Buenos días, a pesar de todo. El problema se desató cuando la reina vendimial de Lavalle se presentó en el Municipio y dijo: “Estoy embarazada y les aseguro que no es sólo mi culpa, por lo tanto, vengo a renunciar como reina de la Vendimia”. El intendente de Lavalle dijo: “Faltaba más, m’hijita, usted va a seguir siendo reina embarazada y todo, y si es de mellizos, mejor”. Pero, como dije, la situación ventiló la discriminación. “Hay que revisar el reglamento”, dijeron algunos legisladores con sensibilidad vendimial. El artículo 2 del reglamento dice que las mujeres no deben tener hijos para inscribirse como candidatas. ¿Por qué no, a ver? ¿Una mujer deja de ser bella por tener hijos? Yo he visto hermosas mujeres del campo que bien podrían ser reinas, cosechando con los culillos al lado, jodiendo o ayudando. Para colmo, el artículo dice, para el caso de renuncia, remoción, matrimonio, embarazo o cualquier otra circunstancia que implique impedimento para el ejercicio del cargo de reina nacional de la Vendimia, que automáticamente será designada en su remplazo la virreina nacional. ¿Por qué, ah? ¿El embarazo es un impedimento? ¿Es que las reinas no pueden llevar su hijito a casete? ¿Ah? ¿Por qué no les exigen a las reinas voto de castidad por un año, ah? María Luisa de Parma, reina consorte de España y esposa de Carlos IV, allá por 1760, tuvo catorce hijos. ¿Alguien le pidió la corona por eso? La muy inglesa Ana Primera de Estuardo, reina de Inglaterra, Escocia e Irlanda, allá por los 1700, tuvo 19 hijos. Si se hubiera aplicado el reglamento de nuestras reinas, no se le hubiera permitido ni ver la fiesta desde los cerros. Isabel Bowes Lyon, esposa del rey Jorge VI, era llamada Reina Madre. En Mendoza no hubiera podido serlo. Creo que hay que cambiar varias cosas en torno a nuestro reinado vendimial. Por ejemplo, los votos: los locutores cantan alborozados “un voto por todas las reinas”. ¿Alborozados? Es una violación fragante a la democracia. Yo tengo entendido que la democracia se basa en la igualdad de valores de las personas. Todos valemos uno. Un elector vale un voto. Diez vacas cuarenta patas, no puede haber error. Pero resulta que cuando cantan un voto para todas las reinas le anotan un voto a cada una. O sea, el que votó por la reina de Maipú su voto vale un; si votó por todas las reinas, el voto vale diecisiete. Loco, hay que arreglar también esto. Y, además, preocuparse porque las reinas desfilen en carros bellos y no en esos engendros de mal gusto a los que no tienen más remedio que subirse. Y, además, que deban usar esas capas más pesadas que elefante bulímico y, para colmo, en verano. Y, además, que puedan usar minifaldas, ¿o las piernas no son también propiedad de una reina? Así que me parece bueno que se esté revisando el reglamento y se les respete los derechos que las chicas tienen por ser mujeres no por ser reinas. En fin: es una situación embarazosa en donde reina la confusión. “A engendrar, la reina también puede engendrar, es mejor que la reina sea madre y no varón…”. Ayer me encontré con la reina del Ajedrez con una panza de seis meses, me dijo: “No pude evitarlo, me dio jaque el alfil”. Y eso que Jaque está esperando que lo silben en Colombia.