Buenos días, a pesar de todo. La humanidad ha tenido y sigue teniendo grandes enigmas, lugares, objetos, construcciones, sitios, personas y personajes, pueblos y poblaciones que guardan secretos todavía no explicados. Y venimos con un atolladero de preguntas desde siglos atrás. Cito algunos: los grandes dibujos de Nazca, en el Perú, enormes figuras de animales realizadas en un desierto y que aún no se sabe para qué les servían a los que las dibujaron. Las ruinas de Stonehengue en Inglaterra, no se sabe si eran un templo, un sitio de reunión o un punto de observación astronómica. El Triángulo de las Bermudas, que está al lado del triángulo de los short, sigue siendo misterio. Se ha devorado a muchos barcos y a muchos aviones y no hay explicación del caso. ¿Existe el Yeti en el Himalaya? Más allá de la leyenda, algunos dicen haberlo visto, algunos muestran fotografías borrosas, pero el misterio sigue. Claro que los humanos tienen otros enigmas más comunes, por ejemplo, por qué el tiempo corre y vuela, pero no nada; por qué al abrir una caja de remedios siempre lo hacemos por el lado del prospecto, por qué al registro de los aviones le dicen caja negra si es naranja, por qué Tarzán estaba siempre afeitado, por qué en la serie Los Picapiedras celebraban la Navidad si ellos vivían en una época muy anterior a Cristo, hasta dónde se lava la cara un pelado, por qué para terminar la tarea con la computadora tenés que ir al inicio, por qué el campeonato de fútbol de la AFA que se juega a final de año se llama Torneo Apertura. Es más, hasta tenemos enigmas locales, bien mendocinos, por ejemplo, qué pasó con el piano que dicen que se afanó Cafiero, donde están las cien mil casas que prometió Bordón, cuándo van a mostrar el mapa del delito, qué tipo de champú usa el Futre. Así es, los enigmas siempre nos han acompañado y yo encuentro que está bien, la humanidad debe tener estos espacios no resueltos para que la vida tenga un cachito más de interés y para que sepamos que no a todas las preguntas las podemos contestar: somos imperfectos. Pues uno de los grandes enigmas que siempre nos han preocupado ha sido la existencia de la Atlántida, que sí, que no, que es una leyenda, que fue realidad, que la hundió un maremoto, que la sepultó un sismo, que está en el Mediterráneo, que está en las Canarias, que está en el medio del Atlántico. Gran duda, una duda que, desde Platón, nos ha acompañado por siglos. Pues bien, escuchen: un grupo de científicos canadienses ha descubierto una ciudad sumergida cerca de Cuba, a setecientos metros de profundidad. Detectaron una serie de ruinas comunistas constituidas por templos, pirámides, esfinges y monolitos que podrían ser nada más y nada menos que la Atlántica. ¡Sonamos!, otro mito que se nos cae. Me acuerdo de aquel padre que le dijo a su hijo: “Nene, tenemos que hablar de algo muy serio”. El pibe contestó: “Tengo miedo, pa, a los seis años me desmentiste al ratón Pérez, a los siete a Papá Noel, a los ocho a los Reyes Magos, si me llegás a decir ahora que el sexo no existe, me muero”. Otro mito que se nos cae, se nos cayó Gardel, que parece ser uruguayo, se nos cayó Armstrong, el ciclista más grande de la historia que ganó sus títulos drogándose, al final Walt Disney no está congelado y ahora descubren la Atlántida. Dejen vivir, che, no nos toquen los mitos. Lo único que falta es que vuelva a funcionar el Hotel de Villavicencio. Lo único que falta.