Buenos días, a pesar de todo. La euforia que se vivía en la Casa Rosada era indescriptible. ¡Recuperamos la fragata! ¡Recuperamos la fragata! Olé, olé, olé, cada día te quiero más. Soy de Cristina, es un sentimiento, no puedo parar. ¡Sin poner ninguna plata nos devuelven la fragata! Moreno estaba tan contento que decidió bajar los índices de la inflación, Boudou trajo su banda de rock y se puso a tocar La balsa, de Lito Nebbia. Alak gritaba: “Se acabaron los problemas de seguridad”. Sabbatella propuso: “Mandemos la Ley de Comunicación Audiovisual al Tribunal del Mar, que ese juega para nosotros”. Cristina estaba emocionada, le agradeció a Él por la ayuda, lo llamó a Fito Páez para organizar un festival a toda vela y propuso que el próximo puerto donde atraque la fragata sea El Calafate. El Tribunal del Mar es una corte de jueces que decide sobre cuestiones marítimas, por ejemplo, la distribución del bacalao en Semana Santa, cuántas anchoas debe llevar cada pizza, la obligación de los submarinos de usar guardabarros, la existencia de enchufes en todas las playas para los bañistas que deseen hacer la plancha, la pena que le cabe al capitán de un crucero que está señoritando en su camarote mientras el crucero choca y la trayectoria de los témpanos judíos, o sea, los iceberg. También tomó cartas en el asunto de la fragata argentina, que fue asediada por pájaros, que aunque una nave marina esté acostumbrada a soportar las deposiciones de las gaviotas, no está adecuada para aguantar las cagadas de los buitres. A los argentinos nos embargan muchas cosas: nos embarga la emoción, nos embarga la alegría y también nos embargan las fragatas. Inclusive, los fondos buitres decían que con la fragata no alcanzaba, que también querían el rompehielos Irizar, el portaviones 25 de Mayo y la Nave Cultural de la Muni de Mendoza. Para que nos entendamos: los fondos buitres son como los prestamistas locales. Seguramente, ustedes conocen algunos. Son la carroña, la peor especie, los que sacan provecho de los males ajenos, prestan plata, pero no para ayudar, sino para ganar cien veces lo que prestaron. Pues los buitres actúan igual con los países. La postura de nuestro país fue firme: no vamos a retroceder ni un tranco de pulga. No le vamos a pagar a la mafia de las finanzas. Dije yo, en un monólogo pasado, y lo sigo sosteniendo, que hay que honrar las deudas, que si los fondos buitres son una cosa maligna no deberíamos haberles pedido plata. Así de simple. Ahora debo reconocer que el Gobierno apostó fuerte y ganó, ganamos todos, gracias al Tribunal del Mar. Nosotros, en Canal 9 Televida, teníamos el tribunal del Mur. Pero se fue a otro canal.