Buenos días, a pesar de todo. Uno se siente medianamente insatisfecho cuando analiza los resultados de los Juegos Olímpicos y comprueba que países con menos posibilidades que el nuestro logran más medallas, más trascendencia, más consideración. Esto no ocurre porque nuestros atletas no tengan suerte. Primero, no tenemos atletas, salvo en las competencias de campo con federaciones que mantienen el juego. En el atletismo puro, por ejemplo, los practicantes son, apenas, un puñado de entusiastas muchachas y muchachos que no cuentan con los elementos adecuados ni los lugares propicios para sus ilusiones ni el incentivo que dan las competencias. No tienen ni para empezar a competir. En remo zafamos, porque es sabido que los argentinos estamos acostumbrados a remar en el dulce de leche. Segundo: durante muchos años no hemos tenido política deportiva, o sea, no hemos logrado que la política se interese por el deporte, cosa curiosa si tenemos en cuenta que el deporte es una de las actividades preferidas por el pueblo para no entregar todo su tiempo al trabajo, a las deudas y a la televisión. Y acá quiero hacer una aclaración, los medios enemigos del Gobierno (por que ya no se les puede decir opositores) y algunos internautas, posiblemente pagos por los medios enemigos del Gobierno, se encargaron de difundir que los deportistas argentinos en Londres sufrieron por falta de apoyo, que algunos tuvieron que pagarse el pasaje de su propio bolsillo y otros no tuvieron los elementos necesarios para sus tareas. Mentiras. Los deportistas argentinos estuvieron bien atendidos y eso no lo digo yo, lo dicen ellos cuando alguien, aun los medios enemigos, los consultan. No porque me desagraden algunas actitudes de Cristina me voy a entregar a Clarín, por favor. Lo dije cuando fueron los JJOO: necesitamos una política deportiva que se inserte en los ámbitos de la educación y en todos los niveles, que les dé importancia a los deportes no tradicionales, que se preocupe por los clubes –pero no sólo los clubes con espacio en los diarios–, los clubes de pueblo, los de barrio, porque, aparte de hacerle bien al deporte le va a hacer bien a la seguridad, a la cultura, a la integración, a la inclusión. Pues, nuestro gobernador anunció la creación –edificación si quieren– de una villa olímpica. Tal vez, el nombre sea demasiado presuntuoso, pero va a tener estadio cerrado para 12 mil espectadores, canchas de voley, básquet, futsal, handboll, tenis y, además, un renovado velocímetro y una pista para las distintas disciplinas atléticas y cancha para hockey sobre césped y alojamientos y bares y restaurantes. Algunos, preocupados por el Parque, buena preocupación señores, han expresado sus discrepancias sobre el lugar elegido. Puede que tengan razón. Pero donde sea el lugar, el complejo tendría que contar con el apoyo de todos los mendocinos. Porque será único en el país y, tal vez, un ejemplo tangible para que la cosa cambie, sea imitada en otras provincias y, cuando terminen los Juegos Olímpicos de Brasil 2016, al revisar los resultados, nuestra mueca pase a ser una sonrisa. Porque si nos ayudamos podemos, podemos en todo los campos, en el deporte también