados, porque deberán admitir que mucha de la mercadería que compramos en vuestros negocios sale bastante salada.